En una buena noticia, la gobernadora Libia García anuncia la obtención de un crédito por 8 mil millones de pesos para invertir en obras. La mitad irá al proyecto del acueducto que llevará agua desde la presa de Solís hasta las ciudades del corredor industrial. El resto irá a otros proyectos.
Seguro que los bancos harán fila para prestar porque Guanajuato tiene un problema: no ha aprovechado su capacidad económica para invertir ni ha tenido proyectos importantes desde hace 7 años. A Diego Sinuhe Rodríguez le pasó la obra pública de noche. Lo suyo fueron los viñedos y los negocios. Miguel Márquez Márquez, quien más construyó obras de infraestructura, quedó arrepentido de no haber construido más y de no haber aprovechado la palanca de la buena salud económica del Estado para invertir en proyectos rentables.
El Gobierno de Guanajuato acumula recursos en bancos como si fuera socio de ellos, pero no ha realizado inversiones en obras de trascendencia hasta ahora. Con 39 mil millones de pesos en activo circulante e inversiones a largo plazo en valores, es uno de los estados con más “ahorritos”. También es de los que menos deben. Su deuda total no supera los 15 mil millones.
Nuevo León terminará el año con una inversión estatal de entre 20 y 40 mil millones de pesos. Durante el sexenio de Samuel García, se estima que el gobierno habría invertido más de 106 mil millones en obras. Lo curioso es que ese estado apenas tenía 7 mil millones en activos circulantes a finales de 2024 y una deuda de 92 mil millones; además, tiene deuda pública de entidades paraestatales. ¿Cómo hace esa entidad para seguir invirtiendo con tanto pasivo? A Samuel no le ha temblado la mano para pedir crédito y construir acueductos, pasos elevados, tren elevado y obras de infraestructura. Aún así, necesita resolver uno de los problemas más graves derivados del crecimiento: la movilidad.
Jalisco está entre Guanajuato y Nuevo León. Nuestro vecino tiene 7 mil millones en circulante y debe 27 mil millones. Sigue construyendo, sigue invirtiendo. El problema para Guanajuato es que perdemos productividad por falta de inversión. Nuestro presupuesto anual es de 122 mil millones. En 2025 la obra pública estatal no llegará al uno por ciento de ese presupuesto.
El gran engaño del año pasado fue decir que Guanajuato no tenía dinero para construir una carretera que no vale más de 3 mil millones. Entregarla el último día de gobierno fue el segundo engaño; luego , afirmar que la obra costaría más de 5 mil millones para “justificar” el despojo. Lo bueno es que los legisladores de Acción Nacional comprenden bien que ese negocio es lesivo para Guanajuato, al menos en 3 mil millones.
Guanajuato puede construir 10 obras de infraestructura de ese tamaño y seguir con cuentas sanas. Los 8 mil millones iniciales de inversión anunciados por la Gobernadora ayudarán a financiar proyectos de productividad agrícola y a finalizar los del acueducto. Libia García tiene que ser más audaz en la generación de ideas productivas para Guanajuato. En estos tiempos de recesión económica, vale la pena que el Estado use sus recursos como apalancamiento para el futuro.
Cuando vemos a nuestro Guanajuato como la empresa de todos, cambia mucho la perspectiva. La eficacia del gobierno es fundamental para enfrentar los enormes retos que se avecinan. Habrá que revisarlos con urgencia.