Como la casa de la abuela que siempre está abierta para que calmen su sed y hambre los que por ahí pasen, así es “El Puerto del Buen Abrigo”, libro donde Josefina Villalobos de Anchondo relata sus vivencias transcurridas en varios pueblos de Chihuahua.
Son 44 relatos, pero sólo basta leer 3 o 4 para entusiasmarse, y literalmente “beberse” los demás como si fueran agua fresca. Una de las historias le da nombre al texto presentado ayer en el Mesón de San Antonio como parte de la Feria del Libro, del mismo se transcriben las siguientes líneas: “Mamá Yía predicaba con el ejemplo, siempre nos decía cuando llegue un caminante a las puertas de tu casa, franquea la puerta, hazlo pasar, ofrécele un banco y sírvele un vaso de agua fresca, mientras le preguntas de dónde viene y hacia dónde camina, calienta las tortillas y los frijoles o lo que tengas de comida, lo sientas en la mesa y le sirves; cuando haya descansado y se disponga a irse, llénale de agua su carabañola para que no pase sed mientras llega a otro caserío, ese caminante seguirá su ruta, bendecirá tu casa y pensará siempre ‘estuve en El Puerto del Buen Abrigo’…
En otro de los relatos; “Las Cosas del Otro Mundo”, doña Josefina -de 83 años- cuenta cómo, a los 5 años de edad visitó un pueblo cercano a su rancho, y cómo se sorprendió al conocer la luz eléctrica.
El texto, del que sólo se imprimieron 200 ejemplares, fue presentado por Hilda Anchondo Villalobos, Enrique Avilés y Mauricio Vázquez.

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