Tan sólo veinticinco minutos pueden cambiar la vida de un joven en su recién ascenso a la juventud, que lleno de ilusiones busca un lugar en las fuerzas básicas de León, ahí donde se forjan las futuras estrellas de los Esmeraldas.
700 competidores después y nueve horas después de ver todo un mercado juvenil de piernas futboleras, la visoría ha terminado en su día 1, los futuros jugadores desalojan la casa club e inundan la carretera de pisadas de tachos, algunos esperan el raite, otros simplemente caminan hasta terrenos donde puedan tomar un camión que los lleve a casa.
A pie de carretera están dos amigos de infancia, Luis Enrique Pérez (delantero) y Arturo Villalobos (defensa), ambos originarios de Lagos de Moreno. Los laguenses hicieron su viaje desde un día antes, llegaron puntuales a la cita y tras cinco horas de espera, su turno les llegó, están satisfechos con su accionar en el campo, pero no saben para que les vaya a alcanzar.
Visiblemente están acalorados, chapeteados y descansando a la sombra de un árbol. “La verdad sí me sentí cansado, porque fue mucho esperar para poder jugar, pero fue una experiencia muy buena para seguir soñando con llegar a Primera División”, señala Villalobos.

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