León, Guanajuato.- La llegada de María de la Luz a México, con su proyecto Quediostesalve, su tour y su disco “DELALUZ”, marca la culminación de un proceso creativo profundamente personal.
Más que una serie de conciertos, la gira representa una experiencia sensorial y catártica que acompaña a su segundo disco, una obra donde la herida no se oculta, sino que se habita, se confronta y se transforma.
En entrevista con AM, María de la Luz compartió el trasfondo emocional, sonoro y simbólico de este proyecto que consolida una nueva etapa artística.
P: “DELALUZ” nace desde la herida y la memoria personal. ¿En qué momento sentiste que estabas lista para hacer pública esa historia íntima?
R: Desde que comencé el disco pensé que sería como el lado B de María, mi primer álbum. De la Luz es mi segundo nombre, es mi sombra, el lado que nadie ve, el nombre que nunca uso. Nombrarlo fue una forma de aceptar esa parte y traerla al frente.
El disco tiene una estructura casi terapéutica. ¿Cómo fue el proceso emocional de habitar estas canciones hasta llevarlas al escenario?
Fue reencontrarme con una herida y con un dolor que cada vez se siente distinto. Es vulnerable, intenso y visceral, sin medias tintas. Cada vez que lo canto cambia la forma en que lo siento.

P: En este álbum el amor no aparece como salvación, sino como un espejo. ¿Qué aprendiste sobre el amor y sobre ti misma?
R: Aprendí que el amor no es solo algo mágico, es profundo, y eso inevitablemente te obliga a mirarte hacia dentro, a ver tus sombras y las del otro. El amor tiene mil formas y no puede ser solo una construcción cultural. A veces creemos que el amor llega a salvarnos, pero aunque un vínculo puede ser cuidado y contención, la luz tiene que emanar desde uno mismo. Ahí entiendes que el primer amor es contigo.
P: Sonoramente el proyecto es más oscuro, electrónico y cinematográfico. ¿Cómo dialoga este lenguaje con tu interés por el cine?
R: El sonido del disco está pensado como una experiencia inmersiva, algo que se te cuele en el cuerpo y te posicione. En el escenario te obliga a moverte, aunque sea incómodo, como lo hace el cine. Te identificas y atraviesas muchas emociones al mismo tiempo.

P: La figura del arlequín atraviesa la narrativa visual del disco. ¿Qué significa usar la máscara para dejar de ser víctima?
R: Siempre he usado el humor y ser “la graciosa” para ocultar el dolor. Hace no mucho entendí que no debe dar vergüenza pasarlo mal, que también está bien no estar bien. Más que tomar el control, es soltarlo. El arlequín se burla no solo de mí, sino de todos los que nos hemos sentido víctimas de lo que nos pasa, cuando muchas veces tiene que ver con nuestras propias decisiones.

P: “DELALUZ” cierra un ciclo iniciado con tu disco debut. ¿Desde dónde nace tu siguiente etapa creativa?
R: Comprender es solo el primer paso. No significa que todo esté resuelto; sostenerlo es lo más difícil. Ya estoy escribiendo nuevas canciones y, como siempre, hablan de lo que me atraviesa. Hoy el mundo vive un momento complejo, donde la verdad parece depender del poder. Por eso es clave mantener lo comunitario, lo amoroso, estar juntos y, como artistas, hablar por quienes no pueden.
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