Historia 420
Esta es la historia 420 de 450 que te contaremos sobre León
Antonio Mares Mares llegó al Barrio El Coecillo, a la calle Bosque 230, a finales de la década de 1890.

Tuvo seis hijos: Jesús, Cecilio, Rosendo, Ambrosio, María y Cayetano.
En el segundo piso de su casa instaló un taller de calzado. Enseñó a sus hijos, aún niños, a hacer zapatos a mano, cuando todavía no había máquinas. Utilizaba únicamente una cuchilla, una chaira y un martillo. Fabricaban calzado para mujer.
Uno de sus hijos mayores, Cecilio, un día le dijo que quería poner su propio taller. Quería casarse y ser independiente.
Cecilio nació en 1928 y cursó solamente primero y segundo de primaria. Cuando se casó, su padre le dio como dote un rollo de pieles y algunas hormas.
“Si los aprovechas, te va a ir muy bien en la vida”, le dijo.
El joven instaló su taller a unos metros del de su padre, en Bosque 224. Fabricaba los zapatos y salía a venderlos a Ciudad de México, Irapuato y Querétaro.
Se casó con Epifania Gutiérrez Ortega, “Fany”. Tuvieron 10 hijos: Roberto, Genoveva, Ignacio, Gregorio, José Luis, Juan Manuel, Martha Graciela, Patricia, Cecilio y Carlos.

Era ahorrativo. Vestía modestamente y, cuando viajaba, comía en cualquier parte. No usaba reloj y tuvo su primer auto en los años sesenta.
En su taller llegó a producir entre 360 y 400 pares diarios. Para entonces, su hijo Roberto ya trabajaba con él. La marca era Calzado Colegialas.
“Tenía una inteligencia innata”, afirma José Luis Mares Gutiérrez, hijo de Cecilio y director general de Tenis Court, “siempre estaba pensando en hacer negocios”.
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Cadena de producción
El calzado tuvo mucho éxito y Cecilio ideó un modelo para aumentar la producción. Apoyó a otros zapateros para que instalaran sus propios talleres y fabricaran zapatos de la marca Colegialas.
Llegó a trabajar con más de 10 picas, a las que surtía todos los materiales necesarios para la elaboración del calzado. Diariamente recogía los pares terminados.
José Luis recuerda que, cuando tenía 12 años, su padre lo mandaba a recorrer los talleres para recoger y entregar zapatos.
Cecilio bromeaba con sus hijos y les decía que ganaba el uno por ciento por cada par de zapatos, porque lo que compraba en uno lo vendía en dos, recuerda José Luis.
Tenía clientes mayoristas en la Ciudad de México, León y otras partes del país.
Para idear nuevos modelos de Calzado Colegialas, observaba los aparadores de las zapaterías de León y hacía sus propios diseños. “No viajaba a otros países para ver tendencias, se paraba frente a las tiendas y los veía”, asegura.
Cada hijo, su propia empresa
Dos malas experiencias llevaron a Cecilio a decidir que cada uno de sus hijos debía tener su propio negocio.
La primera fue una diferencia con un hermano debido a una máquina foliadora; la segunda, la traición de un socio que le hizo perder parte de su dinero.
A estas experiencias se sumó la petición de su esposa, Fany, de apoyar a sus hijos para crear sus propias empresas. Decidió entonces respaldar a cada uno.
Él continuó con Calzado Colegialas junto con su hijo Gregorio, a quien un día le entregó las llaves de la empresa.
“Mi papá llegó y me puso en la mano las llaves de la fábrica”, dice Gregorio. “A partir de entonces me hice cargo”.
Roberto creó Calzado Fish, que primero fabricó calzado escolar y después se especializó en calzado de trabajo.
Gregorio continuó con la marca Calzado Colegialas e introdujo calzado industrial.
Cecilio hijo creó Bordados Mares y después Mares Export.
Ignacio emprendió el negocio Baños y Azulejos de León.
Martha Graciela inició Alfombras y Tapices Decorativos.
Genoveva primero apoyó a su padre en la administración de los talleres y en las ventas. Después se sumaron Martha Graciela y Patricia.
Posteriormente, Genoveva estableció una fábrica de suelas de poliuretano.
Carlos fundó Fisher and Younger, mientras que José Luis comenzó a fabricar calzado bajo la marca Don Din y posteriormente creó Tenis Court.
José Luis reconoce que al apoyo de su padre se sumó el respaldo de su hermano Roberto.

El vínculo con El Coecillo
Cecilio siempre vivió en El Coecillo. Sus hijos dicen que “amaba el barrio”.
Apoyaba las obras sociales, en especial las que emprendía el párroco de San Juan, Emigdio Garate Arrieta, quien construyó el edificio actual del colegio Pío XII.
El legado de mi padre fue su generosidad sin pompa y la armonía en su familia”, dice Ignacio.
Nace Tenis Court
Tenis Court, propiedad de José Luis, tuvo sus orígenes en la marca Don Din, dedicada a la fabricación de tenis.
“Pero no tenía punch”, recuerda.
Un día asistió a una exposición de calzado en Atlanta. Ahí observó la organización de la feria, dividida por las características del calzado: para escalar, correr, jugar basquetbol, voleibol y otras actividades.

En la sección dedicada al tenis aparecía la palabra “court”, que significa “cancha” en inglés y se refiere al espacio donde se practica ese deporte.
Regresó con el folleto de la exposición y decidió que su marca sería Court. Así, hace poco más de 30 años, nació Tenis Court.
Su padre, Cecilio Mares Flores, vivió el crecimiento de Tenis Court.

A los 80 años, todavía proyectaba instalar un negocio en Houston, recordó su hija Martha Graciela.
Falleció en 2012, a los 84 años, en su casa de Bosque 230.
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