Historia 095

Esta es la historia 095 de 450 que te contaremos sobre León

La historia de los templos del Señor de la Salud y del Santo Niño Perdido, en el Barrio Arriba de León, está conectada con un beato, un pequeño misterioso y un ladrón que cometió un sacrilegio.

El antecedente más antiguo del templo del Señor de la Salud, ubicado en el Jardín Allende, en la colonia Obregón, es una capilla que con el tiempo fue derribada y luego reconstruida entre 1850 y 1852. Cincuenta años después fue reemplazada por la parroquia actual.

Templo del Señor de la Salud, ubicado en el Jardín Allende, en la colonia Obregón. Foto: Mary Ochoa

El Beato Sebastián Aparicio 

En los templos y capillas que antecedieron a la parroquia actual se ha venerado al Señor de la Salud. Que es un pequeño crucifijo que, de acuerdo con las creencias populares, pudo ser un regalo del beato Sebastián de Aparicio a una familia leonesa.

El beato fue un religioso franciscano que se ordenó fraile cuando ya tenía más de 70 años; antes fue campesino en España y después obrero y empresario en México.

Una de sus hazañas fue trazar una ruta entre la Ciudad de México y Zacatecas, y en ese trayecto se sabe que cruzó por Guanajuato; y en sus viajes llevaba Cristos que regalaba a sus amigos.

El niño y el ladrón

La noche del 30 de diciembre de 1852, mientras los vecinos del Barrio Arriba dormían, ocurrió un sacrilegio.

Esa noche de invierno un hombre forzó una de las ventanas del templo para entrar a robar.

El ladrón se llamaba Facundo Esparza, según se consigna en el Episcopologio Leonés de Jesús Ojeda Sánchez.

Facundo Esparza tomó como botín los vasos sagrados, el copón con las hostias consagradas y varios ornamentos litúrgicos. Luego desapareció.

La noticia corrió de casa en casa como un incendio. Para el León de mediados del siglo XIX, una ciudad profundamente religiosa, no se trataba de un simple robo: era una ofensa contra la fe de toda la comunidad.

La indignación fue colectiva. Vecinos, autoridades y fieles comenzaron la búsqueda del responsable y de los objetos sagrados.

Pasaron algunos días sin resultados, hasta que ocurrió algo inesperado. 

El niño misterioso

De acuerdo con la historia oral, un niño avisó que había encontrado los objetos en un terreno cercano al templo que entonces era usado como basurero. 

Los ornamentos estaban intactos. El hallazgo, realizado el 6 de enero de 1853, fue recibido como un acontecimiento casi milagroso, ya que nadie conocía la identidad del pequeño ni se volvió a saber de él.

La reacción fue inmediata. Los habitantes comenzaron a hablar de levantar un templo justo en el lugar donde se habían encontrado los objetos, como memoria permanente de lo ocurrido.

Aquella idea, nacida del fervor popular y del anhelo de un milagro, terminó años después con la construcción del Templo del Santo Niño Perdido. Su edificación concluyó en 1859, impulsada por el presbítero Prudencio Castra.

Aunque se recuperó lo robado, la búsqueda del culpable continuó hasta que Facundo Esparza fue capturado, juzgado y condenado. Fue fusilado en la plaza del Barrio Arriba, frente al mismo templo que había profanado.

En un acto simbólico, se dice que los ornamentos robados fueron quemados junto al lugar de la ejecución, como una forma de cerrar el episodio que había estremecido a la ciudad.

El templo del Barrio Arriba

El barrio siguió creciendo, las calles cambiaron y nuevas generaciones ocuparon el lugar de quienes vivieron aquella noche.

Con el paso del tiempo, la antigua edificación donde se veneraba al Señor de la Salud fue sustituida por un nuevo edificio cuya primera piedra se colocó el 9 de junio de 1901. Obra impulsada por el capellán Romualdo Donato y bendecida por el obispo Leopoldo Ruiz y Flores. 

Posteriormente, se añadieron las torres y otras mejoras que dieron al templo su aspecto actual.

En 1923, el recinto fue elevado a parroquia, consolidándose como uno de los centros religiosos más importantes de León. Ahí cada 7 de julio continúan celebrándose con fervor las festividades en honor al Señor de la Salud.

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