San Francisco del Rincón, Gto.- Ingeniera de profesión y bombera por vocación, Karen Fabiola Gutiérrez Orenda, de 31 años, está por cumplir tres años dentro del Cuerpo de Bomberos de San Francisco del Rincón, institución que hoy considera su casa y donde ha encontrado un espacio para servir, ayudar y sentirse segura.

Fabiola, como la conocen dentro de la corporación, es Ingeniera en Mantenimiento Industrial y nunca se imaginó formando parte de un cuerpo de emergencia. Su camino profesional estaba enfocado al mantenimiento, la capacitación y la producción. 

Sin embargo, una amistad cambió su rumbo. Durante sus prácticas profesionales conoció a una ingeniera ambiental que ingresó como paramédico y posteriormente como bombera.

Yo la veía y la admiraba demasiado y no entendía por qué tanto amor a la institución”, recordó. Todo cobró sentido el día que visitó la estación y presenció una salida de emergencia. “La vi cómo se equipaba, cómo salía en el camión de bomberos y algo se prendió dentro de mí”.

Seis meses después, en 2023, Fabiola ingresó a la Academia de Bomberos como parte de la onceava generación.

Confesó que llegó sin expectativas. “Yo decía: no hay problema si no paso, no hay problema si no me quedo, vengo a divertirme”. 

Sin embargo, conforme avanzaban las capacitaciones y los servicios, algo cambió. “Entre más pasaba el tiempo, más me sentía en casa”.

Describe a la corporación como un lugar seguro, conformado por personas de distintas profesiones, en su mayoría voluntarios.

Todos tenemos eso en común: las ganas de ayudar”, comentó, y añadió con humor: “Les digo de broma a mis compañeros que somos una secta de pirómanos adictos a la adrenalina”.

En la academia, explicó, no solo se aprende la parte técnica.

Nos brindan primeros auxilios psicológicos, seguridad del bombero, nos enseñan a ser empáticos con la ciudadanía”, comentó.

Reconoce que cada servicio implica llegar a la tragedia de alguien. “Nosotros vamos a ayudar, no a hacer más destrucción”.

Su primer servicio fue una fuga de gas. Después vinieron incendios de pastizales y más adelante un incendio en una vivienda. Recordó claramente la adrenalina de ese momento:

Ya arriba del camión sabes que esto es en serio, que tienes que seguir indicaciones, equiparte y cuidar a tus compañeros”, dijo.

El peso del Equipo de Protección Personal fue uno de los mayores retos, especialmente siendo mujer. “Sí es muy pesado, las primeras veces yo me preguntaba si en verdad quería seguir ahí”. 

Sin embargo, la disciplina fue clave: natación, acondicionamiento físico y constancia.

Conforme pasa el tiempo te vas acoplando”, comentó. Incluso confesó: “En épocas de frío regreso del servicio y ya no me lo quiero quitar”.

Aunque su familia se preocupa, también la ven feliz. “Sí se preocupan, pero me dicen: te vemos feliz y eso nos da gusto”.

Entre los servicios más difíciles, recuerda una volcadura donde murieron cuatro personas.

Tanto por las personas que ya se habían ido, pero cuando llegaron las familias y no podían acercarse”, ese momento, aseguró, la marcó profundamente.

Pero también hay experiencias que compensan.

Llegamos y la gente nos agradece. En incendios de pastizales, compartió que en algunas ocasiones les ofrecen agua, se siente bonito ese tipo de ayuda”. También recordó con agrado la reacción de los niños al verlos desfilar. “Y cuando las niñas dicen: ‘mira, ella también es bombera’, eso emociona”.

Para las mujeres que sienten inquietud por integrarse a una corporación de emergencia, Fabiola tiene un mensaje claro: “El miedo siempre va a existir”, pero también las habilidades. “Yo soy de baja estatura, mido 1.54, pero lo compenso con agilidad y elasticidad”. Añadió: “Lo importante es creérsela, creer que eres capaz”.

Hoy, a casi tres años de servicio, asegura que el aprendizaje nunca termina. “Mis compañeros me siguen cuidando, me siguen apoyando y explicando”.

Definir lo que significa ser bombera no es sencillo para ella, pero lo resume así: “Me da mucha satisfacción, mucha alegría. Es como llegar a casa”. 

Ser bombero también es dar esperanza. Somos el último recurso, pero no somos indestructibles; somos de carne y hueso y nos preparamos para ayudar a los demás”, concluyó.

LF

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