Encuentra a AM más fácil en Google
Añádenos como fuente preferida y aparece más seguido en tus resultados de búsqueda
Añadir como preferido
Historia 285

Esta es la historia 285 de 450 que te contaremos sobre León

Desde hace más de un siglo, las puertas de vaivén del Bar Mónaco se abren todos los días para recibir a quienes llegan en busca de una cerveza fría, una buena botana o simplemente una conversación entre amigos.

Entre sus mesas se han cerrado negocios, nacido amistades, celebrado triunfos y ahogado desamores. Generaciones enteras de leoneses han encontrado en este lugar un punto de encuentro que ha resistido el paso del tiempo.

Fundado en 1897, este año cumple 129 años como la primera cantina de León y el segundo negocio más antiguo de la ciudad, solo después de la droguería La Moderna.

Sobrevivió a la Revolución Mexicana, la Guerra Cristera, inundaciones, epidemias y hasta una pandemia. Mientras la ciudad cambió una y otra vez, el Mónaco siguió haciendo lo mismo: abrir sus puertas cada mañana.

Durante más de un siglo ha recibido a boleros, obreros, estudiantes, profesionistas, empresarios, políticos y artistas. Entre sus clientes más recordados estuvieron el compositor Cuco Sánchez y uno de los hermanos de María Félix, quien acostumbraba visitar la cantina cuando llegaba a León.

Al frente del establecimiento se encuentra Salvador Flores Alcalá, “Chava”, bisnieto del fundador e integrante de la cuarta generación de la familia.

Salvador Flores Alcalá, “Chava”, bisnieto del fundador e integrante de la cuarta generación de la familia. Foto: Gerardo García

Para él, conservar el Bar Mónaco significa mucho más que administrar un negocio.

Es mantener vivo un legado familiar y uno de los establecimientos más representativos de la historia de León.

“Para mí es un compromiso muy fuerte y a su vez satisfactorio. Actualmente la propiedad es mía, porque mi bisabuelo, abuelo y papá siempre rentaron. Me gustaría que continuara el negocio de generación en generación, pero ya no depende de mí, es decisión de mis hijos”.

Una historia de mudanzas… y resistencia

La historia del Bar Mónaco también puede contarse a través de sus cambios de domicilio.

Su primera sede estuvo frente a la Catedral de León.

Allí vivió uno de los episodios más difíciles de su historia, cuando fue saqueado por tropas villistas durante la Revolución Mexicana.

La familia logró recuperarse y trasladó la cantina frente al templo del Patrocinio de María.

Pero nuevamente la historia puso a prueba al negocio.

Durante la Guerra Cristera volvió a ser saqueado.

A pesar de ello, el Mónaco continuó funcionando.

En 1934 encontró una nueva sede en el Portal Guerrero número 3, junto a la entonces Compañía Mexicana de Petróleo El Águila.

Treinta años después, en 1964, abrió sus puertas en la calle Emiliano Zapata, inmueble donde permaneció durante casi seis décadas.

Paradójicamente, aquello que no consiguieron las guerras ni las inundaciones estuvo cerca de lograrlo el paso del tiempo.

El deterioro estructural del edificio obligó a demoler la finca para evitar un posible colapso.

Desde el 7 de julio de 2021, el Bar Mónaco ocupa su actual domicilio, en la esquina de Independencia y 5 de Febrero, muy cerca del lugar donde siempre ha transcurrido su historia.

Para Chava Flores era fundamental permanecer en el Centro Histórico.

Más que cambiar de dirección, se trataba de conservar un sitio que desde hace generaciones forma parte del corredor de cantinas tradicionales que han dado identidad a la vida social, gastronómica y turística de León.

“Anduve buscando propiedades, sí encontré muchas como unas 20, pero todas para renta y lejos del primer cuadro del Centro, ya no quería rentar y quería permanecer dentro del Centro, para no perder la tradición. Encontré esta propiedad donde por casi 70 años fue papelería”, cuenta Chava.

La botana también cuenta la historia del Bar Mónaco

Hoy es difícil imaginar una cantina sin botana.

Sin embargo, cuando el Mónaco abrió sus puertas, las tabernas ofrecían principalmente pulque, aguardiente y cerveza.

La tradición de acompañar las bebidas con comida llegó muchos años después.

Algunos clientes recuerdan las historias que les contaban sus abuelos sobre aquellas primeras botanas: pico de gallo con xoconostle, tunas con sal y limón, semillas y cacahuates con cáscara.

Los clientes son muy importantes para mí, la atención, dialogar y convivir con ellos es uno de mis éxitos. Desde recién que comencé a trabajar con mi papá, siempre me dijo: ‘tú no vendes vino, tu ofreces servicio, porque el vino lo encuentras en cualquier lado’”, detalló Salvador.

Con el paso del tiempo, la competencia entre las cantinas también comenzó a librarse en la cocina.

Cada establecimiento buscó conquistar a los clientes con nuevas recetas y mejores platillos.

El Mónaco convirtió esa tradición en uno de sus sellos.

La botana llega por tiempos. Primero aparecen los duros preparados o la tradicional tarta leonesa y, conforme avanza la reunión, llegan platillos cada vez más elaborados que acompañan la cerveza, los vinos, los licores y la coctelería.

Más que una cortesía, la botana terminó convirtiéndose en parte de la identidad del lugar.

Tradición para nuevas generaciones

Cuando Salvador Flores Alcalá, mejor conocido como “Chava”, asumió la dirección de el Bar Mónaco en 1999, sabía que el reto era conservar la esencia de la cantina sin quedarse atrapado en el pasado.

Una de las decisiones que marcó esa nueva etapa fue abrir las puertas a las mujeres. Durante casi un siglo, como ocurría en la mayoría de las cantinas tradicionales de México, el acceso había estado reservado exclusivamente para los hombres.

El cambio transformó la dinámica del lugar sin perder su identidad.

“Yo di acceso a las mujeres en la cantina e incluso tuvimos una empleada que duró 40 años trabajando con nosotros hasta hace 4  años que falleció, era la señora Alicia, conocida como lichita”, recordó con cariño Salvador. 

También emprendió una renovación del establecimiento, convencido de que tradición y modernidad podían convivir.

“Los viajes que realicé al extranjero me dieron varias ideas para renovar la imagen de El Mónaco. Una de las primeras intervenciones fue la remodelación de los baños; siempre he pensado que son el reflejo del negocio”, recuerda Chava.

Hoy la cantina conserva su ambiente clásico. Dos barras reciben a los clientes: una desde el acceso principal y otra en la terraza, un espacio al aire libre rodeado de árboles donde las reuniones suelen prolongarse entre botanas y conversaciones. Además, cuenta con horno y asador para eventos especiales.

El Bar Mónaco también sobrevivió a la pandemia

A la cuarta generación también le tocó enfrentar momentos difíciles.

Así como sus antepasados sobrevivieron a la Revolución Mexicana y a la Guerra Cristera, Chava tuvo que enfrentar la epidemia de influenza de 2009, que obligó a cerrar temporalmente el establecimiento.

Años después llegó un reto todavía mayor.

La pandemia por COVID-19 obligó a mantener cerradas las puertas de este recinto durante casi un año, uno de los periodos más complicados en la historia del negocio.

No fue el único obstáculo.

La rehabilitación de calles del Centro Histórico, en 2014, redujo durante meses la afluencia de clientes y, en 2016, una tromba inundó cerca de un metro el establecimiento, dañando refrigeradores y parte del mobiliario.

Sin embargo, igual que había ocurrido durante más de un siglo, la cantina volvió a levantarse.

Un legado que sigue escribiendo la historia de León

La historia de este lugar también está respaldada por documentos y reconocimientos.

Entre sus mayores tesoros conserva la patente original y antiguas licencias para la venta de bebidas alcohólicas, entre ellas una expedida en 1934, además de diversos documentos que permiten reconstruir la historia del establecimiento desde sus primeros años.

En 2010, el Gobierno Municipal lo reconoció como Patrimonio Turístico de León.

Seis años después, el cortometraje “Herencia de Cantina”, inspirado en su historia, obtuvo el tercer lugar en el Festival Internacional de Cine de Guanajuato (GIFF).

La Canaco Servytur León también lo ha distinguido como uno de los negocios más antiguos de la ciudad.

Pocos saben que, cuando abrió sus puertas en 1897, el establecimiento llevaba otro nombre: La Perla de Occidente.

Años después adoptó el nombre de Mónaco, inspirado en el principado europeo que, a finales del siglo XIX, era sinónimo de lujo, elegancia y modernidad.

Ese nombre terminaría convirtiéndose en uno de los más conocidos entre las cantinas tradicionales de León.

Donde las historias nunca terminan

Después de 129 años, las mesas del Bar Mónaco siguen reuniendo a clientes de distintas generaciones.

Chava cuenta con orgullo que todavía recibe a dos amigos de su abuelo, ambos mayores de 90 años, quienes continúan visitando la cantina como lo han hecho durante décadas.

Junto a ellos llegan jóvenes que conocen el lugar por primera vez, familias que ahora acuden completas y clientes que vuelven buscando revivir alguna conversación pendiente o recordar una etapa de su vida.

Las puertas de vaivén siguen abriéndose todos los días.

La botana continúa llegando a la mesa.

Y entre brindis, anécdotas y viejas amistades, el Bar Mónaco conserva algo que ninguna remodelación ni el paso del tiempo han podido cambiar: su capacidad para reunir a los leoneses.

Porque más que la primera cantina de León, el Mónaco es uno de esos lugares donde la historia de la ciudad no solo se recuerda… se sigue escribiendo todos los días.

DAR

En el marco de los 450 años de la fundación de nuestra ciudad, en Grupo AM desarrollamos el proyecto 450 Historias de León, una iniciativa para recuperar, preservar y compartir la memoria de nuestra ciudad.

Queremos que tú también formes parte de este archivo vivo. Si conoces una historia que merece ser contada, si fuiste protagonista o testigo de algún hecho que marcó a León, compártela con nosotros a través de este formulario:

Cuéntanos tu historia

Clic aquí para leer más historias.

450 Historias de León

Acompáñanos en un recorrido por la historia de León. Recibe en tu correo relatos sobre personajes, barrios, tradiciones y momentos clave, que celebran la identidad leonesa, en el marco de los 450 años de nuestra ciudad.