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En la oposición y en la pluma de historiadores se dice que México regresa al autoritarismo del pasado, con el control del Poder Ejecutivo sobre todos los poderes del país, incluido el del empresariado. Es cierto que la mayoría del Poder Legislativo está en manos de Morena y que es un simple escribano, o tal vez ni eso, un simple mensajero que convierte en ley lo que le envía la presidenta Claudia Sheinbaum. También es cierto que el Poder Judicial se ajusta a la ideología y a las órdenes de Palacio. Sin embargo, todo eso no es suficiente para que tengamos un dictador como lo fueron Nicolás Maduro o Daniel Ortega. 

México evolucionó durante décadas desde que el presidente ordenaba y todos obedecían. Quien no se ajustaba al deseo del presidente sufría. En los sesenta, los líderes obreros que no eran dóciles terminaban en la cárcel. En los setenta, los guerrilleros eran asesinados o arrojados al mar. El poder presidencial era absoluto, aunque el “sistema” sabía ajustar la política para incluir a las minorías. Ese fue el invento de Jesús Reyes Heroles cuando se aceptó la representación proporcional en el Congreso y se legalizó al Partido Comunista.

El primer punto de quiebre fueron las manifestaciones de 1968. El segundo fue la alternancia con Vicente Fox. Desde entonces, fuimos gobernados por tres partidos y creamos organismos autónomos, como el INE y el INAI, que ahora están bajo el control del poder Ejecutivo.  Aun así, la actual presidenta, Claudia Sheinbaum, está muy lejos de tener el poder que alguna vez tuvo el PRI durante los mandatos de Gustavo Díaz Ordaz o de Luis Echeverría. La muestra está por todos lados, incluso dentro de Morena. Van algunos ejemplos: 

-En Nuevo León se rebelan morenistas contra la imposición de Clara Luz… una candidata que perdió en las elecciones pasadas. El malestar también divide a Morena en otros estados.

-En las calles de decenas de ciudades se manifiestan médicos, enfermeras y empleados del IMSS porque no están de acuerdo con lo que sucede ahí ni con los acuerdos de su líder con el gobierno respecto a los aumentos salariales. 

-Parte del territorio nacional está bajo el control de organizaciones criminales. En Guerrero aterrorizan a los poblados y, en muchos estados, pelean entre cárteles, lo que provoca violencia y muerte. 

-En el ejercicio del presupuesto no hay disciplina y el gobierno tiene que ceder ante el gasto incontrolable de Pemex, por ejemplo. 

Aunque los programas sociales y el aumento del salario mínimo son logros indudables, el gobierno no administra bien los recursos. La universalidad de los apoyos es una carga que pronto será imposible de sostener con el presupuesto disponible. 

Otra de las limitaciones que tiene Morena para gobernar, como lo hizo alguna vez el PRI, es su carga ideológica, que dificulta administrar bien el país. El resultado es un endeudamiento que se ha duplicado en menos de 8 años. Con una deuda de 22 billones de pesos en la espalda, existe la posibilidad de perder la buena calificación crediticia que tuvimos desde que Ernesto Zedillo gobernaba. Eso limitará las múltiples demandas sociales, tanto dentro como fuera del gobierno. 

La represión no es viable como lo fue en Venezuela o en Nicaragua. Nuestro país es demasiado complejo como para ponerle la bota militar o policial en el cuello. Lo vimos en Guadalajara, donde ciudadanos reclamaban algo justo por el agua sucia que llega a sus hogares. La represión le costará mucho a Movimiento Ciudadano, que gobierna la entidad.

El grave peligro no es el autoritarismo o la dictadura, sino algo peor. 

450 Historias de León

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