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El gobierno de México está desesperado por recaudación. Las propuestas que trascienden están lejos de constituir una política fiscal diseñada para algo más que recaudar. A la 4T se le olvida que una buena política fiscal debe ser justa y causar el menor daño posible al crecimiento.

El Estado debe financiar sus obligaciones sin endeudarse permanentemente y pasarle nuestra cuenta a generaciones futuras. Pero también tiene la responsabilidad de usar bien lo que recauda. Cuando cobra impuestos a una empresa le quita recursos que ésta podría invertir, innovar o usar para generar riqueza y empleos. El objetivo no debe ser recaudar lo más posible, sino obtener el mayor beneficio social por cada peso cobrado. Eso implica concentrar recursos donde rinden más –educación, salud, seguridad, infraestructura– y no utilizarlos para premiar clientelas políticas.

Reaparece la propuesta de gravar riqueza y herencias. Suena “justo”. El problema es que los impuestos no sólo recaudan, también cambian conductas. México necesita ahorro, inversión y gente dispuesta a correr riesgo. Quién tiene más debe contribuir más, pero hay que evitar convertir los impuestos en castigo al éxito. La riqueza rara vez es dinero ocioso. Suele estar invertida –directa o indirectamente– en empresas, fábricas, inmuebles o proyectos que generan empleos. Quien emprende y tenga éxito pagará impuestos sobre utilidades, dividendos y ganancias al vender su inversión. Cobrar además anualmente por poseer patrimonio es excesivo, sobre todo si éste no genera flujo. Una viuda con casa propia e ingreso mínimo podría tener que venderla para cubrir el pago.

Muchos países ya hicieron el experimento. En 1990 doce miembros de la OCDE cobraban impuestos al patrimonio. Para 2017 quedaban cuatro. Recaudaban poco, eran difíciles de administrar, propiciaban evasión y salida de capital, y distorsionaban la inversión.

El impuesto a la herencia también es cuestionable. Dos personas acumulan el mismo patrimonio después de pagar impuestos. Una se lo gasta antes de morir en yates, viajes, carros y juergas; la otra vive con prudencia para dejar una empresa a sus hijos. A ésta queremos cobrarle. ¿Qué conducta queremos fomentar?

También se propone un impuesto a las ventas. No hay mejor manera de castigar a empresas que arrancan y necesitan escala para ser rentables. Dicen que es para combatir a “factureros”. ¿De verdad el fisco, brutalmente agresivo con causantes cautivos, no puede crucificar a quien compre una factura o a quien la venda? ¿A quién protegen?

Irrita la facilidad con la que el gobierno busca cobrar más y la poca imaginación para gastar mejor y cobrar lo que se le debe. México recauda poco. En 2024 los ingresos tributarios fueron 18.3% del PIB, la proporción más baja de la OCDE, contra un promedio de 34.1%. Viendo cómo ha gastado la 4T, hay que celebrarlo. Si López Obrador hubiera tenido más recursos, en vez de Dos Bocas hubiera hecho Cuatro.

Segalmex mostró lo fácil que es perder miles de millones sin consecuencia. El huachicol fiscal lleva el problema a otra dimensión. La procuradora fiscal estimó que los casos investigados podrían representar un daño de hasta 600 mil millones de pesos. ¿Cuántas becas o medicinas podrían haberse pagado? Para ingresar ese combustible al país, declarado como otra cosa para evadir impuestos, en gran escala y durante años, se requirió de una red de empresarios, agentes aduanales y funcionarios. Es difícil creer que semejante operación prosperara sin complicidad dentro del gobierno.

Antes de cobrar un peso adicional habría que saber quiénes participaron, recuperar lo posible y castigar severamente a los involucrados. De otra forma el mensaje es perverso. Al contribuyente que cumple se le exprime, mientras quien roba miles de millones puede disfrutar del botín si es amigo del régimen.

México necesita más capital, no menos. Antes de inventar impuestos para financiar a un gobierno que gasta mal, habría que exigirle algo más elemental: que gaste mejor, cobre lo que ya se le debe y castigue a quien se lo roba.

Sólo entonces tendrá autoridad moral para pedirnos un peso más.

@jorgesuarezv

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