Guanajuato capital.- Estudiar implica, para muchos jóvenes foráneos, un reto adicional más allá de las aulas: encontrar un lugar donde vivir sin que el costo de la renta en Guanajuato capital rebase sus posibilidades.
En zonas cercanas a escuelas de la Universidad de Guanajuato, los precios de habitaciones para estudiantes pueden ir desde mil hasta más de cinco mil pesos mensuales, dependiendo del tamaño del cuarto, si cuenta con baño propio y los servicios incluidos.
Las zonas con mayor presencia de estudiantes que buscan alojamiento son el Centro Histórico, donde se concentran varias sedes universitarias; Noria Alta, cercana a las facultades de Química y Enfermería; y Marfil, donde se ubica la Escuela de Diseño.
Aun así, prácticamente en toda la ciudad se observan anuncios de “Se renta cuarto para estudiantes”.
Para algunos jóvenes, la experiencia ha sido positiva. Samantha Ortiz, estudiante de Diseño en sus últimos años de carrera, cuenta que desde antes de mudarse comenzó a buscar opciones en redes sociales.
Desde que decidí venirme a estudiar empecé a buscar en grupos. El primer lugar donde viví me costaba dos mil pesos por una habitación sola, aunque compartimos baño, cocina, sala y comedor”, relata.
Tiempo después tuvo que cambiarse, pero encontró un espacio con condiciones similares y pagando prácticamente lo mismo. “Seguí pagando dos mil pesos y, en mi opinión, el costo era justo por el espacio y la ubicación”, comenta.
Para José Luis Martínez, estudiante de Arquitectura originario de Irapuato, conseguir alojamiento también fue relativamente sencillo gracias a recomendaciones de familiares. El cuarto que encontró medía aproximadamente dos metros por tres y pagaba mil 200 pesos al mes.
“Éramos cuatro estudiantes en la casa y casi todos pagabamos lo mismo. Sólo uno pagaba dos mil pesos, pero ya con luz, agua, gas e internet incluidos”, explica.
Sin embargo, el espacio era reducido y todos compartían un solo baño. Además, la vivienda era una casa antigua del centro que recibía poco mantenimiento. “Las paredes estaban húmedas y a veces salían arañas o alacranes”, recuerda.
Isabel Ramírez, estudiante de Enfermería, encontró lugar en una casa exclusiva para mujeres donde el precio variaba según el tamaño del cuarto. Las habitaciones amplias con baño propio costaban entre tres mil 500 y cinco mil pesos, mientras que los cuartos pequeños sin baño se rentaban entre mil 150 y dos mil, una situación compleja dado que el presupuesto de la UG ha sufrido recortes que afectan las becas de apoyo.
El problema eran las reglas. Después de las nueve de la noche cerraban la puerta y si llegábamos tarde a veces no nos querían abrir”, señala. También recibían llamados de atención por el uso de internet, luz o gas, por lo que decidió mudarse con una amiga a una casa fuera del centro, aunque eso implicó gastar más en transporte.
Del lado de los propietarios, algunos señalan que rentar a estudiantes también implica responsabilidades.
Concepción Gutiérrez, quien lleva más de diez años ofreciendo habitaciones, explica que este ingreso complementa su pensión. “Rento cinco cuartos que van de dos mil a tres mil 500 pesos dependiendo el tamaño. Incluso les doy comida por 200 pesos a la semana”, comenta.
No todos han tenido experiencias positivas. Juan Pérez decidió dejar de rentar su vivienda a estudiantes y convertirla en alojamiento temporal a través de Airbnb.
Tuve daños en la casa y reportes por fiestas. Una vez un joven se puso muy mal por tomar alcohol y sus papás querían responsabilizarme”, relata.
Para varios propietarios, los costos también responden al desgaste de las viviendas.
“Muchos estudiantes no cuidan los espacios: rompen cosas o desperdician agua y gas”, concluye.
Así, entre precios variables, espacios reducidos y reglas estrictas, encontrar vivienda sigue siendo uno de los principales desafíos para quienes llegan a estudiar a la capital del estado.
AAK