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León.- En su búsqueda de aportar acciones para detener lo que considera un genocidio en Gaza, la activista mexicana Sol González Eguía compartió que, en un acto de congruencia, tomó la decisión de sumarse a dos misiones de la Global Sumud Flotilla para llevar ayuda humanitaria a la población palestina.

Durante su conferencia titulada “Navegar por la paz: la experiencia de la flotilla Sumud”, impartida en la Universidad Iberoamericana León, González relató los detalles del peligroso viaje que realizó en dos ocasiones a bordo de un velero por el mar Mediterráneo.

A lo largo de hora y media, la activista narró los momentos de tensión e incertidumbre que vivieron ella y sus compañeros de distintas nacionalidades tras ser interceptados y arrestados por el Ejército de Israel.

González destacó que desde hace 30 años trabaja en zonas de conflicto y posguerra, al ser especialista en atención al trauma y acompañamiento en la reconstrucción del tejido social en comunidades afectadas por la violencia extrema.

“Busqué muchas formas de tratar de aportar algo. Lo que me motivó es que, a pesar de que las leyes internacionales obligan a los Estados a intervenir cuando se reconoce un genocidio, las naciones no están haciendo nada”, expresó.

“No podía quedarme quieta. Además, por mis condiciones de vida personales —al no tener hijos y haber trabajado en este campo toda la vida—, en un acto de congruencia tomé la decisión de subirme a esos dos barcos”, confesó.

¿Por qué llevar la ayuda por mar?

González explicó que el conflicto en Gaza no es un tema religioso, sino territorial y económico, debido al interés en explotar recursos naturales de la zona.

“Gaza se ha convertido en un campo de concentración a cielo abierto que está amurallado; la entrada y salida solo es posible con permisos que otorga Israel. Desde 2007, la zona ha sido cercada y cada vez es más difícil el ingreso de productos, materias primas, alimentos, equipo médico y ayuda humanitaria”, detalló.

Subrayó que los intentos por ingresar asistencia por vía marítima responden a que el espacio aéreo está restringido y el tránsito terrestre depende de autorizaciones gubernamentales complejas.

“El mar es una vía protegida por el derecho internacional. Permite llegar a Gaza directamente sin tener que atravesar las fronteras de otros países. Por eso se decidió sumar esfuerzos en una flotilla: la primera vez en 2025, con alrededor de 45 embarcaciones, y en abril de este año con cerca de 72 barcos de la Global Sumud Flotilla, un movimiento liderado por organizaciones no gubernamentales”, precisó.

Enfatizó que las embarcaciones no solo trasladan víveres e insumos, sino también a profesionales capacitados para brindar apoyo psicosocial a la población.

“Este es el camino”

Sol confesó que al asumir la primera misión desconocía las dinámicas del mar Mediterráneo, las corrientes y las olas. “El movimiento civil navega en veleros que son básicamente carcachas”, comentó entre risas.

“Asumí esta misión porque está encabezada por un comité palestino de la Global Sumud que nos va guiando. Eso me pareció coherente: son las propias personas palestinas quienes proponen estas acciones y convocan a la comunidad internacional porque localmente ya no es posible responder a la emergencia. Tratando de ser congruente, evalué que este era el camino”, compartió.

La activista recordó que cada misión tuvo una duración aproximada de un mes. La primera zarpó el 31 de agosto de 2025 desde distintos puertos de España, principalmente Barcelona, mientras que la segunda partió el 15 de abril.

“En la primera misión, mi barco fue de los primeros en ser detenidos. Estuvo a punto de no zarpar porque no servía; una tormenta terrible lo destruyó y volver a ponerlo en funcionamiento fue un gran reto. Parecía una caricatura: volaban maletas y personas por todo el velero. Tras 24 horas de navegación fuimos interceptados, trasladados a un puerto y de ahí a Ketziot, una de las cárceles de alta seguridad más grandes del mundo, donde recluyen principalmente a personas palestinas y activistas”, contó.

González recordó que en esa ocasión fueron detenidas cerca de 500 personas y ella permaneció encarcelada entre seis y siete días. Explicó que las primeras personas en ser liberadas fueron las de nacionalidad europea, como italianas y españolas, debido a la presión social y movilizaciones en sus países de origen.

“Los países latinoamericanos fuimos los últimos en salir, junto con compañeras de Sudáfrica, Estados Unidos y el Reino Unido, quienes recibieron un trato más severo por tratarse de países con alianzas estratégicas. Pesa el pasaporte y pesan los intereses económicos”, lamentó.

La intervención diplomática de México

Tras la detención de los activistas en aguas internacionales a finales del año pasado, la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) confirmó que seis connacionales que viajaban en las embarcaciones fueron transferidos al centro de detención de Ketziot.

La interceptación de la Global Sumud Flotilla por parte de las fuerzas armadas israelíes detonó protestas internacionales que exigieron la liberación y repatriación de sus tripulantes.

La cancillería mexicana informó en su momento el envío de cuatro notas diplomáticas al gobierno de Israel y la realización de encuentros con funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores de ese país para garantizar la integridad de los detenidos, salvaguardar sus derechos y asegurar la asistencia consular necesaria para su repatriación.

Los seis ciudadanos mexicanos que formaban parte de la tripulación —Sol González Eguía, Ernesto Ledesma Arronte, Arlín Medrano Guzmán, Carlos Pérez Osorio, Diego Vázquez Galindo y Laura Alejandra Veléz Ruiz Gaitán— retornaron a México tras ser liberados y repatriados por la SRE.

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