Después de cuatro años y medio de estudiar la carrera de medicina, para los estudiantes esto no se acaba.
Si quieren titularse deben hacer un servicio social profesional… el problema no es cumplirlo sino las condiciones en las que tienen que llevarlo a cabo.
Considerados aun estudiantes pese a ser graduados en la materia, los pasantes de medicina como se les conoce son asignados a hospitales o unidades médicas.
En el caso de la Secretaría de Salud del Estado de Guanajuato (SSG) las unidades médicas de los Centros de Salud tienen actualmente en servicio social a 485 pasantes.
La mayoría de ellos, en comunidades que están alejadas de las ciudades.
AM visitó a los pasantes en las comunidades donde son responsables de la unidad de salud, tienen a cargo a enfermeras, personal de limpieza, seguridad, el área de farmacia, realizan consultas y también pasan informes semanales o mensuales.
Todo el funcionamiento de los centros de salud está en sus manos.
Los médicos han manifestado su inconformidad con las condiciones de los centros, desde su intranquilidad por no contar con medios para comunicarse con sus familias por la falta de señal, hasta carencias en las unidades que los obligan a atender a poblaciones de 3 mil 500 pacientes a cada uno.
El servicio social es pagado mediante una beca de mil 500 pesos quincenales con la que los médicos costean su comida y transporte para volver a casa, pero que en realidad muchas veces la destinan más bien a llevar insumos a las unidades que están a su cargo.
Por encima de todo, ahora los pasantes tienen un “síntoma” en común: un temor creciente por la inseguridad en el estado, luego de la muerte de la pasante María Teresa Adona Ponce, quien prestaba su servicio social en la comunidad Cruz de Aguilar, en Romita, así como por los casos registrados en otras entidades, que han dado origen a diferentes expresiones de reclamo que no han encontrado respuesta hasta el momento.
En el refrigerador, tortillas con insulina
Campuzano, Guanajuato es una comunidad pequeña por el camino hacia Juventino Rosas, cuenta apenas con mil 200 habitantes, todos a cargo desde hace cinco meses de Miguel Ángel Candelas, pasante de medicina.
“Aquí estoy todo el día, por las tardes me pongo a estudiar o a hacer la papelería que tenemos pendiente”, platica Miguel.
Describe a Campuzano como una comunidad tranquila aunque ahora prefiere no salir y encerrarse porque también duerme ahí, ya que las tres corridas de camiones que hay no se ajustan a sus horarios.
“Campuzano es un pueblo tranquilo, antes por las tarde me salía a correr, opté por realizar ejercicio o no salir.
“A eso de las nueve cierran las tienditas, no hay taquerías, no hay carnicería, no hay casi alumbrado se queda solo a partir de las nueve o diez la comunidad”, cuenta Miguel.
Aunque a él no le ha sucedido nada, nunca ha visto un rondín policíaco cerca de la unidad de salud, que se encuentra alrededor de cerros y unas cuantas casas. Una malla que se cayó permitiría el ingreso de cualquiera.
Pero además el centro de salud ha llegado a estar en penumbras hasta tres días por falta de alumbrado, lo que implica que el medicamento que debe refrigerarse pueda dejar de servir.
“Soy director de la unidad, soy responsable inmediato de todo, insulinas, vacunas, si llegara a pasar que se rompa la cadena de frío nos tendríamos que hacer responsables.
“El refri donde tengo mi comida es donde tenemos que poner pruebas que son para los diabéticos que se llaman hemoglobinas, solamente hay refri de vacunas, se nos informó que solo podemos poner vacunas, todo lo demás que deba ser refrigerado se pone en el refrigerador del pasante, entonces entre mis tortillas están las insulinas”, muestra.
Además, si hay una emergencia no tienen como llamar a una ambulancia .
Miguel recuerda que en marzo a eso de las diez de la noche tocó la puerta una señora con una niña que aspiró una tapadera de plumón y se le fue a las vías respiratorias.
“Prácticamente la niña no respiraba, le dimos maniobras, le dimos medicamento, ante estas situaciones de urgencia se supone deberíamos de contar con un teléfono, la señora tuvo que buscar una camioneta porque el pulmón no se estuchaba”.
En Cruz de Aguilar siguen sin servicio
Teresa Adona, pasante de medicina de 25 años y a quien se encontró muerta luego de salir de Cruz de Aguilar, del municipio de Romita, era la encargada de la salud de esa comunidad que hoy no tiene todavía servicio de salud.
El lugar se encuentra luego del centro de Romita y no hay siquiera un letrero que indique dónde es.
Luego de un puente y por un camino que en vehículo se recorre en diez minutos, se llega a la calle principal de Cruz de Aguilar.
Pero el Centro de Salud está al final de la comunidad, “hasta arriba” indicaron los habitantes.
Y así es, la unidad está rodeada de unas pocas casas y atrás es solo campo.
AM preguntó al guardia si había servicio en la zona luego de la muerte de la pasante el 13 de junio, e informó que el centro tenía casi dos semanas cerrado y solo él se encontraba en el lugar.
La gente tampoco sabe quien llegará a suplir a quien hasta hace dos semanas los atendía.
“Ella me empezó a atender de mi embarazo, muy amable y pues que me cuidara me decía porque como tengo un trabajo donde cargo cosas pues me hacía daño, que feo esa noticia”, contó Lupita Gómez, que tendrá que atenderse en Romita porque no sabe cuando vuelva el servicio al centro.
AM consultó a la Secretaría de Salud, donde aseguraron que ya había un “médico base” que brindaría el servicio.
Una patrulla para todos y el centro sin vigilancia
Efraín Olguín Romero, un joven de 25 años que apenas terminó su internado en diciembre del año pasado, ahora es el único responsable del cuidado de la salud de poco más de 2 mil habitantes en la comunidad de Cupareo, en el municipio de Salvatierra.
Originario de Dolores Hidalgo y egresado de la Universidad Latina de México, en Celaya, como Médico General, realizó su internado en el Hospital Regional de León.
Dos meses después de haber concluido su internado, Efraín fue asignado como encargado del Centro Unión Multidisciplinaria de Atención Primaria para la salud (UMAPS) de Cupareo, que depende del Centro de Atención Integral de Servicios Esenciales en Salud (CAISES) del mismo municipio.
“Es un cambio bien diferente cuando sales del internado, porque ahí cuentas con todo y no te imaginas que llegando al servicio social te vas a encontrar con carencias en cuanto a estudios o limitaciones”, dice.
Este UMAPS tiene 36 años en servicio y es el único centro médico público destinado para atender a la comunidad.
Con el apoyo de dos enfermeras realiza 20 consultas médicas a diario, en un horario de 8 de la mañana a 4 de la tarde, sin embargo, como es el único médico en el lugar, también debe atender los casos de emergencia y es por ello que de lunes a sábado radica en la comunidad, en la casa de una de sus enfermeras que le da asilo.
Para el pasante el gran problema es la inseguridad que se vive en la zona y que, a pesar de ello, no cuenten ni siquiera con un guardia en la unidad médica.
“No tenemos vigilantes, ni en horas de trabajo, ni por las tardes, ni por las noches”, dijo.
Las consecuencias no se han hecho esperar.
“Se robaron computadoras, se robaron equipo de muchas cosas, a la pasante anterior le quisieron quitar las llantas de su camioneta, estando aquí afuera; la delincuencia aquí en Cupareo está demasiado elevada”, señaló.
Y es que es sólo una patrulla de policía la que debe resguardar a toda la comunidad, según el médico.
Otro de los problemas es que tiene que salir a capacitaciones, motivo por el que las consultas que debería de brindar en ese día se acumulan al siguiente, lo que es una carga de trabajo adicional para él y una molestia para los pacientes.