Lo que más disfrutabas de tu infancia seguramente era festejar tu cumpleaños y comer en restaurantes de comida rápida, en especial en aquellos en los que te ofrecían juguetes.
Esos fines de semana en los que tus padres te consentían y te llevaban por la ‘cajita feliz’ eran los días más felices. Juguetes, nuggets, papas fritas y helado eran la mejor de las combinaciones.
Pero esta rutina sería aburrida si la hicieras diario ¿no?
Recientemente se supo del caso de Ryan Woarth, un británico que comió nuggets y papas fritas durante todos los días por 17 años.
El 90% de su dieta consistía en papas y piezas de pollo, dieta que conservó hasta los 21 años.
“Cuando me proponían comer algo diferente reaccionaba de la misma manera que los demás reaccionarían a la propuesta de probar insectos. Me parecía muy asqueroso. Me daba miedo”, explicó el propio Ryan.
De acuerdo con Mirror, el joven tenía un trastorno alimenticio selectivo, en el que dejar de comer ciertos alimentos no es capricho, sino enfermedad.
Luego de enterarse de lo mal que le estaba haciendo a su salud, sus padres lo llevaron con terapeuta.
El joven fue capaz de introducir nuevos alimentos a su dieta después de varias sesiones de terapia.
“Antes tenía bajos niveles de energía, tomaba muchas vitaminas para compensar los nutrientes que no obtenía de la comida e ingería una barra de chocolate cada vez que me sentía débil”, recordó.
Su madre, Christiane, de 45 años, notó un cambio drástico en la personalidad de su hijo desde que asumió su nueva dieta y ahora cree que es más sociable y amigable.
“Ya empieza a verse más saludable. He notado algo más de color en su cara. Sin embargo, eso es solo el principio”, sostiene.
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