Washington.- La Copa Mundial de la FIFA 2026, organizada conjuntamente por Estados Unidos, Canadá y México, está destinada a ser el evento deportivo más lucrativo en la historia del deporte.
Según proyecciones internas de la FIFA, el ciclo mundialista 2026 generará entre 11,000 y 14,000 millones de dólares en ingresos totales, de los cuales aproximadamente 8,900 millones provendrán directamente del torneo. La cifra representa alrededor del 85 por ciento de la facturación cuatrienal del organismo.
Sin embargo, describir este torneo como una competencia deportiva celebrada en territorio estadounidense sería ignorar la profunda transformación geopolítica y económica que el fútbol ha experimentado en la última década.
El Mundial 2026 no es solo el vigésimo tercer torneo de su historia: es el producto más visible de un proceso mediante el cual la lógica jurídica, comercial y política de Estados Unidos ha reconfigurado las estructuras de poder dentro de la FIFA.
Con el paso de los años, la Federación Internacional de Fútbol Asociación —conocida por sus siglas FIFA— ha estrechado su relación con el sector político-financiero estadounidense de forma sostenida y cada vez más visible.
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Uno de los hechos más ilustrativos ocurrió minutos antes del sorteo del Mundial 2026: el presidente Donald Trump recibió el recién creado Premio FIFA de la Paz. Fue la primera vez que el organismo otorgó un reconocimiento de este tipo a una figura política sin vínculos deportivos directos.
La decisión fue aprobada por el Consejo de la FIFA bajo el liderazgo de Gianni Infantino y tuvo lugar en Washington, sede del sorteo, en diciembre de 2025.

Más allá de su simbolismo, el premio condensó en un acto público algo que venía construyéndose de manera institucional: una alineación progresiva entre la FIFA y el poder político estadounidense.
En 2024, el organismo abrió una oficina en la Torre Trump de Nueva York y trasladó su División Legal y de Cumplimiento a Miami, donde más de cien especialistas supervisan áreas clave como integridad, auditoría y derecho deportivo.
Aunque la sede formal del organismo sigue en Zúrich, la concentración de funciones estratégicas en suelo estadounidense resulta atípica para una institución que históricamente había operado con una estructura más dispersa a escala global.
El punto de inflexión: FIFAGate y la intervención judicial
El 27 de mayo de 2015, agentes del Departamento de Justicia de Estados Unidos (DOJ), en coordinación con la policía suiza, irrumpieron en el hotel Baur au Lac de Zúrich. Arrestaron a siete altos dirigentes del fútbol —entre ellos vicepresidentes de la FIFA— en el marco de una investigación por corrupción, lavado de dinero y crimen organizado.
De acuerdo con los documentos judiciales presentados ante la corte federal del Distrito Este de Nueva York, los sobornos involucrados superaban los 200 millones de dólares y se extendían por dos décadas, vinculados a la concesión de derechos de marketing y la elección de sedes mundialistas cómo la de Rusia 2018 y Qatar20202, sede que perdería Estados Unidos en las votaciones.
Entre los nombres señalados figuraban dirigentes de primer nivel en América Latina y el Caribe, así como dos figuras que habían marcado una era en el fútbol mundial: Sepp Blatter, entonces presidente de la FIFA, y Michel Platini, presidente de la UEFA, ambos suspendidos y procesados por la justicia suiza por un pago irregular de dos millones de francos suizos realizado en 2011.

Sin embargo, lo que distingue a FIFAGate de otros escándalos deportivos es su desenlace institucional.
La justicia estadounidense no acusó a la FIFA como organización, sino a los individuos que la componían, y estipuló al organismo como víctima de sus propios dirigentes. En 2021 y 2022, el DOJ reconoció a la FIFA, junto a la Concacaf y la Conmebol, bajo esa categoría legal.
Ese mecanismo tuvo consecuencias prácticas . Al tratarse a la FIFA como víctima, el DOJ obtuvo la cooperación del organismo en lugar de su confrontación, lo que en la práctica implicó que las operaciones financieras de la institución quedaran bajo escrutinio de Washington.
Analistas citados por investigaciones de The Times señalaron que ese arreglo convirtió al gobierno estadounidense en un supervisor de facto de las finanzas globales del fútbol. El escándalo provocó la caída de Blatter —quien había presidido la FIFA desde 1998— y facilitó el ascenso de Gianni Infantino en 2016 bajo promesas de transparencia.
A finales de 2024, el DOJ anuló las condenas contra Hernán López y Full Play Group. La medida coincidió temporalmente con el creciente acercamiento entre la FIFA e integrantes de la nueva administración Trump, aunque no existe prueba pública de que ambas decisiones estén causalmente vinculadas.
El mayor mercado del mundo
La intervención judicial no explica por sí sola la orientación de la FIFA hacia Estados Unidos, el organismo rector del futbol también percibe beneficios en dicha relación.
De acuerdo a datos del Banco Mundial, Estados Unidos es el myor mercado de consumo del mundo más sin embargo el fútbol todavía no es el deporte dominante en él.
El propio Infantino ha declarado públicamente sus intenciones de consolidar el fútbol como deporte dominante en el país norteamericano.
El fútbol es el deporte número uno en el mundo entero. Todavía no es el deporte número uno en Estados Unidos. Este tiene que ser nuestro objetivo de hacer crecer el fútbol, que sea verdaderamente uno de los top sports en Estados Unidos”, declaró en entrevista con Daniel Schvartzman para TUDN.
El primer gran éxito comercial en esa dirección para la FIFA en Estados Unidos fue el Mundial de 1994.
En ese entonces, el país no tenía una liga profesional de primera división. De acuerdo con los informes financieros de la FIFA, el torneo atrajo a 3,5 millones de espectadores, generó 235 millones de dólares en ingresos y dejó un superávit de casi 100 millones. Ese evento fue el catalizador de la Major League Soccer (MLS), que inició en 1996.

Tres décadas después, los rankings de Forbes valoran franquicias de la MLS como Los Angeles FC e Inter Miami por encima de los 1,200 millones de dólares. Reportes de 2023 señalan que 18 clubes de la liga figuran entre los 50 clubes de fútbol más valiosos del mundo.
La comercialización del Mundial 2026: el dinero corporativo estadounidense
El Mundial 2026 no solo marcará un hito por su formato expandido, sino también por una profunda transformación en su modelo de negocio. Diseñado con una lógica comercial fuertemente inspirada en la NFL, el torneo se perfila para romper todos los récords financieros.
Según documentos internos de la FIFA, se proyecta que las ventas de entradas y los paquetes de hospitalidad generen aproximadamente 3,000 millones de dólares. Esta cifra consolidará al torneo como el más lucrativo de la historia en ingresos por matchday , el sector de más rápido crecimiento para la federación.
El mecanismo detrás de esa cifra es el de los precios dinámicos, un sistema en el que los boletos salen a la venta con un precio base —desde 60 dólares— pero pueden encarecerse o abaratarse en función del interés del público, ajustándose por partido y en distintas fases del proceso de venta.
Para ponerlo en perspectiva, el boleto más económico para la final equivale aproximadamente al doble del salario anual promedio en países como Ghana o Haití.
Además, mientras que en el Mundial de Qatar los boletos para la fase de grupos partían de 11 dólares, para 2026 los precios dinámicos han llevado entradas de partidos como Colombia vs. Portugal a alcanzar los 2,900 dólares en su categoría más económica, lo que representa un incremento superior al 26,000 % de las entradas respecto al certamen anterior.

Asimismo, en patrocinios, la FIFA ha flexibilizado sus reglas de exclusividad para permitir que competidores directos —como Qatar Airways y American Airlines— sean patrocinadores simultáneos.
La medida, responde a la necesidad de maximizar el inventario comercial en un mercado estadounidense donde las corporaciones están dispuestas a pagar cifras récord.
Uno de los principales conglomerados es Bank of America que se convirtió en el primer patrocinador bancario global en la historia de la FIFA con un acuerdo estimado en 100 millones de dólares, según reportó The Wall Street Journal.
A esa lista de patrocinadores globales se sumaron Verizon (entre 75 y 100 millones), Frito-Lay y McDonald’s. En el nivel de promotores regionales figuran The Home Depot y DoorDash. La FIFA cerró el ciclo 2026 con la totalidad de los 16 espacios de patrocinio global vendidos, un hecho sin precedentes.
De acuerdo a la FIFA, el ciclo 2026 cerró con la totalidad de los 16 espacios de patrocinio global vendidos, un hecho sin precedentes.
Sin embargo, el predominio corporativo estadounidense no responde únicamente a la condición de sede. Las empresas de ese país ya aportaban aproximadamente un tercio de los ingresos por patrocinio de la FIFA en el ciclo de Catar 2022, cuando el torneo se disputó en Medio Oriente. Antes del FIFAGate esa participación rondaba entre el 15 y el 20 por ciento.
El fútbol global, sin embargo, no es un monopolio estadounidense. El fútbol global se ha convertido en un espacio de poder crecientemente multipolar, donde distintas potencias emplean el deporte como herramienta de influencia económica, política y diplomática.
Estados Unidos mantiene una posición dominante en áreas estratégicas como los derechos de transmisión, el marketing deportivo y los patrocinios corporativos, respaldado por el peso financiero de sus empresas y por la capacidad de sus mercados mediáticos para transformar los torneos en espectáculos de alcance verdaderamente global.
No obstante, otras potencias han comenzado a disputar espacios de influencia dentro del ecosistema futbolístico.
Arabia Saudita, a través del Fondo de Inversión Pública (PIF), ha desplegado una estrategia agresiva de expansión deportiva controlando clubes como el Newcastle United, financiando proyectos internacionales y convirtiendo su liga local en un destino atractivo. A esto se suma que Riad acogerá la Copa del Mundo de 2034, lo que consolidará aún más su protagonismo en el tablero global del deporte.
Qatar, por su parte, mantiene un papel igualmente central en esta red de influencia.
Qatar Airways figura como socio global de primer nivel de la FIFA, y el país cuenta con clubes de relevancia internacional como el Manchester City y el París Saint-Germain. Fue, además, sede del Mundial de 2022, torneo que terminó de posicionar al Golfo Pérsico como un actor decisivo en la política del fútbol internacional.
Para el profesor Simon Chadwick, especialista en economía geopolítica del deporte en Skema Business School (París) y coeditor de The Geopolitical Economy of Football, el fútbol global y la FIFA forman parte de una economía geopolítica en la que los Estados utilizan torneos, patrocinios e instituciones deportivas para proyectar poder, legitimidad e influencia internacional
Más que el dominio exclusivo de una sola potencia, el fútbol contemporáneo refleja una disputa abierta por el control de su narrativa, sus mercados y sus instituciones.
El Mundial 2026
El 11 de junio de 2026, el partido inaugural del Mundial se jugará en el Estadio Azteca de la Ciudad de México. Pero los cuartos de final, las semifinales y la final están programados en Estados Unidos.
La FIFA habrá trasladado su centro de operaciones legales a Miami, su centro de enlace estratégico a la Torre Trump, y su flujo de ingresos dependerá de corporaciones como Bank of America y Verizon. Infantino y Trump compartirán palco.
Ninguno de estos hechos, por sí solo, probaría la americanización de la FIFA. Pero en su conjunto trazan una tendencia: la FIFA ya no es solo un organismo que organiza torneos en suelo estadounidense. Es un organismo que ha sido reconfigurado por la lógica jurídica, comercial y política de ese país.
Ahora solo queda esperar el pitido inicial que dé comienzo al mundial que ya sea por lo político, social o deportivo, se perfila como un evento histórico.