El arte de la alfarería poco a poco se ha ido perdiendo en la ciudad de Guanajuato, actualmente son escasos los artesanos del barro que continúan creando arte con sus manos.
Uno de los oficios y expresiones artísticas más antiguas de la humanidad continúa perdiendo su tradición, las nuevas tecnologías han acabado con el negocio de la cerámica, que solamente vive de sus figurillas de ornato.
El barrio de San Clemente y San Luisito era famoso por sus hábiles artesanos, hoy en día sólo sobrevive un taller donde trabajan dos artistas que se rehúsan a perder sus tradiciones, orgullosos de representar a los últimos alfareros de Guanajuato.
Maximino Torres y Luis Juárez han dedicado su vida a la alfarería, desde que eran niños iniciaron como ayudantes de patio en los talleres del barrio y poco a poco fueron aprendiendo tan gratificante oficio.
Estos longevos artistas siguen utilizando las técnicas con los que aprendieron el oficio, un viejo torno de madera a base de pedal, un pedazo de hilo, una pequeña lámina de metal y sus manos, que son la herramienta más eficaz para crear increíbles obras de arte en cuestión de minutos.
“Yo nací siendo un alfarero, somos hombres que nacimos del barro, porque hay que recordar que la tierra es vida… y mis dos manos son mis únicas herramientas”, afirma don Luis, quien desde que tenía 8 años inició en la alfarería, además de ser un artista del barro, es un amante de la poesía.
El taller de don Maximino inició con 7 alfareros y su trabajo fue reconocido en todo el país e incluso en Estados Unidos y Guatemala, hoy, a sus 73 años, sólo continúa trabajando al lado de su entrañable amigo Luis, y juntos mantienen vivo el espíritu artístico de los alfareros en esta ciudad.

EL PROCESO DE ELABORACIÓN

El barro que utilizan los artesanos proviene de sitios como Santa Rosa, después de su recolección, generalmente se deja reposar en pilas con agua hasta que se seca, posteriormente se amasa con agua hasta lograr una consistencia como la plastilina.
Así se toma una bola de barro que se va moldeando con las manos sobre un torno que gira mediante el movimiento de los pies, con las manos mojadas los artesanos crean platos, vasos, floreros e infinidad de obras de arte.
Una vez que el barro toma la forma deseada, se deja secar en la sombra, posteriormente se aplica un barniz que funciona como impermeabilizante, al final, la pieza se hornea para que tenga una fuerte consistencia y no se desmorone durante su uso.

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