No serán efectivas para resolver un antojo de media tarde como las frutas, pero el ajo y la cebolla lo compensan formando una pareja inseparable, tanto en platillos culinarios como en aliviar y prevenir algunas afecciones.

Cebolla: vale cada lágrima

Hace llorar a las personas al momento de partirla, pero los beneficios de la cebolla están tan bien comprobados que vale la pena soltar algunas lágrimas para así aprovechar sus virtudes.
Sus aplicaciones dietoterapéuticas han sido investigadas científicamente: deshace la mucosidad bronquial y facilita su expectoración. También es eficaz contra la bronquitis y el asma.
Ya sea blanca o morada, la cebolla previene la arterioesclerosis y otras afecciones coronarias, hepáticas y renales y reduce el riesgo de padecer tipos de cáncer, como el de colon, recto y estómago.
Su contenido de fibra vegetal contribuye a su acción hipolipemiante, es decir, disminuye la absorción del colesterol. También es antidiabética: sus niveles de glucoquina tienen la facultad de reducir la glucosa en la sangre.
Es rica en sustancias no nutritivas que tienen una gran actividad fisiológica, una de ellas es la quercetina, un flavonoide al cual se le atribuyen funciones antibióticas, diuréticas y antitumorales.
Sus sales minerales se convierten en carbonatos de reacción alcalina en la sangre, lo cual explica su efecto alcalinizante. Los alimentos alcalinizantes facilitan la eliminación de sustancias de desecho de naturaleza ácida.
También posee aceites esenciales como el disulfuro de alilo y el tiosulfinato, además de enzimas como oxidasas y diastasas que colaboran en la dinamización de varios procesos digestivos.
Y la razón por la cual provoca lágrimas es porque cuando se corta una cebolla se liberan alinasas que generan sulfóxido de tiopropanal, un gas que provoca irritación al entrar en contacto con los ojos.

Ajo: un viejo conocido

Las propiedades saludables del ajo fueron conocidas por los egipcios.
Existe evidencia de que ya lo consumían hace 5 mil años, aunque su uso terapéutico ha quedado relegado como condimento.
El bulbo, el órgano subterráneo de la planta, está envuelto por una película delgada, fina y transparente de color blanco o rojizo, formado por varias piezas llamadas dientes. Cada uno tiene alrededor de diez.
Su intenso aroma y sabor le otorga un gran valor culinario, siendo un condimento indispensable en la cocina de muchas regiones.
El olor característico se debe a la presencia de una sustancia llamada aliina, la cual por acción de diversos procesos de fermentación termina convirtiéndose en disulfuro de alilo el cual le otorga esa particular esencia.
Ya sea entero, picado o en polvo, funciona como un antibiótico natural frente a numerosos microorganismos que pueden contaminar los
alimentos y además contribuye a fluidificar la sangre.
Se le adjudican numerosas propiedades medicinales: reduce el colesterol, combate la hipertensión, estimula las defensas, es anticancerígeno y evita la formación de tumores malignos.
Sus aplicaciones en la medicina herbaria son reconocidas, y se deben a su contenido de vitaminas, sales minerales, almidón, azúcar, crimina y muchas otras sustancias útiles para la nutrición.
Las aplicaciones farmacéuticas son amplias y sus propiedades varían según esté cocido o crudo, pero a pesar de que se le atribuyen múltiples propiedades, la investigación sobre su potencial en la medicina continúa.

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