Historia 039

Esta es la historia 039 de 450 que te contaremos sobre León

La Feria de León no solo se reconoce por sus juegos, espectáculos y conciertos, sino también por dos elementos que forman parte esencial de su identidad: los negocios de comida con décadas de historia y los gritones, comerciantes que convierten la venta en un espectáculo popular.

La comida en la Feria de León

A lo largo de décadas, decenas de negocios han convertido la comida en uno de los principales motivos de visita, consolidando a la Feria como uno de los escaparates culinarios más importantes del país.

Entre los establecimientos con mayor arraigo entre los leoneses destacan Doña Petra, con 70 años de presencia; Huarachín y Huarachón, con 47 años; y Las Gorditas Tarascas, que suman 26 años participando en la celebración. A ellos se añaden negocios históricos como Lupillos (46 años), El Infierno (51 años) y La Malquerida (25 años), que han acompañado a generaciones de visitantes.

Hay gran variedad de antojitos en cada una de las ediciones de la feria. Foto: Leopoldo Medina

De acuerdo con información del Patronato de la Feria de León 2026, encabezado por Alfonso Limón Rode, este año participan 562 expositores, distribuidos en 915 espacios comerciales sobre una superficie de 25 mil 877 metros cuadrados.

Los giros abarcan comercio y venta de productos, alimentos y bebidas, servicios recreativos y comercio institucional.

Estas cifras reflejan la dimensión y calidad de la Feria, particularmente en el ámbito gastronómico, con la presencia de representantes de al menos 22 estados del país.

A nivel local, se encuentran registrados 306 negocios de León, además de comerciantes provenientes de 12 municipios, entre ellos Doctor Mora y Dolores Hidalgo, reconocidos por su tradicional nieve artesanal.

Puestos emblemáticos y oficios con décadas de historia

La Feria también es escenario de historias personales ligadas al oficio gastronómico. Entre los vendedores con mayor trayectoria se encuentran Ramón Jiménez Sánchez, conocido como “Chino Manzanas”, con 61 años en la Feria; María Hortencia Arellano, dedicada a la venta de algodón desde hace 23 años; y Salvador Arellano Ramos, churrero ambulante con 32 años de participación continua.

La oferta se complementa con una amplia variedad de alimentos: pizzas, churros, sopas instantáneas, camarones en banderilla, nieves, fruta fresca, guacamayas, caldo de oso, pan fino de San Sebastián, jugos, dulces, aguas preparadas y una extensa gama de tacos.

En los últimos años, la Feria ha mejorado la experiencia del visitante, incorporando áreas especiales para el consumo de alimentos, así como la participación de marcas originarias de León con presencia nacional e internacional, que operan con sistemas modernos de cobro y atención.

Puestos icónicos de la Feria

Uno de los referentes históricos es Doña Petra, la de la “Mano Sabrosa”, reconocida por su cocina tradicional mexicana. Su presencia en la Feria se remonta a siete décadas, cuando se instaló cerca del antiguo palenque.

El negocio es conocido por platillos como enchiladas, tacos, pozole, menudo, mole poblano, huaraches y cabrito, que lo han convertido en un punto obligado para los visitantes.

Otro emblema es Huarachín y Huarachón, famosos por sus huaraches elaborados con carne, queso, frijoles, chicharrón y salsa. La receta, atribuida a Carmen Gómez Medina, ha pasado por varias generaciones, y su presencia es considerada parte inseparable de la Feria de León.

Sabores que llegan una vez al año

Las Gorditas Tarascas representan otro de los sellos gastronómicos del evento. Aunque su actividad principal se desarrolla en Texcoco, regresan cada año a León para participar en la Feria.

Junto a ellas, se suman propuestas como tortas alemanas, gorditas michoacanas, algodón de azúcar, pan de Acámbaro, pan de nata de Guadalajara y manzanas caramelizadas, una tradición con más de un siglo de antigüedad.

Los gritones

Ahora tiene frío, llévese la del Tigre… esta otra y una más por 800 pesos”.

Aunque no gane nada, llévese estos tres platos por 60… ¡o los quiere regalados!”.

Estas frases forman parte del paisaje sonoro de la Feria de León y pertenecen a los llamados “gritones”. Comerciantes que, con ingenio, voz fuerte y habilidad para convencer, han convertido la venta ambulante en un espectáculo más de la fiesta leonesa.

Aunque no existe una fecha precisa sobre su llegada a la Feria, se presume que estos comerciantes comenzaron a participar desde el inicio de las festividades. Sin embargo, su mayor auge se dio entre las décadas de 1960 y 1970, cuando sus ofertas y pregones se volvieron un sello inconfundible del evento.

Los gritones tuvieron su auge entre 1960 y 1970; sin embargo, siguen siendo de las áreas más visitadas en la feria. Foto: Leopoldo Medina

De los periódicos a la memoria colectiva

Registros hemerográficos dan cuenta de que, en décadas pasadas, los gritones solían quedarse incluso un día más después de la clausura oficial.

Uno de los primeros antecedentes de este tipo de comercio se ubica en la Feria del Hogar, instalada en las antiguas instalaciones de la Escuela Gregorio Torres Quintero–Eufrasia Pantoja, donde se ofrecían artículos domésticos a bajo costo.

De acuerdo con información del Archivo Histórico Municipal de León, en los años 40, cuando la Feria se instalaba en la avenida Miguel Alemán, el Parque Hidalgo y la zona del Seguro Social, los organizadores invitaron a comerciantes provenientes del entonces Distrito Federal, conocidos como barateros.

En 1976, la feria dejó definitivamente la zona centro y se trasladó a la zona sur, donde es el recinto ferial actual.

El origen de los gritones

La venta de vajillas de plástico, platos económicos, cobijas y utensilios domésticos dio origen a los gritones, personajes que combinan mercadotecnia popular, humor y persuasión. Entre ellos destacan los cobijeros, cuyas mercancías -como las cobijas del León, del Tigre o con personajes infantiles- se volvieron clásicas en la Feria.

Uno de los nombres más reconocidos es Silvestre Cruz, quien figura en los registros del Patronato de la Feria de León con 49 años de participación continua. Su labor representa el oficio tradicional de convencer y vender: hablarle bien al cliente y cerrar la venta.

Cada año, docenas de gritones ofrecen productos como utensilios de cocina de barro, aluminio y madera; macetas, molcajetes, vajillas y cobijas de distintos precios y diseños.

Ofertas, cambios y permanencia

Tradicionalmente, los últimos días de la Feria son los más intensos, con rebajas que iban del 10 al 60%, bajo la consigna de regresar con las camionetas vacías. Durante años, se les permitió permanecer un día extra tras la clausura.

En 2019, el Patronato de la Feria adelantó estas liquidaciones a los días 4 y 5 de febrero, según reportes periodísticos. Posteriormente, se volvió a permitir un día adicional y se reforzó su promoción.

Visitantes en la zona de los gritones. Foto: Archivo AM

En 2025, los gritones fueron reubicados a otra zona del recinto actual, en la esquina de Quiroga con Calzada de los Héroes. Este cambio inicialmente generó inconformidad entre los comerciantes, pero hoy se encuentra plenamente identificado por el público.

Parte viva de la Feria

Los gritones, originarios en su mayoría de Tlaxcala y de la Ciudad de México, se han ganado el aprecio de los leoneses.

Además de su valor cultural, son generadores de economía popular y mantienen viva una forma de comercio tradicional que resiste al paso del tiempo.

Hoy, sus voces siguen marcando el ritmo de la Feria de León, recordando que, entre luces, juegos y espectáculos, la tradición también se escucha.

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