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La respuesta que dio el diputado Jorge Espadas cuando se le preguntó sobre el uso electoral que se le está dando al programa Tocando Corazones, es interesante y revela mucho de su forma de ser y de su respeto por la ley.

Jorge Espadas dijo: “yo creo que cuando la gente necesita un apoyo alimentario, independientemente de donde venga es bueno que le llegue”, y cómo no va a pensar así, si desde hace siete años este político se ha dedicado a repartir tinacos, calentadores, despensas, láminas para techos, cobijas, juguetes, etc.

No se trata de cuestionar la legitimidad que tiene el diputado Espadas para aspirar a gobernar León, sino de saber si estas aspiraciones han violado alguna ley o incluso si se han ignorado principios éticos o morales que pudieran descubrir la verdadera personalidad del aspirante y los intereses que lo mueven.

El artículo 134 de nuestra constitución federal regula, entre otras cosas, el uso de los recursos públicos y obliga a la imparcialidad de los servidores públicos para promoverse personalmente. Esto significa que un diputado local no puede utilizar recursos públicos para favorecer sus aspiraciones electorales. En octubre de 2025, Jorge Espadas aseguró que no utiliza recursos públicos para comprar los tinacos y calentadores, sino que más bien trabaja con asociaciones privadas que le ayudan; habrá que ver si estas asociaciones no reciben recursos de Tocando Corazones o de algún otro programa público.

Jorge Espadas ha desarrollado una estrategia de distribución y promoción personal a través de lo que él ha denominado “Casas Amigas”, que han sido decenas de propiedades en las que en su mayoría se cuelga una manta que incluye su fotografía, su nombre, su lema “Presente con la Gente”, sus teléfonos y datos de contacto.

¿Puede un diputado aprovechar su cargo público para construir durante siete años una estructura territorial de promoción personal mediante la entrega sistemática de beneficios materiales? Tal vez la respuesta la encontremos analizando los motivos que se tienen para desarrollar esa estrategia; no es lo mismo que un diputado gestione apoyos sociales, a que utilice la entrega de esos apoyos para construir una candidatura política.

Pero en todo esto me parece que lo más importante es analizar la diferencia entre la legalidad de una conducta y su legitimidad ética y política, pues si el escuchar a las personas y regalar beneficios materiales tiene meramente un propósito de ayudar al ciudadano, ¿por qué entonces es necesario que esos beneficios se identifiquen con el político que se los dio? 

Evidentemente el ayudar a una persona genera en ella un sentimiento de gratitud o compromiso hacia quien pretende obtener su voto, por lo que las actividades asistenciales que ha desarrollado Jorge Espadas le han servido para incrementar su reconocimiento y construir relaciones con potenciales electores, lo que se convierte en un problema ético más profundo: el clientelismo político.

En un dilema moral, Jorge Espadas logra confundir a la solidaridad como medio para resolver una necesidad sin esperar una contraprestación, con el clientelismo político, que convierte el acceso a beneficios en una relación de dependencia, gratitud u obligación hacia un actor político.

Un diputado tiene como principales responsabilidades las de legislar, fiscalizar y representar a la población. La gestión social solo ilumina la cara del político, pero oculta aspectos personales que definen sus principios, valores y convicciones.

La verdadera vocación de servicio público consiste en resolver las necesidades de los ciudadanos, no en conseguir que los ciudadanos se sientan agradecidos con el político. Jorge Espadas podrá estar respetando la letra de la ley, pero está burlando su espíritu, y no sería la única vez que lo ha hecho, también lo hizo con las portadas de revistas en anuncios espectaculares.

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