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Japón.- Su arte, extrovertido al mundo, chocaba con la introspección de su autora, internada voluntariamente desde 1977 en una clínica psiquiátrica de Tokio. Yayoi Kusama, la artista más célebre del panorama contemporáneo de Japón, falleció a los 97 años el pasado 14 de agosto, aunque el mundo recién se enteró.

Continuó pintando hasta sus últimos días, sin dejar nunca de lado su pincel, y siguió explorando el amor eterno y el alma inmortal. Llevaremos adelante los deseos de Kusama y, a través del arte, continuaremos llevando esperanza y fortaleza para el futuro a personas de todo el mundo”, señaló su estudio en un comunicado que pegó fuerte a la escena del arte.

Expuso ampliamente en todo el mundo, incluidos el Museo de Arte Moderno y el Whitney Museum of American Art de Nueva York. Incluso en México, en el Museo Tamayo, entre 2014 y 2015.

Arte de los lunares

Los característicos lunares en la obra de la artista aparecieron en su niñez, cuando experimentó visiones y alucinaciones que dieron origen a sus primeros dibujos con este motivo. Técnicas como la acuarela, el pastel y el óleo le sirvieron para expresarse desde temprana edad.

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Una mujer camina a través de ‘Un Ramo de Amor Que Vi en el Universo’, retrospectiva de la artista presentada en Berlín, en 2021. /Fotos: AP

“Formuló una filosofía del arte que denominó ‘autodestrucción’, basada en motivos simples de repetición y proliferación obsesivas”, narra su biografía oficial.

Su obra trascendió rápidamente la pintura y saltó a los desfiles de moda, performances antibélicos y al videoarte, lo que la catapultó a la fama y la colocó como una artista vanguardista.

En 2014, en ocasión de su primera muestra retrospectiva en México, la entonces octogenaria artista japonesa dijo a Reforma en una entrevista: “Vivo para mi trabajo, por lo tanto, no hay distinción entre mi vida diaria y mi práctica artística”.

Los colores vivos, figuras infantiles o patrones repetidos de lunares y redes, contribuyeron a englobarla dentro del pop art, derivado también de su estancia en Nueva York en la década de los 60 y 70, cuando destacaban artistas como Andy Warhol, los hippies, el movimiento pacifista contra la Guerra de Vietnam y el amor libre.

Yo establecí el arte de Yayoi Kusama con fe y esfuerzo”, dijo a Reforma: “Nadie puede destruir ese mundo. No es ni pop art ni minimal art ni expresionismo abstracto, es el arte de Kusama. Quiero mostrar, con las características propias de cada disciplina, que estoy dejando allí mi vida, el esplendor alcanzado por una visión repetitiva de lo más profundo del universo”.

Su internamiento voluntario en un hospital psiquiátrico afianzó la idea de Kusama como una artista excéntrica, que le granjeó mayor interés del gran público.

Estudió formalmente el nihonga, pintura japonesa tradicional, en su juventud, y ya afincada en Nueva York empezó a trabajar en su serie de pinturas Infinity Net. Pronto se movió a la escultura-objeto, reflejada en series como Accumulations.

Kusama no conoció el éxito económico desde un principio y luchó siempre con su salud mental. Fue una crítica del mercado del arte, el capitalismo y los conflictos bélicos; consideraba que su obra contenía mensajes de concordia.

Si puedo seguir creando arte que le dé amor y paz al mundo, entonces vale la pena vivir”, sostenía.

Siempre audaz

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Un modelo de cera de la artista se exhibe en las vitrinas de la tienda Louis Vuitton en la Quinta Avenida de Nueva York, en 2012. /Fotos: AP

Aunque hablaba en voz baja y su comportamiento era tímido, siempre fue descaradamente audaz al defender su visión de los lunares, no solo al mantener ese estilo durante décadas, sino también al hacerlo accesible a las masas.

En sus últimos años, cuando la época finalmente alcanzó a su arte, disfrutó de la fama. Firmó acuerdos con marcas de moda como Louis Vuitton, además de licenciar sus ilustraciones para otros productos, como tazas, camisetas y llaveros, incluidas réplicas de su propia imagen utilizadas en escaparates y otras estrategias de mercadotecnia.

En 2008, Christie’s subastó una de sus obras por 5.8 millones de dólares. En 2016 recibió el máximo reconocimiento que Japón concede a sus artistas: la Orden de la Cultura.

Al recibir el galardón, dijo a los periodistas que estaba más decidida que nunca a dedicarse a su arte y subrayó que la sinceridad y la entrega que había demostrado en su vida personal eran partes fundamentales de su legado artístico.

Siento que queda poco en mi vida, pero todavía estoy luchando a muerte por mi arte. Estoy entregando todo lo que tengo para que muchas personas sigan interesándose en mi arte incluso después de que yo haya muerto”, expresó.

Exhibió en el Museo Tamayo una muestra memorable

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Curada por Frances Morris y Philip Larratt-Smith, se ofreció una mezcla entre retrospectiva y trabajo reciente de la artista./ Foto: Agencia Reforma

Yayoi Kusama tiene un lugar especial en la historia del arte mexicano ya que entre septiembre de 2014 y enero de 2015, la artista japonesa protagonizó en el Museo Tamayo una de las exposiciones más mediáticas de la Ciudad de México: Obsesión infinita, que rompió hitos y convocó a más de 335 mil visitantes, rompiendo todos los récords de asistencia del recinto.

El arrebato por asistir llevó incluso, por primera vez en México, a una exposición a la reventa. No hubo taquillas, todo acceso era bajo prerregistro.

Se trataba de la primera gran exposición dedicada a la artista, entonces nonagenaria, en toda Latinoamérica; una mezcla entre retrospectiva y trabajo reciente, curada por Frances Morris y Philip Larratt-Smith, quienes también habían trabajado una revisión a su obra para el Tate Modern de Londres en 2011.

“Estará loca, pero es muy talentosa”, comentó Morris durante un recorrido por la exposición del Tamayo.

La muestra incluía piezas emblemáticas, desde pinturas de la serie Infinity Nets hasta populares instalaciones como Infinity Mirror Room-Phalli’s Field, ambos proyectos de la etapa neoyorquina de la artista.

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La artista vanguardista japonesa Yayoi Kusama trabaja en su estudio en Tokio, en 2012. /Fotos: AP

A los seis meses de estar en Nueva York, ella ya había inventado un estilo propio y avant-garde. Se anticipó al minimalismo, que arrancó en los 60″, comentó en ese momento Morris.

Kusama, quien también realizó películas y publicó varias novelas, decía no estar segura de dónde obtenía sus ideas. Simplemente tomaba el pincel y comenzaba a dibujar.

El proceso era tan misterioso que a veces ella misma se sorprendía, según contó a AP.

La exposición del Tamayo integró obras realizadas entre los años 1950 hasta 2013. Fue una muestra que devino en fenómeno en redes sociales, como suele ocurrir en cada sede a donde la artista exponía. Había incluso quien iba, solamente, por la selfie.

La artista no acudió a la apertura por problemas de salud; desde entonces ya se encontraba internada voluntariamente en la clínica psiquiátrica, de donde salió sólo para ser trasladada a un hospital donde finalmente falleció el pasado 14 de agosto a los 97 años.

MGM

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