Es fácil comprender por qué Guanajuato ha perdido competitividad frente a otros estados de la República. La inseguridad es lo que más pega porque durante seis años nos convertimos en la entidad más letal del país. Por fortuna hay un cambio en la actitud de la administración de Libia García frente al problema. De un “no se puede” lleno de pretextos e inmovilidad durante el sexenio de Diego Sinhue Rodríguez, pasamos a una postura diligente y cooperativa con el gobierno federal.
El segundo factor puede ser el talento técnico, en el que ocupamos el puesto 29 a nivel nacional. Necesitamos mejor educación en todos los niveles; sin gente preparada, no pasaremos de ser ensambladores de productos nacionales y extranjeros. Sin un proyecto de educación para el desarrollo científico y tecnológico, sin empresas que quieran hacer investigación y desarrollo, tardaremos tiempo en acercarnos a las entidades vecinas con mejor ingreso por habitante. Querétaro, Jalisco y Aguascalientes han mostrado mejores números y han destacado más en los últimos años.
Exportamos mucho por el buen trabajo del pasado con la instalación de la industria automotriz y sus proveedores; sin embargo, ahora es uno de los sectores más amenazados por los aranceles y la invasión de vehículos chinos. El sector agrícola tiene un buen desempeño, pero no ofrece empleo con seguridad social ni mejores ingresos a los trabajadores migrantes.
En tercer lugar está la falta de inversión en infraestructura. Mientras otros estados, como Nuevo León y Coahuila, avanzan con la ampliación de parques industriales y la inversión en agua y en vías terrestres, en Guanajuato llevamos 30 años luchando por una solución definitiva al suministro de agua para León y el corredor industrial. En el futuro cercano necesitaremos una mayor producción y distribución de electricidad, nuevos parques industriales y la diversificación de empresas y giros. Hay mil oportunidades por la estructura de ciudades medias y recursos naturales. Guanajuato también brilla por ser una de las poblaciones más trabajadoras y menos conflictivas del país.
Otro valor intangible es la distribución del capital de inversión; en Guanajuato, el emprendimiento se da en miles de empresas pequeñas y medianas que pueden crecer más si diversifican sus productos. En los últimos años se ha producido un distanciamiento innecesario entre el sector privado y el gobierno. La unidad podría recuperarse con mayor empeño por parte de los gobernantes. La ruptura entre el gobierno estatal y el de León significa un freno real a la inversión en infraestructura y en proyectos futuros. Aún nos parece increíble que la alcaldesa de León haya cambiado de equipo a mitad del partido.
La competitividad de nuestro Guanajuato cayó 3 lugares en la medición del IMCO (Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C.) Del lugar 16 pasamos al 19 en un año. Habíamos registrado el lugar 11 en 2018. Si bien es cierto que la recuperación económica de Guanajuato depende de la seguridad, la educación, la infraestructura, la diversificación y las nuevas inversiones, lo más importante es la visión de quienes nos gobiernan.
El primer paso para cambiar la cultura de la competitividad sería que las y los gobernantes abrieran bien los oídos para escuchar a expertos. Luego seguir sus recomendaciones. En dos ocasiones visitamos Singapur en compañía de funcionarios estatales y vimos su extraordinario desarrollo económico, cultural y social. Primero con Diego Sinhue Rodríguez y luego con la gobernadora Libia García.
Esa es una historia que vale la pena recordar con otras perspectivas.