Morrigan es el estandarte de sororidad en Tulancingo, desde el 2020 es la pionera de las marchas y protestas 8M, con una trayectoria de trabajo diario en favor de las mujeres, fundadora de la Colectiva Feminista Mujeres del Tule de este municipio.
Rosa María Flores Ojeda es su nombre, quien de niña no se visualizó como una luchadora social, pero si en lograr un mundo más equitativo, menos violento: “crecí con carencias económicas, un hogar con violencia intrafamiliar”; tuvo la oportunidad de estudiar del jardín de niños a la licenciatura en psicología de la que no se pudo titular por estar embarazada de su primer hijo Santiago.
Inició joven la relación con el padre de sus hijos, que en un inicio bonito: “nos relacionamos con todas las carencias que teníamos, con las pocas herramientas y conocimientos de ese tiempo, duró 8 años, tenía 20 años; la falta de economía, experiencia sin tener una red adecuada que nos aconsejara, hizo que se tornara más distante hasta llegar a ser violenta física, emocional y verbalmente”.
“Lo que había vivido desde mi linaje, como el abandono de mi abuelo a mi abuela, desde ahí desquebraja el árbol genealógico y las dinámicas que desarrollamos, en la manera en que nos relacionamos en familia con nuestras parejas, viene también de la violencia entre mis padres, así me vi envuelta con mi pareja de esa educación que venía y él de su entorno sumamente machista, violento y misógino”
Rosa María reconoce que viene de un matriarcado desde su bisabuela su madre: “de ellas traigo el respaldo, mi madre nos guiaba, nos dio los estudios estudiar, de no dejarnos, esa construcción que hacen de tu personalidad; entonces en pareja sufrí violencia hasta económica donde se me limitaba mi sustento, a mí no se me daba el gasto, lo tuve que hablar al tiempo con mucha pena, decir que esa casa también se sustentaba por mí”.
Fue cuando estaba embarazada de su segundo hijo Dante: “ya no tenía con mi pareja una relación saludable, se fue y yo busqué terapia, así encontré un psicólogo mayor de edad con perspectiva, Salvador que ya falleció, con un método inductivo me empezó a orientar, fue la primera persona que me dijo, existe esta parte para las mujeres”.

Le hizo llegar un libro de Chimamanda de “Todos deberíamos ser feministas”: “entonces entendía que había otra visión cultural de lo que vivíamos las mujeres, tuve la curiosidad de saber más, busqué en tesis, revistas, una profunda en las áreas digitales, así encontré a mujeres que se nombraban feministas, empecé a tomar cursos y talleres que ellas daban”.
Así nació Morrigan, primero entró a la Colectiva Mariposas abre tus alas y vuela” la fundadora le dio la oportunidad de dar su primer taller feminista; fue en el 2020 que convocó: “llegaron unas compañeras de Tulancingo y fue la primera protesta que se hizo para visibilizar la violencia de niñas, adolescentes y mujeres fueron unas 8”.
“Hablamos de descentralizar de Pachuca, ya se veía como hacer colectividad en otros lugares fue hacer el llamado en Tulancingo, Cuautepec”, fue la primera en hacer el movimiento dando paso a fundar la Colectiva Feminista Mujeres del Tule.
Hizo los círculos de Convivencia y Escucha, de Lectura y desarrollo proyectos como los de Menstruación digna: “fue buscar todos los elementos sanitarios para llevar a niñas precarizadas, les llevamos sandalias, detalles, regalitos y toallas sanitarias por 2 años”.
Con voz firme, sonrisa sonora y un lenguaje que la distingue como luchadora social estudiada en el feminismo; Morrigan no sólo es de las que levanta el puño los 8M y organiza las actividades, su labor se extiende todo el año; mientras da la entrevista a AM Hidalgo, su teléfono no para, llegan mensajes y llamadas de quienes la consultan.
“Todo año hacemos acompañamientos a temas como contención emocional, las canalizamos a las instancias correspondientes para mujeres, las llevamos albergues fuera de Tulancingo porque aquí no hay como tal que, de soporte, más allá de cumplir con el protocolo de algunas horas”.
Le ha sido difícil en su entorno ser activista feminista: “viene el estigma de que sólo queremos hacer destrozos o que no tuvimos el amor de nuestros familiares o de nuestro papá, cuando no es así, viene de cuando nosotras reconstruimos la idea de la socialización tan competitiva entre las mujeres, desarrollas tu lado empático y que ves desde otra mirada, la mirada violeta de derechos humanos cuales son las causas que hay que perseguir que hace falta que se visibilicen que se volteen a ver, que si uno no lo hace nadie va a venir a hacerlo”.
Se ha enfocado a erradicar la violencia a las niñas, adolescentes y mujeres: “porque lo viví en su momento de manera muy agresiva, en diferentes etapas de mi vida, acercarme a las feministas me ayudó a ponerle un nombre a lo que me había pasado”.
“Ahora ya hay más cuestionamiento, no podemos exigirnos que tengamos una perspectiva a la que uno ha trabajado, pero sí veo a más mujeres trabajando su proceso, a mí me da mucho gusto que una mujer a la edad que sea tenga las dudas y se atreva a preguntarlas es que algo movimos dentro de ellas con lo que estamos haciendo contra el patriarcado”.
Morrigan ve de frente, libre y capaz: “cuando hablamos de un sistema patriarcalizado es donde han predominado los derechos de los hombres y que eso es real, más no tenemos una lucha contra los hombres, es contra ese sistema que nos ha vulnerado, violentado, invisibilizado y nos ha hecho creer que las que estamos locas somos nosotras por cuestionar precisamente todo lo que está escrito por ellos”.

Su mensaje: “invitarlas a que confíen en las mujeres de su alrededor que se hablen, que, si tenemos la oportunidad de sostenernos unas a otras, sin duda lo hagamos, la vida no lo va a recompensar, así como unos damos, a otras las encontramos con la mano extendida para darnos”.
Morrigan no descansa, entre ser madre, cuidadora y proveedora de su hogar, estudia la licenciatura en derecho y organiza una amplia gama de actividades de este fin de semana violeta en Tulancingo; un ejemplo de M con mayúscula, de mujer en favor de las mujeres.