Esta semana salió en las noticias el dramático caso de una estudiante de 20 años a la que siete de sus compañeros de estudios alcoholizaron, drogaron y violaron en grupo hace dos años. Aunque parezca increíble, la Universidad solo expulsó a dos de los muchachos, les impidió seguir sus estudios durante dos semestres a otros dos y exoneró a los restantes. Entiendo que en estas situaciones siempre hay diferentes puntos de vista y muchas contradicciones, pero me pareció interesante el manejo que encontré en unas publicaciones de Instagram, en el sentido de: ¿estamos educando adecuadamente tanto a nuestras hijas como a nuestros hijos para poder enfrentar una situación así?
Porque creo que como padres deseamos y pensamos que nunca nuestros hijos van a participar en algo por el estilo, Dios quiera que así sea, ¿pero los estamos realmente preparando para enfrentar una situación tan drástica? Hubo dos reels en especial que me parecieron sumamente importantes e interesantes. Son de @happycami.official y @famikids, y nos plantean si estamos enseñándoles a dar la cara a la violencia que nos está tocando vivir. La violación duró más de cuatro horas, y en ese lapso hubo hasta un mensaje en un chat grupal con 57 miembros en el que se “ofrecía” a la muchacha. La necesaria pregunta es: ¿qué hicieron o dejaron de hacer los que lo recibieron? ¿Desde qué edades y cómo los enseñamos a cuidarse y a cuidar a los demás?
Pues como todos sabemos, la educación sexual debe empezar en casa, y no como la “Gran Plática”, sino con las situaciones de la vida diaria, sencillas y cotidianas que podemos y debemos ir tomando de ejemplos: los perritos, las flores y las abejas, los animales de las granjas que visitamos o la tía embarazada. Pero es desde ahí; de hecho, la American Academy of Pediatrics (AAP) sugiere que desde los primeros años les hablemos de autonomía corporal y de límites.
1. Empieza desde que tu hijo quiere seguir haciéndole cosquillas a alguien que dijo: “Ya no”. Entonces tú, en lugar de decir: “Solo está jugando”, dices: “Ya dijo que no, así que debes parar”. Porque hay que aprender a respetar el “no” hasta en las cosas más pequeñas.
2. Continúa dando el ejemplo de los abrazos: si quiere hacerlo, debe preguntar primero, y si la otra persona dice que no, debe abstenerse sin insistir ni rogar ni hacer sentir mal al otro. En la AAP recomiendan a los niños pedir y recibir un “sí” antes de tocar a otra persona.
3. Cuando el niño quiere algo y aprende que “querer algo muchísimo” no significa tener derecho a obtenerlo, ya sea un juguete, un abrazo, un turno o la atención. Tolerar el “no” requiere regulación emocional, y así estamos enseñando tolerancia a la frustración.
4. La enorme importancia que tiene el prestarle atención a la otra persona: ¿se alejó?, ¿se quedó paralizada?, ¿ya no parece estar disfrutando?, ¿cambió de opinión? No educar niños solamente capaces de decir: “Yo no escuché un no”; educamos niños capaces de preguntarse: “¿La otra persona realmente quiere esto?”.
5. Y esto empieza con algo que en Inteligencia Emocional se llama EMPATÍA. No basta con saber: “Yo quiero esto”. También nuestros hijos y nietos tienen que saber pensar: “¿Cómo se siente la otra persona?, ¿qué necesita?, ¿estoy respetando su límite aunque sea diferente del mío?”.
6. Y ahora lo más difícil: ¿qué haces cuando no eres tú quien cruza el límite… pero ves a otro hacerlo? Porque nuestros hijos no siempre van a estar con nosotros, sino que llegarán con los amigos a la escuela, a la universidad, a equipos o a fiestas; y pueden encontrarse frente a una situación que saben que está mal. ¿Qué deben hacer en una situación así? ¿Denunciar? ¿Llamar a alguien con autoridad? ¿Tratar de hablar con los amigos? ¿Simplemente decir: “Esto está mal”? ¿Decir clara y fuertemente “No”? Aunque tenga miedo, aunque se rían, aunque sea su amigo, aunque sea más fácil mirar a otro lado… ser testigo también implica una responsabilidad y el silencio no es la opción.
Como comenté antes, no podemos iniciar la “Gran conversación sobre Sexo” cuando son adolescentes o jóvenes; tiene que hacerse desde que son pequeños, con cientos de pequeñas conversaciones, cientos de pequeños límites respetados, cientos de pequeñas frustraciones, cientos de ocasiones para sentir empatía, cientos de veces en las que aprenden que el cuerpo de la otra persona no les pertenece. Y esto también es Inteligencia Emocional: reconocer lo que siento, regular lo que hago con eso que siento, entender lo que la otra persona puede estar sintiendo, respetar sus límites, tomar decisiones responsables aun cuando mis amigos estén haciendo otra cosa. Termina diciendo Happy Cami: “Educar emocionalmente nunca fue solamente enseñar a un niño a calmarse”. Nadie puede saber cómo será su hijo o nieto a los 20 años, ¿pero sí podemos preguntarnos qué estoy practicando con ellos hoy para que a los 4, 7, 10, 15 o 18 años siga siendo parte de ellos aunque ya no estemos ahí para recordárselo?