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Historia 419

Esta es la historia 419 de 450 que te contaremos sobre León

Cuando fray Daniel Mireles llegó al barrio de San Francisco del Coecillo, encontró un lugar donde las riñas en las calles formaban parte de la vida diaria. Había bandos que peleaban por sus territorios. El Coecillo tenía fama de “bravío”.

Los niños trabajaban desde pequeños para aportar dinero a sus familias. La mayor parte de la población se ocupaba en la curtiduría, la fabricación de calzado, la construcción y el tejido y teñido de rebozos.

Fray Daniel pensó que la educación era una forma de mejorar las condiciones de las familias. Construyó un instituto, un hospital y un teatro. Impulsó actividades culturales y sociales, formó grupos de catecismo y sumó a benefactores.

Daniel Mireles García nació en 1894 en una comunidad de Yuriria. Padeció malaria durante su infancia, enfermedad que le dejó marcas en el rostro.

Quedó huérfano junto con su hermano mayor, Ernesto. A los 12 años lo acogió un tío, quien le enseñó a recoger frutos, puyar los bueyes y trabajar la tierra.

Con un anciano aprendió las primeras letras y las operaciones elementales de aritmética.

Su vida cambió cuando llegó a Caracheo, cerca de Cortazar. Allí conoció a Clara y Mary Silva, dos hermanas con recursos económicos que lo adoptaron.

Las hermanas eran devotas y transmitieron a Daniel su práctica religiosa.

Decide ser franciscano

Cortazar tenía presencia franciscana. Los frailes recorrían las comunidades a pie.

Daniel comenzó su formación religiosa y, junto con otros compañeros, iba a Jerécuaro, Chupícuaro, Tarandacuao y Parácuaro para evangelizar.

No hay referencias sobre sus estudios en la congregación sino hasta 1921, cuando regresó a Cortazar ya ordenado sacerdote y celebró su primera misa.

Días después fue enviado a la parroquia de Nuestra Señora del Refugio, en Acámbaro.

Durante la Guerra Cristera estuvo en la parroquia de Guadalupe, en Texas. Allí conoció a personas que posteriormente fueron benefactores de las obras que impulsó en El Coecillo.

A su regreso, fue enviado a varios templos hasta recibir la orden de trasladarse a San Francisco del Coecillo, en León.

La casa franciscana del Coecillo había sido construida a finales del siglo XVIII. El templo atendía a los habitantes del barrio y, en la parte posterior, había un panteón donde eran sepultados los frailes.

A su llegada, fray Daniel encontró que pocos niños acudían a la escuela, describe Felipe Aguilera Azpeitia en una biografía del fraile publicada en 2004.

En esa época, el gobierno instaló una comisaría para imponer orden, mientras los franciscanos buscaban otra forma de intervenir: la educación.

Fray Daniel buscó un espacio para establecer una escuela.

Primero utilizó un solar ubicado detrás de la capilla de San Antonio.

Luego encontró un sitio más adecuado: la casona de Rita Castro y Flores Bárcenas, en la avenida San Juan. Tenía una huerta y dos salones grandes a la entrada.

En 1941 comenzó formalmente la escuela primaria Fray Pedro de Gante, en la casa de Rita.

La norma de la institución era formar hombres libres para Dios y para la patria.

La escuela recibió alumnos de El Coecillo y de otras zonas de León. Después de dos o tres años, fue necesario buscar un lugar más grande.

Lo encontró en la calle Jalapa. Fue entonces cuando fray Daniel buscó la incorporación oficial de la escuela y logró el apoyo del profesor José Lira Arroyo.

La incorporación fue otorgada en 1947.

La formación no se limitaba a las materias escolares. La religión y el civismo estaban presentes.

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El barrio y las calles

Junto con otros sacerdotes, visitaba las llamadas picas. Una de las acciones que promovieron fue pedir a los trabajadores que rezaran el Ángelus a las 12 del día.

Según los testimonios reunidos por Felipe Aguilera, las calles podían convertirse en lugares de enfrentamiento. En algunas ocasiones, cuando grupos de hombres discutían y sacaban sus cuchillas y herramientas, la presencia de fray Daniel o de otro sacerdote detenía la disputa.

El hábito franciscano y un sombrero blanco de palma distinguían al fraile.

Un sanatorio para el barrio

El Coecillo carecía de atención médica. Aguilera Azpeitia escribió que solamente había un médico para atender a la población.

Una propiedad anexa al convento tenía espacio para instalar un pequeño sanatorio. Fray Daniel y sus compañeros trabajaron durante seis meses en su acondicionamiento.

Recibieron apoyo de religiosas, médicos del Hospital General que no cobraban y personas que aportaron recursos para reunir el mobiliario.

Así nació el Sanatorio San Francisco, en la calle Héroes de la Independencia.

La atención estaba destinada a cualquier persona, sin importar su situación económica o procedencia.

El sanatorio recibió donativos de familias, instituciones y personas relacionadas con fray Daniel fuera de la ciudad y del país.

Entre los benefactores mencionados en los apuntes están los nombres de Graciela de María González y el doctor Carlos Landín.

El sanatorio creció y se trasladó a un espacio más amplio. Actualmente se encuentra en la calle Acapulco.

Cine, teatro y kermeses

Fray Daniel recurrió también a actividades culturales para obtener recursos.

Llevó el cine al Coecillo. Organizó kermeses, zarzuelas y pastorelas. Lo recaudado se destinaba a las obras.

Construyó el teatro Fray Pedro de Gante, junto al templo, con capacidad para unas 300 personas. Creó centros de catecismo en casas particulares y formó un coro infantil.

La actividad de fray Daniel también llegó a comunidades rurales de León. Entre ellas, Duarte, La Laborcita, Otates, Comanja y Comanjilla.

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El proyecto que dio paso al Instituto Leonés

Su proyecto de mayor alcance comenzó con la donación de seis hectáreas.

Francisco Lozornio Castillo donó un terreno para construir la escuela. A la causa se sumó la familia Palomares, del Coecillo.

Fray Daniel Mireles proyectaba una escuela de filosofía, pero aceptó la orden de sus superiores de construir un centro educativo. La obra comenzó en agosto de 1945.

Fray Daniel ya no estaba en León cuando concluyó la obra. El Instituto Leonés fue inaugurado en 1954.

En octubre de 1953, fray Daniel Mireles recibió la orden de trasladarse a Morelia. Habían pasado 16 años desde su llegada a León.

La capilla de la congregación franciscana, situada en el segundo piso del I. Leonés. Foto: Mónica Ávila

Al despedirse de El Coecillo, dijo a las familias: “Mi corazón no es tan grande para que quepan todos, pero buscaré la forma de que nunca me olviden”.

De Morelia siguió a Acámbaro, Santa Cruz de Juventino Rosas y Salvatierra. Finalmente, regresó a Cortazar.

Falleció en agosto de 1958, en la casa de la familia que lo adoptó.

En 1973, las autoridades leonesas acordaron perpetuar su nombre. A partir de septiembre de ese año, la calle llamada Aguacate recibió el nombre de Fray Daniel Mireles.

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