León, Guanajuato.- La festividad de los “inditos”, una tradición que nació hace 150 años por iniciativa del constructor del Santuario de Guadalupe, el padre Pablo de Anda Padilla, pone de manifiesto la fe y la devoción del pueblo mariano.
Protección Civil estima que más de 20 mil peregrinos se hicieron presentes, una vez más, como hace siglo y medio, en el Santuario, muchos de ellos vestidos de “inditos”, o “Juan dieguitos”, niños, niñas, y adultos.
Soportando el intenso frío, desde las 6 de la mañana que abrieron las puertas del santuario comenzaron a llegar cientos de familia.
Unos por devoción, otros por cumplir alguna manda, o bien por estar presentes en la celebración anual que se lleva a cabo el 12 de enero en León y que se ha replicado en otros municipios como San Francisco del Rincón, o en la vecina población de Arandas, Jalisco.
Sebastián Orozco Rocha, de 75 años, dice que aun con muletas pero mientras pueda ir a dar gracias a la Virgen de Guadalupe, seguirá haciéndolo año con año.
“He venido a dar gracias a la Virgen durante décadas. Agradezco que estoy caminando luego de una larga enfermedad. Sufrí un fuerte accidente hace algunos años y poco a poco recuperé la salud. Ahora me ayuda con muletas, pero mientras pueda caminar seguiré viviendo a dar gracias”, añade Sebastián, vecino de la colonia Plaza de Toros.
Ayudado de las muletas, con sombrero de palma, y con un zarape con la imagen de la Virgen de Guadalupe y Juan Diego, acude con gran fe y devoción al santuario.
Una verbena popular
El Día de los Inditos es una festividad profundamente arraigada en la ciudad de León, que cumple 150 años de historia. Su origen y significado han sido objeto de debate, destacando una dualidad entre la disposición administrativa eclesiástica y la construcción mítica popular que le ha dado sentido e identidad a lo largo de generaciones”, señala José de Jesús Fuentes, investigador de la Diócesis de León.
Hoy, la festividad fusiona elementos sagrados y profanos en una verbena popular con características propias: Indumentaria: Niños y niñas se visten como “Juan Dieguitos” y “Lupitas”, portando alimentos y ofrendas.
La festividad fue instituida oficialmente el 12 de enero de 1876 por el primer obispo de León, José María de Jesús Diez de Sollano y Dávalos, y el padre Pablo de Anda Padilla. Su creación respondió a un motivo práctico.
En aquel entonces la fiesta de la Virgen de Guadalupe era una de las principales en la Catedral Basílica. Para evitar esta competencia y fomentar la devoción en el santuario, se trasladó una celebración especial al 12 de enero”, añade el Chuy Fuentes.
Una festividad donde miles de peregrinos acuden al Santuario de Guadalupe y una vez hecha la visita, se toman la foto del recuerdo. Se montan escenarios con imágenes religiosas, animales de madera y fondos que evocan la aparición, donde las familias se toman fotografías.
La peregrinación termina con la degustación de antojitos típicos como enchiladas, gorditas y pambazos, además de la presencia de juegos mecánicos.
Así, la tradición conecta la fe católica con la cultura popular, y enlaza una necesidad administrativa histórica con una identidad familiar transmitida de generación en generación.
La vestimenta de los niños, conocidos como “Juan Dieguitos”, es el eje simbólico de la festividad. Representan la humildad y devoción guadalupana”, señala Chuy Fuentes.
Esta tradición y que se convierte en toda una fiesta y una pasarela de vestimentas indígenas, desde los sombreros de palma, calzón y camisa de manta, faja y paliacates rojos con puntos blancos; huaraches o caites, bigotes pintados en el rostro, los huacales de madera o carrizo y morrales de red con ofrendas (frutas, verduras, legumbres, chorizo).
LF






