Mediante sensaciones y ambientes abstractos, la hispano-chilena Lorena Barros, artista abstracta, busca mediante materiales reciclados y profundidad de matices, dar a conocer el arte abstracto al público, sumergiéndolos en sus experiencias y vivencias hechas pintura.
Con alma gallega, la firma de la pintora es “Loba”, juego de letras que se forma tomando las primeras sílabas de Lorena Barros. En entrevista con el periódico AM, la artista abstracta expresó sus inquietudes y explicó cómo aborda las emociones que su obra origina.
Nací en Villa del Mar, Chile, pero tengo nacionalidad española. Al final no tengo acento de ningún lado. Estoy mezclada, y viviendo tantos años en México, anteriormente viví en Ciudad de México 15 años, en León llevo otros 15 años.
Soy Lorena Barros, me dedico al mundo abstracto. La gran tarea aquí es dar a conocer el arte abstracto para que llegue a la gente”, explicó la pintora mostrando el área de trabajo en su estudio.

¿Qué tipo de técnica utilizas?
Utilizo muchísimos materiales diferentes, incluso materiales de construcción, basura, lo que encuentro por ahí, residuos duros, desechos, vamos, de todo.
¿Cómo te defines artísticamente hablando?
Me defino como una artista abstracta, que intenta a través de este mundo transmitir emociones y sentimientos.
Eso es lo que me mueve en el mundo abstracto. Me ha dado una herramienta para poder transmitir emociones.
Tu acercamiento al arte, ¿Cómo inicia?
Mi acercamiento al arte se inicia desde muy temprana edad. Tengo una tía que es escultora. Desde niños nos enviaban en vacaciones a su taller. Teníamos contacto directo con los elementos, sobre todo con el barro, el metal y la piedra.
Creo que esto marcó mucho mi trabajo, aunque yo realmente soy un artista muy joven. Durante mi vida me dediqué a otras cosas. Una vez jubilada, llegó mi momento. Este es mi momento y voy a dedicarme a probar lo que traigo dentro.
Plasmar en físico todo pensamiento que muchas veces no deja dormir. Las musas que llaman.

¿Qué formación artística tienes?
Tengo formación como diseñadora, pero realmente como diseñadora nunca llegué a pintar.
Ha sido hasta que he colgado mi profesión, que me he sentido en la libertad de poder expresar lo que traía guardado.
¿Qué diferencia encuentras entre el arte y el diseño? ¿Por qué te expresas mejor en el arte que en el diseño?
Porque el diseño es mucho más estructurado, ¿vale? Tú en el diseño normalmente trabajas por encargo, eso te condiciona en el trabajo que vas a realizar. Además, el diseño tiene que estar acorde a lo que quiere el cliente.
En el arte no; aquí saco el pensamiento, desarrollo y expreso, sin ninguna regla. Las reglas las pone el lienzo.
¿Cómo sería el proceso de una de tus obras?
Tengo una serie que se llama Huellas, donde intento plasmar todo tipo de huellas, pero sobre todo las huellas que nosotros como seres humanos decidimos dejar en el planeta.
Tenemos que entender que ya traemos una huella de nuestros ancestros, es ahí donde comienzo a manejar materiales y nace la serie y la obra; esa es más o menos la idea.

¿Qué es lo que te inspira?
Básicamente me inspira la vida, experiencias, malos momentos. Lo que más inspira es cuando algo te llama la atención y te da que pensar.
Tengo una serie que trata de iluminar lo que no vemos. Es la serie Lunas, donde he tratado de retratar lunas del sistema solar que no vemos porque no tenemos esa capacidad, pero ahí están.
¿Qué música te ayuda a aterrizar las ideas?
Me ayuda trabajar en un patio, escuchar los elementos, el movimiento de los árboles y el ruido de sus hojas. Son cosas que me han cautivado desde pequeña.
Cuando el viento mueve las hojas es un lenguaje. No es lo mismo percibir una hoja de palmera que una de abedul. El ruido de la lluvia, truenos, tormentas, cosas fuertes como esas me ponen pila.
La música ayuda, pero melodías demasiado fuertes te desenfocan de lo que estás haciendo. Para mí lo ideal es trabajar en un patio, bajo la naturaleza.
Tus pasiones, además del arte, ¿Cuáles son?
La jardinería. Tengo un jardín en casa, me gusta hacer almácigos, desde plantar las semillas, ver ese milagro de la vida.
Es algo que me maravilla y todo lo que conlleva: los insectos, las flores, la vegetación. Digo, si no hubiese sido pintora, hubiese sido jardinera.

¿Qué tipo de materiales son los que recoges e incluyes en tu obra?
En mis obras utilizo desechos, cosas que encuentro tiradas, arena, tierra, polvo de mármol, papel, cartón, hierro y latas.
¿Cómo integras esos materiales en tu trabajo?
Creo que todo esto se une a través de la belleza. Para mí la belleza es un elemento importante. ¿Cómo transformar algo tirado en algo bello?
En la exposición que tuve en Venecia me preguntaban: “¿cómo puedes ver en tu obra armonía y distorsión?”. Todo está porque al final la belleza se encuentra en lo imperfecto.
Con tu obra, ¿qué buscas provocar en el público?
No busco provocar, sino que la gente piense. Que transmita algo cuando lo ves, que piensen: ¿qué te llevó a hacer eso? Eso es lo que intento.
Tengo una obra que ya es antigua, en donde la idea fue poder reproducir la imagen de un lametazo. La obra se llama Lamiendo el Placer.
Todo el público adulto, sobre todo masculino, ve placer sexual. En una exposición en Guanajuato, llegó una madre con un niño, de unos 9 años, y cuando vio el cuadro dijo: “¡mamá, mira ese soy yo comiendo helado!”. Placer; al final eso es placer.

¿Has explorado algunas otras facetas del arte?
Sí, la escultura, indudablemente el barro. La cerámica es algo que he hecho y que he explorado y me encanta. Muchos de mis cuadros están hechos a mano, no hay pincel.
Es simplemente las manos, es el placer de sentir el material. Es lo que siento, dependiendo del volumen que tenga, el color y cómo se desliza, las sensaciones te van marcando.
De las exposiciones que has realizado, ¿cuáles son las que destacas?
Hubo una en el Museo Iconográfico en Guanajuato, donde me dieron una sala con una pared de fondo muy alta. Cuando la vi, pensé: “eso perfectamente podría ser una capilla”. De ahí nació la serie que se llama Ascensión.
He expuesto en el Museo de la Ciudad de León, Nueva York, Madrid y en Venecia, en la galería Palazzo Pisoni – Revedin, que es de las muestras que más me ha tocado. Venecia es mágico.
Son de esos lugares que debes conocer alguna vez en tu vida. Es un mundo diferente; para mí fue una vibración de alegría mayúscula.
¿Cómo percibes los espacios de arte en la ciudad de León?
Conozco a muchos artistas aquí, a grandes artistas. Pero veo que falta reconocimiento al artista local. Faltan quizás más salas de exposición públicas que le den importancia al artista.
Hay muchos que tienen que salir de la ciudad para ser conocidos. Creo que falta presupuesto, tiene que haber una intención.
Algo que veo en Europa y que aquí no: en el British Museum en Londres, en el Museo del Prado o en Italia, hay maestras de niños, incluso de kínder, por los pasillos, con pequeños sentaditos en el suelo reproduciendo obras de arte.
Con esto se va poniendo una semilla, absolutamente. Siempre hago el periplo de los museos a las ciudades que voy. Esto solo lo ves en Europa, ni siquiera lo ves en Estados Unidos, que tienen grandes museos.
Más obras de la artista:
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DMG



