Guanajuato.- Ser maestro de niños con discapacidad implica enfrentar retos diarios, como enseñar un mismo tema a alumnos con autismo, síndrome de Down, discapacidad intelectual o sordera, además de adaptar los planes de estudio a las capacidades y ritmos de aprendizaje de cada estudiante.

En entrevista con AM, Ma. de los Ángeles Segoviano Valtierra y Jesús Octavio Barajas Prado, maestros del Centro de Atención Múltiple (CAM) Prof. Rafael Guerrero Vidrio, en León, compartieron los desafíos de la educación especial con motivo del Día del Maestro en Guanajuato. Ambos coincidieron en que esta labor requiere amor, dedicación, paciencia y vocación.

Hermano la motivó a ser maestra

La maestra Ángeles, psicóloga de profesión y egresada de la Facultad de Psicología de la Universidad de Guanajuato (UG), contó que su hermano Beto, de 41 años y con síndrome de Down, fue una de sus principales motivaciones para dedicarse a la educación especial.

“Cuando inicia el ciclo escolar platico con las mamás y les comparto que las entiendo porque tengo un hermano con síndrome de Down. Para mí, mi mamá, que en paz descanse, fue la mejor mamá de un hijo con discapacidad.

Ma. de los Ángeles Segoviano Valtierra explica su vocación por la enseñanza especial debido a que tiene un hermano con síndrome de Down. Foto: Gerardo García

“Lo que me mueve más que nada es que tengo un hermano Down y veo a mis alumnos, y es como ver a mi hermano. Los ves con amor y uno quisiera darles más, y lo que tengo es mi vocación, porque cuando te levantas con ganas de ir a trabajar es vocación, y es tener empatía con las mamás de mis alumnos”, expresó.

La docente compartió que en noviembre cumplirá 25 años de servicio en el CAM Prof. Rafael Guerrero Vidrio, ubicado en la colonia Jardines de Jerez, donde actualmente imparte sexto grado a 15 alumnos.

“Estos se me multiplican por 45, porque es estar dirigiendo las actividades, apoyar al que no puede, a quien está en silla de ruedas, y enseñar a niños con capacidades diferentes, como síndrome de Down, autismo y discapacidad intelectual. Por eso es Centro de Atención Múltiple, porque se atiende a niños con diferentes condiciones.

La maestra cumple en noviembre 25 años de servicio. Foto: Gerardo García

“Tengo rasgos como de hiperactividad y eso es lo que me ayuda a estar siempre muy activa. Además, en educación especial no puedes estar sentada como en educación regular, porque la atención es más personalizada e individual”, explicó.

La maestra comentó que, para que sus alumnos logren los objetivos de aprendizaje en todas las materias, realiza ajustes en las actividades. Estas deben ser lúdicas y muy visuales para facilitar la comprensión.

Entre sus principales herramientas de enseñanza están los videos didácticos, que relaciona con el tema que abordará. También usa un vocabulario sencillo, que todos los alumnos puedan entender, debido a que los periodos de atención de los niños con discapacidad suelen ser cortos.

“Por ejemplo, si estoy hablando del mar, ambiento el salón como el mar; si hablamos del circo, lo ambiento como tal, y si hablo de animales de la selva, el salón se convierte en selva, porque solamente así los niños van a aprender.

Explica los diferentes métodos que tiene que aplicar para enseñar. Foto: Gerardo García

“Estuve muchos años en preescolar porque me gustaban los niños chiquitos, pero estoy muy alta y para realizar las actividades no puedo estar sentada, porque son mini banquitas y mesitas, y siempre estaba agachada. Debido a esto tuve una lesión en la espalda”, recordó.

Este es el segundo año que la maestra Ángeles tiene un grupo de niños más grandes, a quienes también enseña habilidades socioadaptativas. El objetivo, explicó, es que los alumnos logren ser independientes y autónomos, porque no siempre dependerán de mamá y papá.

Señalan demanda y pocos espacios

La docente, de 52 años, destacó que el principal reto del maestro de educación especial es lograr que todos los alumnos adquieran los aprendizajes establecidos en los planes de estudio. Sin embargo, reconoció que a veces esto no es posible por el nivel cognitivo de cada niño.

“Como docente trato de cubrir todo lo que me están pidiendo, pero lamentablemente hay mucha demanda. No sé qué pasa, porque hay un boom de autistas y no alcanzamos a cubrir toda la demanda, porque las características de los niños son especiales.

“Uno quisiera, pero no podemos atender a más de 15 alumnos por grupo. Hay escuelas regulares que tienen muchos niños detectados y los quieren ingresar a un CAM, pero no hay espacio porque hay pocos CAM y hay mucha demanda. Ese es otro reto”, apuntó.

Ángeles compartió que realiza sus actividades con la esperanza de que sus alumnos aprendan algo de lo que les enseña. También exhortó a quienes aspiran a estudiar educación especial a estar conscientes del compromiso que implica enseñar a niños con discapacidad.

“Me siento una maestra responsable y comprometida. Este puesto o profesión no es para estar sentado con el celular en la mano. Me gusta lo que hago. Ser maestra de educación especial es más amor y vocación”, concluyó.

“Tienes que ser como papá o mamá”

Para Jesús Octavio Barajas Prado, egresado de la Escuela Normal Superior, sede Guanajuato capital, ser maestro es una profesión difícil, pero muy gratificante. Desde hace 15 años desempeña esta labor con dedicación y gusto en el CAM Prof. Rafael Guerrero Vidrio.

Recordó que decidió dedicarse a la docencia inspirado por sus dos hermanos, quienes también son maestros. Actualmente imparte primero de secundaria a 15 estudiantes.

“Tuve la oportunidad de ir varias veces con uno de mis hermanos a la comunidad donde daba clases de primaria. Ahí tuve mi primer acercamiento y motivación a la docencia.

Jesús Octavio Barajas Prado, egresado de la Escuela Normal Superior en Guanajuato capital. Foto: Gerardo García

“La escuela era un cuarto con un techo de lámina, un agujero en la pared y se veían los animales del campo. Las bancas estaban viejitas y mi hermano ahí, dando clases. Siento que esa fue mi motivación”, platicó.

El maestro Jesús formó parte de la última generación de bachillerato pedagógico en la Benemérita y Centenaria Escuela Normal Oficial de Guanajuato. Al concluir esos estudios, ingresó a la Normal Superior, donde las especialidades son para trabajar con alumnos de secundaria.

“Elegí la especialidad de Psicología Educativa y terminé mis estudios. Cuando presenté mi examen de admisión para la plaza, ese perfil que tenía daba para ser maestro de educación especial. Cuando llegué a mi lugar de asignación, no entré como psicólogo, sino como maestro de educación especial”, contó.

Su trayectoria comenzó como maestro de una Unidad de Servicios de Apoyo a la Educación Regular (USAER), en una comunidad de San Luis de la Paz. Ahí trabajó con niños con discapacidad o problemas de aprendizaje en preescolares, primarias y secundarias.

Su interés por la educación fue debido a que sus hermanos son maestros. Foto: Gerardo García

Jesús enfatizó que uno de los mayores retos para los maestros de educación especial es ajustar los contenidos y aprendizajes a las capacidades de cada estudiante.

“No todos pueden trabajar lo mismo por la condición de discapacidad que tienen, su nivel de comprensión y su ritmo de aprendizaje. Debo hacer ajustes y estrategias para que cada uno aprenda lo mismo, pero con la necesidad que cada uno tiene.

“Hay estudiantes que para aprender necesitan imágenes u otros materiales. O si alguien es sordo, necesitas enseñarle con señas e imágenes. Este trabajo es eso: lograr que mis alumnos adquieran el aprendizaje que tengo en mi planeación”, resaltó.

El maestro compartió que tiene un alumno con síndrome de Down que es sordo, quien no ha sido estimulado de la manera correcta porque sus papás y hermanas no han tenido interés en aprender lengua de señas.

La trabajadora social del CAM consiguió un taller para los papás, pero la familia no lo aceptó porque era en línea y ellos querían uno presencial, comentó el docente.

Lamenta que las familias no se interesan en la educación de sus hijos. Foto: Gerardo García

“Su familia se comunica con él con señas no convencionales, y yo trato de enseñarle su nombre con lengua de señas y algunas indicaciones como: siéntate, tranquilo y espera. Las está aprendiendo, pero él y toda su familia necesitan aprender este lenguaje”, destacó.

Jesús lamentó que, en ocasiones, los padres de niños con discapacidad muestran poco interés en la educación de sus hijos o tienen expectativas muy bajas sobre lo que pueden aprender y lograr en la escuela. Por eso, dijo, una de sus mayores satisfacciones es ver los avances de sus alumnos.

“Siempre vengo contento a mi trabajo, vengo feliz a la escuela a trabajar y eso se refleja en mis alumnos. Para mí, ser maestro es algo que se hace no nada más con vocación, sino con alegría, motivación y ganas.

“Tienes que ser como un papá o una mamá, porque hay niños que no tienen papás y aquí cumples esa función. Es una profesión muy difícil, pero muy gratificante, y ser maestro para mí es de las mejores profesiones que hay”, expresó.

HLL

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