Opinión

Infame Skate

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Por: Víctor Eduardo Galván

Entre platica con un patinador local, surgió el tema del estereotipo que se tiene hacia quienes convirtieron a la tabla y ruedas en parte de su vida cotidiana y una extensión de sus piernas.

Dicho estereotipo ha sido impulsado por el estilo de vida de los mismos, sin embargo en Estados Unidos, la industria del skate ha hecho mucho al respecto pues son empresas que llevan una relación directa con el público.

En lugar de preocuparse por eliminar o moldear la mala imagen de los patinadores, se han encargado de reforzarla diciendo que si no les agrada que sean pachecos, vagos y demás no tienen de otra, deben aceptarlos y convivir con ellos.

Es difícil encontrar un mercado de productos que se lancen a utilizar elementos un tanto “mal vistos” por la sociedad como mercancía; ahí es donde entra la industria del skate como pionera donde las marcas especializadas han puesto en sus tablas gente fumando marihuana, consumiendo alguna droga o desnudos como arte principal.

La misma industria se ha aventurado en terrenos más difíciles, tanto así que en Afganistán y países del medio oriente con una cultura y perspectiva más cerrada, recientemente se han construido skate parks en dónde niñas que deben usar burkas, se encuentran en las rampas patinando.

Ellas mencionan “sentir una gran libertad al patinar”, libertad que la fotógrafa británica Jessica Fulford-Dobson documentó en 2013. Dentro de esos parques de patinaje en Kabul, recolectó así una serie de imágenes que muestran como es el patinaje para niñas en un país tan machista, tradicionalista y arraigado a sus tradiciones como lo es Afganistán.

The skate girls of Kabul

Con incursiones culturales como esas, no parece tan lejano aplicar algún proyecto similar en una comunidad indígena, simplemente para brindar una actividad lúdica, deportiva y recreativa a sus infantes.

La cuestión aquí es que de por sí, existen bastantes estigmas en la sociedad actual, el aventurarse a hacer uno con tantos tabúes negativos de por medio suena más complicado.

Dentro del gremio podemos encontrar patinadores de todos los niveles económicos, desde jóvenes de 25 años con título universitario y un trabajo estable, pasando por jóvenes promesas de 19 años cuyas habilidades han llamado la atención de marcas de ropa locales para ofrecer patrocinios hasta patinadores con un gran talento pero que solo se dedican al skate, sin un trabajo o sin estudiar algo y consumen drogas al por mayor.

Esta gran variedad de individuos dentro de su mismo segmento de población no conoce la discriminación, pues según me platicaron muchos de ellos, el skate es un idioma universal, es una hermandad que siempre busca llevarse bien con los miembros de la misma, apoyarse en todo lo que se requiera y pasarla bien patinando.

Hace falta que tiendas nacionales mayormente reconocidas se fijen en escenas locales, que se den cuenta que en la región se están haciendo cosas importantes, que hay talento el cual, sin apoyo jamás será aprovechado.

El crecimiento del movimiento skater que perdió fuerza durante más de una década y que hace poco comenzó a revivir depende de la sociedad misma, apoyándose unos a otros, consumiendo la mercancía regional y exigiendo mejor infraestructura para desarrollar un ambiente más amigable para las tablas con ruedas y sus fanáticos.

Quizá, en el momento en que esto suceda existirá una revolución como la que se llevó a cabo en los años 80 en Estados Unidos, quizá en algún municipio de la región, existe un Astro con el suficiente talento para ser el nuevo Paul Rodriguez, o para reemplazar a Tony Hawk en la cima del skate mundial.

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