León, Guanajuato. — En el marco de la séptima edición de la ExpoMaq, celebrada en el Poliforum de León, el tres veces mundialista Oswaldo Sánchez ofreció una conferencia magistral donde desnudó la realidad del futbolista de élite: un camino marcado por sacrificios personales, disciplina extrema y lo que él denomina “diosidencias”.
Ante la incertidumbre sobre quién será el portero titular de México en el Mundial 2026 —disputa que mantienen Guillermo Ochoa, Raúl Rangel y Carlos Acevedo—, el exarquero fue enfático al defender la entrega de los tres. “La gente solo ve lo bonito del futbol, pero no el sacrificio: tiempo, amor, dinero, familia, divorcios. Ellos tienen la ilusión de ser mundialistas y han dejado todo por ese lugar”, señaló.
“¿Saben para un futbolista lo que es estar en un mundial? Lo que se va a vivir en nueve días es una locura para los muchachos”.
De las calles de San Andrés a la gloria profesional
Sánchez compartió sus orígenes humildes en el barrio de San Andrés, donde las porterías eran improvisadas en la calle y debían moverse al paso de los camiones. Recordó cómo, en un entorno donde muchos de sus amigos terminaron en el alcoholismo o la delincuencia, él decidió trazar un camino distinto basado en el trabajo extra.
“Desde ese punto decían que era imposible lograr mis sueños de jugar en el Azteca o en el Jalisco porque no tenía palancas. Batallaba con la forma de pensar de mis amigos que se convirtieron algunos en alcohólicos, ladrones o inclusive asesinos, pero entendí que ese era mi origen, pero no lo quería en mi vida”, comentó.

El exjugador de Atlas, Chivas y Santos Laguna destacó dos pilares de su carrera: el esfuerzo adicional en cada entrenamiento y las “diosidencias”, momentos que, a su juicio, cambiaron su destino. Relató cómo, tras 10 meses sin jugar en Atlas, una oportunidad fortuita en una selección de Tercera División lo llevó a ser campeón y, posteriormente, a ser convocado al Mundial Sub-20 de Australia 1993. Fue ahí donde Marcelo Bielsa, entonces técnico del Atlas, lo observó para debutar en Primera División el 30 de octubre de 1993.
El aprendizaje del dolor
Oswaldo no evitó los momentos amargos, como su paso por el América, donde perdió la titularidad y, como consecuencia, el llamado de Bora Milutinovic para el Mundial. “Cambié mis hábitos para mal y la vida te cobra cuando dejas de hacer las cosas bien. Me di cuenta de que lo que yo quería era el protagonismo, ser capitán, campeón y mundialista”, confesó.

Finalmente, cerró su ponencia con el episodio más emotivo de su trayectoria: su debut en Alemania 2006, días después de la muerte de su padre. Recordó la última llamada con él, quien le pidió entre lágrimas: “No dejes que nada ni nadie te robe el sueño de jugar un mundial”. Ese consejo, aseguró, fue el motor que lo inmortalizó como uno de los mejores arqueros en la historia del futbol mexicano.