Historia 107

Esta es la historia 107 de 450 que te contaremos sobre León

Humberto González del Castillo González -conocido por todos como Chacho-, nació en León y fue parte de una familia numerosa y de vida modesta.

Fue hijo de Victoria González, leonesa, y de Vicente González del Castillo Padilla, originario de San Francisco del Rincón, historiador, poeta, maestro de la emblemática Preparatoria de la Universidad de Guanajuato y fundador del Archivo Histórico Municipal de León.

El matrimonio tuvo once hijos: Ofelia, Víctor, Marco, Esthela, Chela, Martha Hortencia, Rosa, Humberto, Lola, Christian y Rudel. 

Chacho cursó la primaria y, antes de concluir la secundaria, eligió trabajar. 

Su primer empleo fue como ayudante de un repartidor de la Embotelladora Santa Fe. Así conoció San Felipe Torresmochas. Poco después ingresó como mandadero a la agencia Ford Mercury de Rodrigo Rangel de Alba, ubicada en la esquina de su casa, en Parque Hidalgo, sobre la calle Aurelio Luis Gallardo.

En esos años, su hermano Marco -diez años mayor- trabajaba como vendedor en otra agencia Ford del Parque Hidalgo, propiedad de Fernando Jiménez.

Más tarde, Chacho se integró con su hermano como encargado de la venta de llantas. Aquella decisión definió el rumbo de su vida.

Mientras despachaba llantas, observaba en silencio a vendedores y clientes.

Presenciaba también las reuniones de don Fernando con su equipo. Ahí, casi sin proponérselo, comenzó su carrera de vendedor.

La primera venta

Una mañana, el propietario anunció que había en el almacén un “camioncito nuevo”, que no se vendía desde hacía dos años y ofreció triple comisión a quien lograra colocarlo.

“Mi papá se acercó y le preguntó: ¿Si yo la vendo me da triple comisión?”, relata Humberto González del Castillo Silva, hijo del fundador.

Segunda y tercera generación de Autos Chacho: Humberto González del Castillo Silva, hijo y Humberto González del Castillo González, nieto del fundador. Foto: Arcelia Becerra

Con la respuesta afirmativa, recordó un posible comprador en San Felipe y actuó de inmediato. Pidió permiso para llevar el vehículo. El cliente aceptó… pero pagando con dos autos usados modelo Victoria.

Chacho regresó y convenció a su patrón de aceptar el trato con la condición de venderlos fuera de la agencia. Los colocó frente a la casa paterna en el Parque Hidalgo, pero por consejo de don Fernando pidió prestado un baldío a la familia Robles. Limpió el terreno -también ubicado en la zona- y exhibió los dos Victoria… y los vendió.

Tenía 23 años cuando, el primero de abril de 1956, puso a la venta esos dos vehículos. Con ellos inició una historia que hoy cumple 70 años.

No volvió a vender llantas. Decidió abrir su propia agencia de autos usados en el mismo baldío, a unos pasos de la casa paterna. 

Pionero del mercado de autos seminuevos

En el mismo baldío colgó un letrero grande: “Autos Usados”. Competía con otro negocio similar, Autos Gutiérrez, que con el tiempo, cerró.

Autos Chacho, antes Autos Usados en los 60s, en el sitio que ocupa actualmente en el Parque Hidalgo. Foto: Cortesía

Más adelante, adquirió el terreno ubicado en Chapultepec esquina con Purísima y Luis Gallardo, también en Parque Hidalgo. Un día entendió que nadie lo llamaba Humberto. Cambió el letrero: Autos Chacho. El nombre se volvió garantía.

Su hermano Marco dejó la agencia Dodge y abrió otro negocio de autos usados, pero pronto cerró para sumarse al proyecto de Autos Chacho.También se integró su hermano Rudel. 

Los tres hermanos trabajaban como equipo.

En 1963, Autos Chacho estrenó las instalaciones actuales, que con el paso de los años crecieron y se modernizaron gracias al empeño de sus hijos: Martha, Humberto, Mauricio, Gabriela, Gerardo, Alejandro y Luis Ernesto.

Hermanos Martha, Humberto y Gerardo González del Castillo Silva con el nieto Humberto González del Castillo González. Foto: Arcelia Becerra

Actualmente, Humberto González del Castillo Silva dirige la agencia con apoyo de su hijo Humberto, nieto del fundador.

Primeros clientes

En la oficina que ocupó Chacho, sus hijos conservan sus fotografías como jugador del equipo Lobos de basquetbol y los registros de sus primeras ventas: a Joaquín Padilla Valdepeña, fundador de Botas Montana; a Manuel Álvarez, de Tenería Álvarez y a Alfredo Padilla.

A Joaquín le vendió un Chevrolet 4 puertas en 8 mil 500 pesos con enganche de 3 mil 500.00; Alfredo Padilla compró un Mercury y Manuel otro Chevrolet. 

Chacho murió en el 2013, tenía 81 años. Su viuda, Beatriz Silva, le sobrevive.

Lecciones de Chacho

Tres de sus hijos y su nieto Humberto, hablan de la herencia de Chacho, más allá de lo económico. 

Le gustaba lo que hacía, lo que vendía… se metía a conocer la historia de cada vehículo que vendía. Siempre sostuvo que la palabra es lo que más vale”, comenta la mayor de sus hijas, Martha.

“Para todos tenía una palabra amable”, recuerda Humberto.

Gerardo dice que el nombre de Chacho “pesa”.  

Humberto, el nieto del fundador, recuerda lo mejor de su abuelo, “todos los nietos éramos sus consentidos, nunca hizo distinciones”.

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