Celaya.- Existen dolores que paralizan y dolores que impulsan, para Martha Gómez Cruces, presidenta de la Asociación de Damas Voluntarias del Hospital General de Celaya, el parteaguas de su vida tuvo un nombre: Fátima. Su hija, quien luchó contra el cáncer de riñón desde los cuatro años hasta su fallecimiento a los nueve, le enseñó que en las salas de un hospital la soledad y la desesperación pueden ser tan devastadoras como la enfermedad misma.
Al principio, Martha se rehusaba a pisar los pasillos hospitalarios para hacer labor voluntaria. “Tuve una niña que duró cinco años enferma, entonces por eso me rehusaba a quedarme ahí”, confesó. Sin embargo, una amiga la invitó un día y la vocación hizo el resto.
Hoy, con cerca de 17 años de labor altruista y 8 años al frente de la presidencia de la asociación, Martha lidera uno de los esfuerzos sociales más nobles y demandantes del municipio.
Lo hago con mucho gusto porque siento presente a mi hija Fátima. Agradezco a Dios que, en el momento en que ella estuvo enferma, siempre tuvimos ángeles que nos ayudaron, ya fuera con consuelo o incluso con apoyo económico y por eso entiendo a las personas que atraviesan por esta situación. Ante ciertas enfermedades no hay dinero que alcance; por eso me entrego, por gratitud y en memoria de mi hija”, relató conmovida.
Esta profunda empatía le permite conectar de manera genuina con las familias de las y los pacientes de la Unidad de Hemodiálisis del hospital. Cuando las familias sienten que nadie comprende su dolor o la frustración de pausar o abandonar sus empleos para cuidar a sus enfermos, Martha interviene desde la voz de la experiencia.
“Claro que te entiendo”, les dice. Al compartirles su historia, genera un lazo de confianza que les brinda fortaleza para continuar.
Un legado de 60 años y la lucha por la calidad de vida

Este 2026, la Asociación de Damas Voluntarias conmemora 60 años de trayectoria. Se trata de un grupo conformado actualmente por 22 mujeres, en su mayoría adultas mayores pero con la integración paulatina de jóvenes, organizadas en cinco equipos que semana a semana recorren las áreas de Medicina Interna, Cirugía, Pediatría y Urgencias para llevar desde medicamentos, pañales y sillas de ruedas, hasta apoyo moral.
Uno de los pilares del voluntariado es la atención a la Unidad de Hemodiálisis, la cual cumple dos décadas de funcionamiento. Con una atención promedio de 37 pacientes, el reto es mayúsculo ante un padecimiento renal que, en palabras de Martha, registra un incremento alarmante que afecta desde niñas y niños de dos años hasta adultos mayores, derivado de factores genéticos, hábitos de alimentación, diabetes y consumo de sustancias químicas.
Bajo la gestión de Martha, y mediante la canalización de recursos como los del programa Nuevo Comienzo (antes Fidesseg), la unidad dio un salto tecnológico fundamental al adquirir ocho máquinas de hemodiálisis de última generación y dos equipos portátiles para atender a pacientes internados en terapia o cama que no pueden ser trasladados.
Proyectos a futuro: espacios amplios y atención digna

Martha no se detiene a contemplar lo alcanzado; su mirada está puesta en el futuro. Ante un espacio físico que resulta insuficiente para la alta demanda, la asociación prepara proyectos para ampliar las instalaciones de la clínica.
En este trabajo, Martha enfatiza que no está sola: reconoce el respaldo incondicional de su familia y el compromiso de las integrantes de su equipo, quienes la han acompañado de manera constante.
A quienes deseen sumarse o aportar donativos, la presidenta del voluntariado les recuerda que siempre hay espacio para colaborar. Al preguntarle por qué continuar tras años de enfrentar a diario la enfermedad, su respuesta sintetiza su vocación:
Mientras Dios me dé fuerzas, seguiré aquí. Me llena y sé que aún hay mucho por hacer”.
MGM