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Los matemáticos de todo el mundo están de pésame, no porque hayan fallado en resolver las mayores incógnitas de su materia, sino porque un modelo de IA de OpenAI las resolvió. En un despliegue de conocimientos casi ostentoso, la empresa pionera en IA soltó unas 372 familias de resultados a problemas que llevaban décadas o siglos sin resolverse. 

La pesadumbre vino porque muchos matemáticos pasan toda una vida llenando pizarrones con extraños símbolos que representan cosas que el común de los mortales no comprende. Todo el esfuerzo por desvelar las incógnitas de sus ecuaciones quedó en el pasado. 

OpenAI utilizó un modelo de lenguaje grande con cientos de “agentes” que trabajaron durante días o semanas para resolver las incógnitas. En pocos días, los matemáticos habían perdido el entusiasmo; sólo les quedaba dar seguimiento al método desconocido que los robots habían seguido para desentrañar la ciencia pura. 

Ethan Mollick es un maestro de IA en la Universidad de Pensilvania, en el Departamento de Negocios de Wharton. Hace poco más de dos años publicó un libro titulado Co-Inteligencia. Una guía al mundo que se avecinaba con la IA. En su universidad hay un laboratorio para investigar la llegada de la IAG, o Inteligencia Artificial General, esa que superará a los humanos en cualquier tarea intelectual. Su libro fue un bestseller por la forma didáctica (es profesor) con la que explicaba cómo podemos sacar ventaja de la nueva tecnología. 

Ayer publicó un segundo libro, que ahora se llama Co-Existencia. Apenas han pasado 30 meses cuando comprendió que ahora no tenemos que compartir la inteligencia con las máquinas, sino coexistir con ellas. Antes de salir al público, el libro se coloca entre los más vendidos en Amazon. El autor ilustra cómo se valió de la IA para escribirlo sin perder su personalidad, su estilo y, al fin y al cabo, su humanidad. Sin embargo, la obra fue posible gracias a la investigación inmediata que tuvo a la mano con la IA. 

Apenas comienzo a leer el libro, surge la gran angustia: esto va que vuela. Este invento crece como un monstruo salido de la laguna o, mejor dicho, de forma exponencial. Mollick, al igual que Ray Kurzweil, el visionario de la IA, insiste en que la población no se ha dado cuenta de lo que significa lo exponencial. Según Kurzweil, la capacidad de la IA se duplica cada 16  o 18 meses, siguiendo la ley de Moore. A mediados de 2028 tendremos una IA con el doble de potencia y rapidez que la actual. Para el 2029 habremos aterrizado en un mundo distinto al que vivimos porque tendremos miles o millones de “entidades o agentes” más inteligentes que nosotros con quienes tendremos que coexistir. . 

Si pensábamos que la pandemia de Covid-19 había sido la noticia más importante de nuestra generación, estábamos equivocados. La IAG tendrá un impacto enorme y aún desconocido en nuestras vidas. El trabajo no se terminará, pero será distinto al que hacemos hoy. Ken Griffin, uno de los inversionistas visionarios de Wall Street, comentaba ayer a una reportera de Bloomberg, desde Florida, las implicaciones que tendría para la vida laboral este ritmo de crecimiento. Primero, con las amenazas del desplazamiento y luego, con las oportunidades que se avecinan para los jóvenes que inicien nuevas empresas en torno a este vértigo llamado IA. (Continuará)

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