“Un informe no se acredita con adjetivos”
“Vamos mejor y tenemos rumbo”, afirmó la presidenta Claudia Sheinbaum al presentar su Segundo Informe de Gobierno. El optimismo no es un pecado político; incluso puede movilizar a una nación. El problema comienza cuando los superlativos sustituyen la rendición de cuentas y el relato oficial deja de lado lo que millones de mexicanos viven cada día.
Una oposición responsable no debe negar todo ni aplaudir todo. Hay avances que merecen reconocerse: entre 2022 y 2024, la pobreza multidimensional bajó de 46.8 a 38.5 millones de personas; en julio de 2026 se registró el promedio diario de homicidios más bajo en once años, y el salario medio formal alcanzó un máximo histórico. Regatear esos datos sería tan poco serio como convertirlos en un certificado de que México ya está bien. Además, la medición de pobreza corresponde a 2024 y no puede atribuirse a los casi dos años de gestión que hoy se informan.
Una revisión independiente de 21 afirmaciones del “Informe Verbal” encontró nueve verdaderas, seis falsas, tres imprecisas, dos engañosas y una inverificable. No es un detalle. La Presidenta sostuvo, por ejemplo, que entre 1983 y 2018 solo se añadieron cuatro mil camas hospitalarias; las series oficiales registran más de 26 mil. Una diferencia de esa magnitud no contextualiza el pasado, sino que lo deforma.
En materia de seguridad, la reducción de homicidios es una buena noticia y debe sostenerse. Pero una tendencia favorable todavía no equivale a la pacificación. El INEGI informó que en junio, el 59.8 % de la población adulta urbana consideraba inseguro vivir en su ciudad; entre las mujeres, el 65.6 %. Hay ciudades en las que la proporción llegó a 91.2 %. El promedio nacional mejora, pero el miedo sigue gobernando las rutinas, las calles y los hogares.
En economía también conviene separar la estabilidad de la prosperidad. El Banco de México elevó a 1.5 % su pronóstico de crecimiento para 2026, aunque mantiene sesgado a la baja el balance de riesgos. La estabilidad es necesaria; sin inversión nueva, productividad y empleo formal suficiente, no alcanza para transformar la vida de las familias.
Y llegamos a la salud, donde la distancia entre el Palacio Nacional y la ventanilla se vuelve insoportable. “Ningún hospital que atiende cáncer carece de medicamentos”, aseguró la presidenta. Sin embargo, la verificación periodística y la de organizaciones de la sociedad civil, como Nariz Roja, documentaron protestas y reconocimientos del desabasto oncológico en distintas entidades. Afirmar cobertura absoluta cuando un solo paciente no recibe oportunamente el medicamento indicado no es optimismo, es invisibilizarlo.
La Presidenta llevará ahora su Informe a las 32 entidades. Será, por decirlo con una sonrisa, un Informe Casa por Casa: si la realidad no llegó completa al discurso, el discurso sí llegará al territorio. El paralelismo con el programa estrella, Salud Casa por Casa, es inevitable. Se presumen 23 millones de visitas de 20 mil profesionales y se anuncia como “el mejor programa del mundo” en prevención y atención temprana. Celebro que se atienda a personas mayores y con discapacidad en sus hogares, pero ningún programa serio se corona campeón mundial contando visitas. La prevención se acredita mediante personas con hipertensión y diabetes controladas, referencias concluidas, hospitalizaciones evitadas y vidas salvadas; de ello no se informa.
El INEGI reportó que en 2024 había 44.5 millones de personas con carencia de acceso a servicios de salud. Es cierto que el indicador mejoró respecto a 2022, pero el 34.2% de la población aún presentaba esa carencia. Más aún: mientras la pobreza disminuyó, las personas vulnerables por carencias sociales aumentaron de 37.9 a 41.9 millones.
El CIEP encontró que seis de cada 10 personas atendidas recurrieron a establecimientos privados o a farmacias, mientras que el gasto de bolsillo por hogar aumentó en 7.9 % en términos reales entre 2022 y 2024. La OCDE añade una medida que desnuda la realidad de su informe: México registra 243 muertes prevenibles y 175 tratables por cada cien mil habitantes, frente a promedios de 145 y 77, respectivamente.
La realidad no cabe en un eslogan. Un informe auténtico debe mostrar: punto de partida; meta y fecha; presupuesto aprobado y ejercido; indicador público auditable; y la autoridad responsable de corregir.
No queremos que le vaya mal al Gobierno; queremos que les vaya mejor a las familias. Reconoceremos cada avance verificable y señalaremos cada simulación. La salud pública se acredita en la receta surtida, la cirugía oportuna y la cama disponible; la seguridad, en volver a casa sin miedo; la economía, en un ingreso que alcance. Gobernar también es mirar de frente lo que no funciona y corregirlo.