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La Universidad de Cambridge en Inglaterra le ofreció el puesto de profesor a un joven y brillante académico de raza negra llamado Jason Arday. En julio del presente año el Dr. Cofnas, académico de la Universidad de Ghent en Bélgica, publicó un artículo acusando al profesor Arday de haber plagiado fragmentos de su tesis. Mientras que Arday reconoció haber cometido errores de formato y de citación debido a su severo autismo y dificultades de aprendizaje, firmemente negó haber cometido un acto de deshonestidad intencional. El pasado cinco de agosto Arday renunció a su catedra en la Universidad y el catorce del mismo mes se suicidó en su hogar en Londres.

Se ha dicho que la vida académica es un gallinero en donde las gallinas empujan a cualquier otra que tengan a un lado y cagan a todas las que están abajo. Probablemente el incidente descrito representa trágicamente la cita anterior. En mis casi cuarenta años de experiencia como investigador conocí muchas situaciones que ilustran la más vergonzosa envidia y bajeza humana dentro de las instituciones académicas, aunque también conocí otros ejemplos a nivel internacional que fueron manejados con notable profesionalismo. Un ejemplo de esto último es el siguiente. En 1986 un grupo de investigación en láseres de Brasil publicó en una prestigiosa revista un artículo reportando un láser de nitrógeno operando con una eficiencia del tres por ciento (3 %). Esto inmediatamente despertó el interés de toda la comunidad científica internacional puesto que estos láseres típicamente operan con una eficiencia de alrededor del cero punto uno por ciento (0.1 %). ¡Reportar una eficiencia del tres por ciento era algo extraordinario!

Muchos laboratorios del mundo trataron de reproducir los resultados a partir del diseño reportado por el equipo brasileño pero nadie lo logró, fue claro que hubo un serio error experimental que invalidó totalmente el resultado reportado por estos investigadores. Lo interesante fue la posterior civilidad y profesionalismo con que esto fue manejado por la comunidad internacional. Nadie escribió artículos reportando la “perversidad”, el “abuso” y la “búsqueda del beneficio personal” de los investigadores brasileños. Simplemente, al constatar que se trataba de un error, la comunidad científica dejó de aludir y citar el articulo mencionado. No hubo escándalo ni agresiones o insultos personales. Este ejemplo de hecho muestra la forma como progresa el conocimiento científico; conjeturas y refutaciones, resultados preliminares y correcciones. Los errores son olvidados y la comunidad se concentra en los resultados e ideas que aportan y son significativos para el avance de la ciencia.

La muerte del Dr. Arday tuvo como resultado el rechazo casi unánime de la comunidad académica contra el Dr. Cofnas y sus virulentas y racistas, según algunos, acusaciones contra el Dr. Arday.

A lo largo de mi vida profesional llegué a conocer en instituciones nacionales, situaciones de indescriptible perversidad, ensañamiento, crueldad y bajeza contra algunos de sus miembros que, no dudo, pudieron también haber terminado en suicidio. Afortunadamente no fue así. Probablemente el problema en esos casos radica en darle demasiada importancia a la vida académica y permitir que la vida personal del investigador gire casi exclusivamente alrededor de la vida y criterios académicos. Por ejemplo, en las redes sociales leo los mensajes de angustia que publican jóvenes investigadores preguntando, digamos: cuántos artículos se requieren para tal o cual nivel en el SNII, o si ciertas conferencias o libros cuentan o no en las evaluaciones, entre muchas otras cosas. Me llena de tristeza leer

esos mensajes.

El Dr. Leopoldo García-Colín, uno de los más brillantes físicos que ha producido México, se opuso firmemente a la creación del SNI argumentando que los investigadores terminarían trabajando para satisfacer los criterios del SNI y no para producir más y mejor ciencia. De acuerdo a su enfoque, el SNI terminaría matando la curiosidad científica que es la semilla de la mejor ciencia que se produce en el mundo. Además de esto, el SNII y todos los sistemas institucionales de estímulo y premiación, son una poderosa fuente de abuso, chantaje y corrupción en donde las víctimas son sobre todo los investigadores más jóvenes.

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