Historia 025

Esta es la historia 025 de 450 que te contaremos sobre León

La Suprema Corte de Justicia de la Nación autorizó en enero de 2010 entregar a AM el expediente completo relativo a la matanza del 2 de enero de 1946 en León.  El documento, que consta de 500 hojas, había permanecido en secreto durante más de 60 años.

Tras un alegato a favor de la transparencia, la Corte accedió a entregar una versión pública, con párrafos censurados de los nombres y domicilios de testigos y víctimas de aquella tragedia.

A continuación se presenta el contenido de documentos inéditos de la investigación judicial, y de los archivos del Fondo del Presidente Manuel Ávila Camacho, de la Secretaría de la Defensa Nacional y del Congreso federal.

Los hechos

A las 8:55 de la noche del 2 de enero de 1946, una granada de mano estalló frente al Jardín Principal de León, cerca del acceso a la callejuela Padilla.

Aquella explosión marcó el inicio del tiroteo de decenas de soldados apostados en el acceso y en la azotea de la Presidencia Municipal, contra una multitud indefensa, que se había reunido para protestar por la imposición de las autoridades municipales.

Tras los primeros disparos, la multitud de unas 4 mil personas se empezó a disgregar, protegiéndose en los pilares de los portales, en las bancas del jardín y en el quiosco.

Los soldados salieron de la Presidencia y persiguieron a la muchedumbre, en dos líneas de tiradores, divididas por las alas oriente y poniente del Jardín Principal.

Disparos por la espalda

Disparaban por la espalda a los leoneses que intentaban huir. Algunos lesionados fueron rematados. 

La persecución se extendió por toda la plaza. Más militares atacaron por el norte y por el sur. Por la calle 5 de Mayo lanzaron la última descarga, hasta salir por la calle Pedro Moreno.

Los soldados llevaban consigo ametralladoras y fusiles Thompson, los más modernos de la época, como los que el Ejército alemán había utilizado en la Segunda Guerra Mundial.

Al cesar el tiroteo, la plaza quedó tapizada de muertos y de cientos de lesionados. El 80% de las víctimas fueron atacadas por la espalda. El resto recibió los disparos en las piernas y en la cabeza.

Testimonios y evidencias

Estos detalles de cómo ocurrió la masacre del 2 de enero de 1946, fueron obtenidos por los ministros Roque Estrada y Carlos L. Ángeles, en una investigación que realizaron aquel año a petición de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

En base al informe de la investigación, el Pleno de la Corte resolvió el 31 de enero de 1946, que en León se atentó contra la ciudadanía y contra el voto público, además de haberse cometido delitos federales. 

El informe del Poder Judicial contradijo la versión oficial de que los soldados habían disparado en defensa propia.

El informe de la Corte permaneció en secreto por más de 60 años. Sólo se habían liberado versiones parciales, incompletas. Tras un alegato a favor de la transparencia, la Corte accedió en el año 2010 a entregar una copia del expediente completo al Periódico AM, sólo con algunos nombres y domicilios censurados.

El hallazgo de los magistrados

El principal hallazgo de los magistrados fue que casi todas las víctimas habían sido atacadas por la espalda.

Los ministros también echaron por tierra la versión de las autoridades locales y del extinto Partido de la Revolución Mexicana (PRM, lo que hoy es el PRI), de que el tiroteo lo habían iniciado los manifestantes. En su pesquisa, la comisión de la Corte determinó que no se había realizado ningún disparo desde la multitud.

En la página 3 del informe, los ministros Roque Estrada y Carlos L. Ángeles, anotaron:

“Todos los heridos examinados en el lugar que mencionamos aseguran que sin provocación alguna, los soldados que estaban apostados en el Palacio Municipal, a la entrada del edificio y en la azotea del mismo (…) comenzaron a disparar sobre la multitud, que empezó a disgregarse”.

El informe reveló que la muchedumbre había sido perseguida por la plaza en al menos dos líneas de ataque. Lo anterior explica por qué la mayor parte de las víctimas tenían tiros por la espalda: recibieron los disparos mientras intentaban huir. Los ministros anotaron en su pesquisa:

“…fue perseguida la multitud después de que los soldados en líneas de tiradores, se dividieron por las alas oriente y poniente del repetido jardín. Los doctores del Hospital Civil nos informaron que el 80%  de los heridos atendidos en ese establecimiento, lo fueron por la espalda y el resto en piernas y cabeza”.

Derriban versión oficial

En su investigación, la Corte también derribó la versión oficial de que la muchedumbre estaba armada con piedras y palos, y que incluso se habían repartido bebidas alcohólicas para exaltar más los ánimos de los manifestantes. En la página 4 del informe, los ministros escribieron:

“…no se trataba de una multitud armada, pues nadie les había proporcionado armas de ninguna especie, ni siquiera palos o piedras, y no sólo sino que la multitud no llegó a traspasar los límites del jardín y acercarse a la guardia que resguardaba el Palacio Municipal, el cual está separado del repetido jardín como unos 10 metros que constituyen la bocacalle por donde transitan los vehículos.-Tuvimos especial empeño en saber si se habían repartido bebidas embriagantes para exaltar los ánimos de los reunidos en la plaza, y no alcanzamos ningún indicio a ese respecto”.

Las pruebas de la granada

Diversos testigos consultados por los ministros, aseguraron que el tiroteo inició con una bomba de mano que lanzaron los soldados en la bocacalle del jardín. El dato lo corroboraron con la siguiente declaración de la señorita Evelia Padilla, quien trabajaba como cantante en una estación de radio:

Que saliendo de la estación de radio (…)  fue con su madre a sentarse en una banca del jardín frente al Palacio Municipal, y estando ahí vio que venían unos chamacos con una caja de muerto y entonces se pararon y se pusieron a gritar, cantar y hacer ruido.  Que al poco rato llegó el coronel Barrón y se paró como a tres pasos delante de los soldados y dio órdenes de ¡Fuego!, y se fijó que en esos momentos faltaban cinco minutos para las nueve de la noche.  Que la primera descarga la pegaron en el brazo y en la segunda en la espalda. (Muestra un saco con tres impactos de fragmento de bomba de mano, teniendo dicho saco huellas de sangre, y en el brazo izquierdo tiene un balazo que la atravesó)”.

Los médicos que atendieron a la lesionada en el Hospital Civil, dictaminaron que los proyectiles de las heridas que recibió en la espalda correspondían a granadas de mano. En su informe, los ministros aseguran que otros lesionados internados en el mismo hospital hicieron referencia a la granada que explotó al iniciarse la balacera y la persecución de los soldados a la multitud por los costados de la plaza.

Ocultan más muertos

El 11 de enero de 1946, los ministros entrevistaron a los médicos del Hospital Civil, en donde se concentraron 27 cadáveres, de los cuales 23 fueron recogidos en la Plaza Principal el día del tiroteo, dos más fallecieron en el transcurso de aquella noche y otros dos en un sanatorio particular.

Además, en el expediente entregado a la Corte reportaron el fallecimiento de otras cuatro personas en una clínica particular, lo que dio la cifra oficial de 31 muertos.

Sin embargo, la Cruz Roja reportó 74 muertos y los testigos referían que habían sido al menos 100 fallecidos.

Dudas del número de muertos

En su informe, los ministros expresaron sus dudas sobre el número oficial de víctimas y advirtieron que tenía sustento la versión de médicos y de periodistas de que muchos muertos fueron desaparecidos por las autoridades, pues días después de la masacre había familias humildes que buscaban a sus parientes perdidos. Esto fue lo que anotaron en el expediente enviado a la Corte:

“A pesar de ese dato oficial, existe el rumor entre los mismos facultativos de dicho hospital y de otras muchas personas, entre ellas periodistas que se encontraban en la ciudad de León, recogiendo datos para sus respectivos periódicos, que el número de muertos excedió al que oficialmente se nos proporcionó y que en camiones municipales fueron trasladados fuera de la ciudad. Cobra cuerpo esa hipótesis, cuando tuvimos versiones de que muchas personas de la clase humilde andaban buscando a sus familiares de quienes no tenían noticias de su paradero, a pesar de los días que habían transcurrido”.

Los ministros incluyeron en su informe testimonios de personas que aseguraban que los cuerpos fueron sacados en camiones del municipio, los  cuales quedaron manchados por sangre humana. Uno de los testigos es un bolero, que resultó lesionado en el tiroteo. Este es un fragmento de su declaración:

“Se perdieron muchos heridos y al día siguiente encontraron un camión y se dice que a uno de los choferes lo fusilaron los mismos del Gobierno. Yo vi un camión que estaba manchado y el médico dijo que era sangre humana y no de cueros de animales como decían; ese camión estaba como si lo hubieran pintado con sangre colorada, era un camión del municipio y se dice que el chofer lo tienen detenido en la cárcel, lo metieron al Palacio para investigar el asunto y al siguiente día ya no lo vi”.

Los ministros buscaron al chofer de uno de esos camiones del municipio para interrogarlo, pero no fue posible localizarlo. “Existen rumores, que no pudimos confirmar, de que había desaparecido”, anotaron en su informe. Nadie conocía el paradero del conductor que era clave en aclarar la supuesta desaparición de decenas de muertos.

Testimonio: “Había más cadáveres”

Este es un testimonio recopilado por los ministros de la Corte en enero de 1946. El nombre de la víctima fue censurado.

(Entrevista de un ministro a un zapatero)

Ministro (M): ¿Por qué estaba usted en la plaza?

Zapatero (Z): -Pues resulta que por las versiones que había se decía que iba a renunciar el Presidente Municipal y con ese motivo fuimos varios amigos al Centro y al atravesar el jardín me encontré con una joven que era mi amiga y nos pusimos a platicar; en eso vimos que el coronel levantó la mano disparando la pistola y entonces empezaron los soldados a tirar. Me hirieron y tengo varios balazos, uno de ellos en la pierna, pero tuve la fuerza suficiente para llegar y esconderme detrás del quiosco. Cuando cesó la balacera vimos que había algunos cadáveres, sólo han aparecido 27, pero por lo que a mí me consta había más. Yo después hice un esfuerzo y me fui, desde el zócalo hasta el Banco de Londres, herido y pidiendo que se llamara a la ambulancia, pero nadie me hacía caso; al fin pasaron unos jóvenes y me tomaron por los brazos y me ayudaron. Es de lo que me di cuenta.

M: ¿Usted notó que hubiera algunos tomados?

Z: -No, señor.

M: Dice usted que no pertenece a ningún partido.

Z: -Muchas personas querían que me hiciera miembro del PRM, pero yo no quise porque los estatutos de mi sindicato me lo prohíben. Todos los industriales y comerciantes están a favor de Obregón, pero yo no quería meterme en esa política, es decir, en asuntos políticos. Se supo que se le había dicho al Gobernador que todo León simpatizaba con Obregón, y que el Gobernador contestó que en caso de que hubiera algún desorden se tendría que imponer el orden, costara lo que costara, y que si los comerciantes e industriales se mostraban intransigentes, el Gobierno se haría respetar con un grupo de fuerzas. Lo que da idea de que antes de que sucediera esto ya se tenía preparado el ataque.

M: ¿No observó usted que se lanzaran algunas frases injuriosas?

Z: -No, señor, porque a los federales siempre se les ha recibido bien.

M: ¿No notó usted que algunas personas anduvieran armadas?

Z: -Algunas llevaban palos

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