Donald Trump decide atacar Irán para “evitar que adquiera capacidad nuclear”. El presidente afirma que ese país “jamás tendrá una bomba atómica”. En su cabeza pensaba que la guerra duraría unas 5 semanas. Las cosas se complicaron y ya van 202 días desde el primer ataque. El precio del petróleo sube y luego baja. Trump anuncia acuerdos de paz; el petróleo baja, pero no los concreta. La guerra sigue.
En Estados Unidos, los precios de la gasolina y el diésel comienzan a subir; estos aumentos elevan la inflación a más del 3,5% en general, pero los comestibles suben aún más. Las tasas de interés también suben en el mercado de los bonos del Tesoro y llegan al 5% anual en los que tienen un plazo de 10 años.
La Reserva Federal aumenta las tasas de interés para frenar la inflación; Trump vuelve a la carga y pide al nuevo gobernador, Kevin Warsh, que las reduzca al 1%; sin embargo, nadie le hace caso. La “Fed” anuncia la posibilidad de un nuevo aumento a finales de año. Las hipotecas suben y el mercado inmobiliario se enfría. La gente está enojada y, según las encuestas, es muy probable que el Partido Republicano pierda en las elecciones de noviembre. Trump necesita triunfos políticos porque sabe que sus adversarios han crecido. Irán aguanta y Canadá pone el pie en las negociaciones comerciales, a sabiendas de que puede resistir dos meses difíciles, incluso dos años más de Trump.
Cuba y México están al alcance de la mano del presidente estadounidense; Marco Rubio, su secretario de Estado, sabe que la liberación de Cuba significaría un gran avance para sus aspiraciones presidenciales en el 2028, además de ser un acto de justicia. Estados Unidos podría invadir Cuba o darle el último apretón al gobierno comunista para acordar un cambio de régimen con la liberación de presos políticos y el fin del castrismo en la isla.
Trump pide al gobierno mexicano que actúe contra los políticos involucrados en el narcotráfico. Reconoce que nuestra presidenta, Claudia Sheinbaum, ha hecho mucho por limpiar la casa, pero pide cabezas. La presidenta responde que Estados Unidos también tiene tareas pendientes para disminuir el consumo de drogas y el tráfico de armas. Al norte de la frontera también hay narcoterroristas internos.
La presidenta vuelve a la defensa de “la soberanía” nacional y convoca a defenderla como el valor más preciado de la Nación, pero sabe que debe entregar a los políticos que probadamente apoyaron a los cárteles. Estados Unidos detiene a un sicario de 21 años en la frontera, acusado de crímenes horrendos. Quiere mostrar la gravedad del poder del Cártel del Golfo, tierra donde se generó el mayor contrabando de diésel y gasolina, lugar donde Morena gobierna gracias al apoyo de Sergio Carmona, el difunto “rey” del huachicol.
Algo impactante sucederá en los próximos días. No lo decimos por intuición ni por la información constante en redes sociales de que algo viene. A quién debemos creerle es al subsecretario de Estado, Christopher Landau, quien advirtió que el show continuaría tras el retiro de la visa a Andy López Beltrán. Lo único que podemos especular es la naturaleza del espectáculo: ¿será una incursión física de drones o de soldados en el país? ¿Habrá más información pesada sobre políticos mexicanos vinculados a los cárteles del narco, como Rubén Rocha Moya?
A Trump se le descompone su escenario y hoy es el presidente con la menor popularidad en medio de unas elecciones. No se va a quedar quieto.