Historia 130

Esta es la historia 130 de 450 que te contaremos sobre León

En los primeros años de la Villa de León, cuando la ciudad apenas comenzaba a trazarse en el mapa del Bajío, sus ambiciones no se limitaban a consolidar sus calles y solares. También quiso extender su control político y territorial hasta Irapuato. Y por un breve tiempo lo logró.

Este episodio de la historia de León se narra en el libro Efemérides Guanajuatenses del presbítero Lucio Marmolejo.

Cuando la Villa de León se fundó en 1576, su jurisdicción territorial abarcaba desde la Sierra de Comanja hasta el sur del río Lerma, lo que en el trazo geográfico actual incluye a León, San Francisco y Purísima del Rincón, Ciudad Manuel Doblado, Cuerámaro, Pénjamo, Abasolo y Huanímaro: un territorio equivalente al 17.6 % de la superficie del estado de Guanajuato.

Y es que en el siglo XVI, cuando las villas novohispanas disputaban jurisdicciones, tributos, caminos y población, el control sobre una congregación significaba poder político, influencia económica y prestigio regional.

Y León, recién fundada, quiso jugar ese papel.

Una nueva villa con ansias de autoridad

Hacia 1574 se había erigido la alcaldía mayor de Guanajuato, cuya jurisdicción abarcaba ya las congregaciones de Irapuato y Silao. Guanajuato, aún en formación, había logrado establecer una zona de control reconocida sobre esos territorios.

Pero apenas unos años después, en 1579, la recién fundada Villa de León entró en escena con una reclamación: sostenía que Irapuato se hallaba en terrenos que le pertenecían y, por tanto, debía quedar bajo su jurisdicción.

La pretensión resultaba llamativa por más de una razón. La distancia entre León e Irapuato era considerable para la época y, además, entre ambas poblaciones se encontraba Silao, cuya subordinación a Guanajuato no estaba en duda.

Aun así, León insistió.

Considerando que territorios que hoy corresponden a Romita, Abasolo y Cuerámaro colindaban con Irapuato, la villa habría logrado ampliar considerablemente su zona de influencia si su pretensión prosperaba.

Un triunfo breve

Por un tiempo, la estrategia funcionó.

León consiguió momentáneamente lo que buscaba y su Ayuntamiento llegó a dictar órdenes que eran obedecidas en Irapuato. Aquello implicaba, en los hechos, una victoria política temprana: una villa joven, apenas fundada, lograba proyectar autoridad sobre una congregación que tradicionalmente había estado vinculada a Guanajuato.

Era, sin duda, una señal de que León no pensaba limitarse a ser una población periférica. Quería peso propio, territorio de influencia y reconocimiento virreinal.

Sin embargo, el triunfo duró poco.

El virreinato corrige

Para la alcaldía mayor de Guanajuato, perder la jurisdicción de Irapuato habría significado un fuerte golpe en términos de poder e influencia, por lo que no estaba dispuesta a permitirlo.

Cuando el gobierno virreinal examinó con mayor detenimiento el caso, el fallo fue contrario a León. La autoridad superior concluyó que Irapuato debía volver a quedar agregado a las minas de Guanajuato, como “siempre había estado”.

Con ello, la Villa de León perdió la disputa que ella misma había provocado. Su intento de mandar sobre Irapuato fue cancelado y la congregación regresó a la órbita guanajuatense.

Así terminó, al menos en esa primera fase, uno de los episodios más tempranos de competencia territorial en el Bajío novohispano.

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