León, Guanajuato.- El deseo, la rutina y los secretos de pareja subieron al escenario del Teatro Manuel Doblado con “La Obscenidad de la carne”, una obra que llevó al público por un juego de seducción, tensión psicológica y decisiones que pusieron a prueba los límites del amor.
El teatro, entre la expectativa y los contratiempos
Cerca de 500 personas llegaron al Teatro Manuel Doblado para presenciar la primera función de “La Obscenidad de la carne”, una propuesta protagonizada por Jorge Salinas, Ana Patricia Rojo, William Valdés y Sugey Ábrego, bajo la dirección y autoría de Esteban Román.

La expectativa por ver a este elenco reunido en el escenario comenzó a mezclarse con algunos contratiempos desde el acceso.
Los lectores de códigos QR presentaron fallas con los boletos digitales, situación que provocó inconformidad entre algunos asistentes y obligó a permitir el ingreso del público de manera libre. Quienes llevaban boletos físicos no tuvieron ese inconveniente.

Una vez dentro, también hubo desconcierto cuando algunas personas ocuparon espacios destinados a personas con discapacidad, pese a contar con entradas de otras localidades.
Superados los inconvenientes, el público comenzó a acomodarse en sus lugares.
A las 6:30 de la tarde, las luces bajaron y el telón se abrió para presentar a los cuatro protagonistas. La aparición del elenco fue recibida con una ovación, dando paso a una historia que pronto encontró complicidad con los asistentes.

Entre algunos chascarrillos y referencias a León, los actores consiguieron romper el hielo y conectar con la audiencia, que se adentró poco a poco en una trama donde el humor inicial fue dando paso a situaciones cada vez más incómodas e intensas.
Cuando la rutina deja de ser suficiente
Carlos (William Valdés) y Ana (Sugey Ábrego) representan a un matrimonio convencional que, después de años de relación, enfrenta el desgaste de la monotonía y la pérdida de pasión.
En busca de recuperar aquello que parece haberse apagado entre ellos, aceptan salir de su zona de confort y visitar un bar swinger.

Ahí conocen a Amadeus (Jorge Salinas) y Carmín (Ana Patricia Rojo), una pareja que los invita a participar en una dinámica de retos íntimos y juegos de cartas que, en apariencia, no parecen representar mayor peligro.
Sin embargo, lo que comienza como una velada de curiosidad y exploración pronto se transforma en un juego de confrontación psicológica.
Las reglas cambian, las provocaciones suben de tono y los secretos, las frustraciones y las heridas que permanecían ocultas comienzan a salir a la superficie.
La obra plantea entonces una pregunta incómoda: ¿hasta dónde puede llegar una persona para recuperar el amor, el deseo y esa versión de sí misma que alguna vez se sintió plenamente correspondida?

Entre el erotismo y las heridas emocionales
Con escenas de alta tensión dramática, gritos, provocaciones y exposición física parcial, trabajada desde la propuesta escénica, “La Obscenidad de la carne” apuesta por sacudir al espectador y llevarlo más allá de una historia de encuentros sexuales.
El erotismo funciona como detonante de una discusión mucho más profunda sobre la comunicación, la confianza y el consentimiento dentro de una relación; También pone sobre la mesa las decisiones que se toman cuando el miedo a perder a alguien pesa más que la propia estabilidad emocional.

La intensidad de algunas escenas provoca reacciones diversas, pues mientras la propuesta apuesta por mantener al público atento mediante el ritmo, las situaciones provocadoras y los giros dramáticos, también lo enfrenta con temas que pueden resultar incómodos para ciertos espectadores.
Es así como la puesta en escena convierte el escenario en un espacio para explorar las contradicciones de las relaciones humanas: el deseo de experimentar, la necesidad de sentirse amado y las consecuencias de cruzar límites que, una vez rebasados, pueden cambiarlo todo.
*Fotos: Gerardo García*





