Historia 026

Esta es la historia 026 de 450 que te contaremos sobre León

La masacre del 2 de enero de 1946 volvió una celebridad a José Ortiz Muñoz, “El Sapo”. Un asesino que desde las prisiones de Lecumberri y las Islas Marías presumía haber matado a 130 manifestantes en León.

Tras su muerte en 1983, el cantante Chalino Sánchez le dedicó uno de sus corridos: “A mí me apodan “El Sapo” por prieto, feo y matón”, dice la canción.

La fama de “El Sapo” creció y se popularizó a través de las páginas de los principales periódicos del país y algunos extranjeros. Su historia también se ha contado en libros. 

El 8 de agosto de 1953, siete años después de la masacre, la revista estadounidense Time publicó un artículo sobre su historia y documentó su boda con María de Jesús Torres Martínez en el Palacio Negro de Lecumberri, como se conocía a esta prisión del entonces Distrito Federal, hoy CDMX.

La revista Time cubrió la boda de El Sapo y María de Jesús Torres Martínez en Lecumberri. Foto: Revista Time del 8 de agosto de 1953 

La guapa María de Jesús Torres Martínez, de 28 años, había llegado para casarse con un asesino con cara de rana llamado José Ortiz Muñoz, a quien sus compañeros de prisión llamaban ‘El Sapo’”, describe el artículo de Time.

“El Sapo” incluso llegó a ser un caso de estudio psiquiátrico por su perfil criminal.

En 1954, Edmundo Buentello, uno de los pioneros de la psiquiatría institucional en el país escribió sobre su caso en la Gaceta Médica de México.

En su artículo “Consideraciones en torno a un criminal” lo califica como hombre con un “aspecto repulsivo por su expresión facial, es inteligente, capaz de comprender a media palabra, ágil en captar tonalidades y giros de pensamiento, sonriente (…) Tiene excelente memoria, recuerda a la perfección nombres y apellidos de la mayoría de sus víctimas”.

Los crímenes de El Sapo

En base a entrevistas realizadas a José Ortiz Muñoz, para el estudio de Edmundo Buentello se conoció su trayectoria criminal.

Durante 1919 mató a un compañero de escuela, “estando en segundo año de primaria, por rivalidades en relación con el maestro. Con un compás le dio 12 piquetes en el corazón”. 

En 1923 asesinó a un teniente que le pegó, dándole tres puñaladas en el pecho. “A punto de ser pasado por las armas se recibió el indulto de la Presidencia de la República”. 

En 1924, como militar, combatió a los cristeros. En 1930 mató al inspector de la policía de Durango, “quien había golpeado a uno de sus hermanos”. 

El 15 de mayo un general le ordenó buscar a un general rebelde. “Cumplió y lo mató”. 

En 1939 asesinó a otro hombre en el garitón de la Penitenciaría de San Luis Potosí

En 1940 mató a un agente del Ministerio Público porque quiso desarmarlo y estuvo preso hasta 1943 en la Penitenciaría de San Luis. 

También se atribuye la muerte de 130 sujetos el 2 de enero de 1946 en una manifestación en León, siendo el parte del ejército.

También 1946, como jefe de grupo de la Jefatura de Policía asesinó a un detenido y fue sentenciado a 18 años de prisión. Ya en la prisión de Lecumberri mató a un cubano y recibió otros 10 años de sentencia.

Al que me ofenda lo seguiré matando, a pesar de que tengo que cumplir 28 años, de la cárcel algún día salgo, estoy joven. Solo con la muerte pago estos 137 asesinatos. Campeón de asesinos de la República Mexicana. As de ases”, presumía El Sapo en escritos al doctor Edmundo Buentello.

La masacre en León

“Tenemos como única fuente de información al reo mismo”, se indica en el artículo.

Tras el análisis Edmundo Buentello lo califica como “un exhibicionista a quien el propio orgullo delata a cada paso, con esas poses de fanfarronería, de matonismo que se ostentan casi continuamente en sus relatos”.

“En lo que se refiere al orgullo patológico, basta analizar, aunque sea someramente, la matanza de sinarquistas en León. Colocado al frente de un destacamento con la obligación de defender el Palacio Municipal, disparó contra la airada muchedumbre con su fusil ametralladora; pero sus soldados hicieron también disparos. Sin embargo, él se atribuye de modo total 130 asesinatos.

“Este punto plantea un gran número de consideraciones legales, y de jurisprudencia militar, que quedan suficientemente aclaradas con los datos que más adelante se exponen, correlacionados con la sentencia recaída por parte de la jurisdicción correspondiente. Es evidente, además, que existen otras características, tanto de tipo psicológico como criminológico, que adscriben este caso a lo que pudiera llamarse el “síndrome del pistolero”, concluye Edmundo Buentello.

El Sapo también coincidió en Lecumberri con Gregorio Cárdenas Hernández, “Goyo Cárdenas”, otro famoso criminal que es considerado el primer asesino serial de México en el siglo XX. 

Goyo Cárdenas estuvo preso de 1942 a 1976 y escribió varios libros sobre su vida en Lecumberri. En ellos hace referencia a José Ortiz, “El Sapo”. 

“A este sujeto nadie lo quiere, ya que por sus instintos criminales muy saturaditos y por lo chivatón que es, ya porqué inspira desconfianza”, narra Goyo Cárdenas en su libro Celda 16 publicado en 1970, y donde además lo acusaban de realizar “asuntos sucios y delictivos por encargo de o para la dirección del penal”.

Hoy habló, mejor dicho, gritó sobre la matanza que según él siendo sargento del Ejército, hizo en León, Guanajuato, en una manifestación de protesta. Se precia de dicho genocidio como si hubiera hecho una gracia”, indica el  libro.

¿Verdad o mentira?

Pese a las declaraciones de “El Sapo” sobre su participación en la masacre de León, no existen fuentes documentales oficiales que confirmen que hubiera estado involucrado.

Por la masacre en León se abrió un proceso contra 19 militares, pero entre ellos no se encontraba el nombre de José Ortiz Muñoz, “El Sapo”.

La muerte de “El Sapo”

Después de su estancia en Lecumberri “El Sapo” fue trasladado a las Islas Marías, donde conoció al sacerdote Juan Manuel Martínez Macías, alias “El Padre Trampitas”, con quien hizo una gran amistad.

En las Islas Marías “El Sapo” terminó sus días y fue sepultado. Fue emboscado por otros reos que lo asesinaron a machetazos.

José Ortiz Muñoz fue sepultado en las Islas Marías. Años después “El Padre Trampitas” fue alojado en una tumba junto a su amigo “El Sapo”.

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