Historia 113

Esta es la historia 113 de 450 que te contaremos sobre León

Antes de que existieran protocolos, gafetes formales o programas estructurados de apoyo, hubo mujeres que cruzaron las puertas del Hospital General de León movidas por algo simple y más profundo: ayudar al enfermo. Se trata del Voluntariado del Hospital General de León.

No eran médicas, no eran enfermeras, no recibían salario. Entraban por los mismos pasillos donde el dolor y la esperanza se cruzaban todos los días, y se quedaban, pero ellas se quedaban a escuchar, a gestionar, a acompañar.

“Prácticamente estaban al pie del cañón para lo que se ofreciera”, recuerda Guadalupe Quiroz Durán, quien trabajó junto al Voluntariado del Hospital General de León.

Todo comenzó con un dispensario

La historia comenzó en 1963, con Graciela Ramos, conocida como “Chelita” o “Güerita” durante una visita al entonces Hospital Central Regional, se encontró con el Padre Valente Aranda, quien llevaba una bolsa con medicamentos donados para los enfermos que permanecían en el Hospital y carecían de recursos económicos para comprarlos , le pidió ayuda para clasificarlos y entregarlos a pacientes con escasos recursos.

María Graciela Ramos del Ríos, fundadora del Voluntariado del Hospital General de León. Foto: Cortesía Guadalupe Quiroz

El director del hospital en ese entonces era el doctor José Báez Mendoza, les facilitó una oficina cercana a consulta externa. Ahí nació el primer dispensario.

Durante siete años trabajaron en ese espacio Graciela Ramos, Martha Olalla Álvarez e Imelda Zambrano, trabajaron arduamente con pacientes y familiares.

No había estructura formal, no existía patronato, pero había mucha necesidad.

El dispensario inició en el Hospital Central Regional. Foto: Cortesía Lupita Quiroz

Cambio de ubicación

Con el tiempo cambiaron de ubicación dentro del hospital, pero el espacio dificultaba la labor. El curtidor leonés Manuel Álvarez facilitó su traslado al recién inaugurado Centro de Rehabilitación A.C., frente al hospital, donde permanecieron más de 35 años.

En 1982 el grupo se reestructuró y creció. Se sumaron Chuyerita Padilla de Zermeño, Elda Vega de Tejada junto a su madre Evita Ascencio, Martha Velázquez, Coco Carbajal y Alma Pérez Carlín, poco a poco el voluntariado tomaba forma y se unían más mujeres de buen corazón.

Guadalupe Quiroz Durán, ingresó al hospital en 1976 como trabajadora social, desde esa trinchera fue testigo del trabajo constante del voluntariado.

Era admirable lo que hacían, conseguían medicamentos, buscaban ropa, pagaban pasajes de autobús para pacientes foráneos, apoyaban cuando alguien fallecía y la familia no tenía recursos para el servicio funerario”, recuerda.

Pero no solo trabajan con los pacientes, también estaban al pendiente de los familiares, se acercaban a ellos, para ayudarlos con comidas y traslados, pues muchos venían de otros municipios del estado.

Lupita Quiroz trabajó junto al Voluntariado del Hospital General de León. Foto: Vanessa Hernández

“Lo más importante era el cariño y el apapacho”, dice Lupita.

El hospital de la 20 de Enero funcionaba como una familia. Médicos, enfermeras y personal administrativo hacían cooperaciones para comprar soluciones o medicamentos urgentes. “Éramos familia”, recuerda.

Banco de ojos y albergue

En 1985, Luz Marcela Vera y Lupita Páramo impulsaron la fundación del primer Banco de Ojos, con el apoyo de los doctores José Ángel Plascencia, J. Jesús Malacara y Marco Antonio Aranda

La primera paciente trasplantada de córnea fue Emelia Soto. El voluntariado no solo acompañaba, también gestionaba avances médicos.

En el 2001, impulsado por Elda Vega Asencio y la familia Álvarez, nació el albergue Manuel Álvarez. Ahí descansaban familiares foráneos, podían bañarse, recibir alimentos y ropa.

Con Elda Vega de Tejada al frente, el voluntariado se constituyó como Asociación Civil, se integró el Patronato con los doctores Héctor Macías Chávez, Fernando Ramírez Salgado, Moisés Andrade Quezada, el arquitecto Luis Ibarrola Cortés, el ingeniero Cristóbal Ascencio H. y la propia Elda.

En todo momento que Elda Vega Asencio mostró vocación que transmitió por muchos años. Foto: Cortesía Lupita Quiroz

Se sumaron al proyecto el Grupo Trigo y Miel y el grupo de la Parroquia del Señor de la Salud.

Durante la gestión del doctor Gabriel Cortés Gallo, junto con Martha Alcalá Esparza, lograron el primer donativo con recibo deducible de impuestos.

Sin embargo, en 2019, con el traslado del hospital, se decidió cerrar oficinas y albergue. Fue el fin de una etapa iniciada en 1963.

Las historias que no se olvidan

“A veces no íbamos a resolver enfermedades, íbamos a acompañar”, resume Lupita.

Recuerda que hubo una niña con leucemia que deseaba hacer su primera comunión, las voluntarias organizaron vestido, pastel y misa. El deseo se cumplió; días después, la niña falleció.

En el área de ginecología acompañaban a madres solteras, las ayudaban en este momento en que la mayoría carecía de apoyo familiar y económico. En el Día de las Madres les organizaban conjuntamente con el personal una misa, les llevaban pastel y canastillas.

El Voluntariado del Hospital General fue ejemplo para muchas mujeres.

También apoyaron a pacientes con insuficiencia renal junto con los doctores José Trejo B. y Mary Gutiérrez. Gestionaron bolsas de diálisis, hemodiálisis y habitaciones especiales para recibir su tratamiento.

También su apoyo era incondicional con los pacientes oncológicos y pacientes que habían sufrido quemaduras y que permanecían largas temporadas hospitalizados en las áreas especializadas.

Médicos como Alejandro Marrufo Quirino y Javier Hernández Herrera realizaban estudios sin cobrar cuando la situación lo requería.

Durante una etapa, el voluntariado puso especial atención en los pacientes con insuficiencia renal. Sabían que había muy poca información para prevenir la enfermedad, que muchas familias no detectaban los síntomas a tiempo y que, cuando el diagnóstico llegaba, el tratamiento resultaba costoso y desgastante.

Las hemodiálisis, las bolsas de diálisis y los traslados constantes representaban una carga económica difícil de sostener. Por eso decidieron acompañar también en esa lucha silenciosa, gestionando apoyos y estando cerca de quienes enfrentaban no solo la enfermedad, sino la incertidumbre.

Nueva etapa

Las tres fundadoras continuaron colaborando hasta que, hace aproximadamente diez años, fallecieron.

En 2019 se constituyó el nuevo Patronato del Hospital General de León, encabezado por Nora Camarena, que continúa ofreciendo hospedaje, alimentos, transporte, ropa, medicamentos y aparatos ortopédicos.

Actualmente el Voluntariado sigue trabajando a cargo de Nora Camarena y un grupo de mujeres de buen corazón.

En el marco de los 450 años de León, Lupita considera que el voluntariado ocupa un lugar en la memoria social de la ciudad.

Lo más importante es que no se pierda la solidaridad humana. Es responsabilidad de todos generarla”.

Porque antes de que el voluntariado tuviera estructura formal, ya tenía manos y corazones dispuestos a acompañar.

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