Claudio X. O el derecho a la participación

La vista desde las oficinas no puede ser mejor. Justo al frente del Bosque de Chapultepec, en el edificio Omega se encuentra Mexicanos Unidos Contra la Corrupción y la Impunidad.

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Por: Enrique Gómez Orozco

La vista desde las oficinas no puede ser mejor. Justo al frente del Bosque de Chapultepec, en el edificio Omega se encuentra Mexicanos Unidos Contra la Corrupción y la Impunidad. En una oficina discreta atiende Claudio X. González, heredero del empresario que lleva su mismo nombre y es importante accionista de Kimberly Clark.

Son dos docenas o más de pequeños cubículos donde trabajan periodistas y abogados, especialistas en derecho a la información. Su propósito es claro: combatir la corrupción y la impunidad en el país. Sus armas son las leyes de libre acceso a la información pública y las técnicas de investigación periodística en base a datos. Cuando conocí el lugar ahí trabajaban Salvador Camarena y Raúl Olmos, expertos en el tema.

¿Por qué un joven de familia acaudalada quiere luchar contra la corrupción con un puñado de soñadores? Cuando le hice la pregunta dijo que era su vocación participar en fundaciones. MCCI es una organización ciudadana involucrada en la política. A diferencia de otras instituciones que apoyan la lucha contra el cáncer o la orfandad, la fundación de Claudio tiene un fin político de la más alta envergadura.

Sus investigaciones, como las de otras organizaciones periodísticas, encuentran inconsistencias en el gasto público, contratos amañados y desviación de recursos a partir de datos. Eso incomoda a quien gobierna, no importa del partido al que pertenezca. Al presidente López Obrador le causa sorpresa e indignación que un grupo de empresas entreguen fondos a MCCI. Desde el principio de su administración dedica tiempo a criticar al empresario, algo que no se veía desde el sexenio de Luis Echeverría.

Desde la 4T atacan la labor indagatoria de MCCI, cuando en esencia no es un proyecto ideológico de derechas o una iniciativa para apoyar a algún partido. Los fines que persigue son los mismos que llevaron al Presidente al poder: la lucha contra la impunidad. Una tarea que parece infinita y casi imposible en México.

Las agresiones desde Palacio Nacional a Claudio X. tienen el resabio del pasado, como todo lo que orienta las decisiones políticas de Palacio. Claudio X. González, el padre, tuvo y tiene relaciones con Carlos Salinas de Gortari y todos los presidentes que lo sucedieron, pero eso no lo convierte en un empresario corrupto o apátrida. Quienes lo conocen saben de su verticalidad y amor por México. Además, el éxito de sus negocios provee a miles de familias mexicanas de un trabajo digno y estable.

Desde la mañanera, el Presidente cuestiona la validez de los donativos de empresarios destacados que recibe la fundación. Las leyes permiten la donación de empresas de un porcentaje de sus utilidades a causas nobles y las puedan deducir de impuestos. Si el Gobierno no está de acuerdo, puede solicitar un cambio en la ley a la Cámara de Diputados. Mientras tanto la labor de MCCI es inobjetable. La lucha por un México sin impunidad no es tarea exclusiva de la izquierda, ni de la derecha. Su esencia es la lucha por la civilidad y la equidad. Así como el sueño sería tener un sistema de salud pública como el de Dinamarca, también existe una aspiración legítima de tener el grado de honestidad de ese país escandinavo en la vida pública y empresarial. Claudio X. no cederá.

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