Entre miles de flores y un minuto de aplausos, cientos de personas despidieron a don Alejandro Arena Torres Landa, en el mismo sitio en donde vivió junto a sus padres.
El ataúd de Don Alejandro fue colocado al centro de la Casa de Piedra (antes Hacienda de Cerro Gordo). Al frente un gran Cristo y el altar en donde tres sacerdotes oficiaron la misa de cuerpo presente.
Quien dedicó su vida a su familia, las causas sociales, a la creación de empresas y al desarrollo de Guanajuato, fue despedido envuelto en el amor de sus hijos y nietos.
En ese mismo sitio, Alejandro Arena Torres Landa soñó junto a su padre, hace más de 60 años, el desarrollo de la zona conocida como Cerro Gordo.
Familiares, amigos, empresarios y políticos, se reunieron en la misa que al mismo tiempo fue un homenaje a don Alejandro Arena.
El sacerdote Ricardo Furber Cano, en la homilía, expresó su cariño a la familia Arena Barroso.
La misa fue concelebrada además por los sacerdotes Francisco Ponce Andrade y Diego García López de Soria, mientras tres de los nietos del empresario, Guillermo, María José e Ignacio, hacían guardia al pie del ataúd.
Los mismos jovencitos leyeron pasajes de la Biblia.
El padre Furber comentó que cuando iba camino a la misa pensó en las palabras que diría a la familia y decidió hablarles acerca de la muerte del padre y abuelo, Alejandro Arena siguió su fe y el plan que Dios tenía para él.
“Lo primero que se me ocurrió, en palabras de San José María (Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei), es que la muerte de un cristiano no es nunca una muerte repentina, ya que repentina es una cosa que no se espera y nosotros estamos constantemente buscando y esperando a Dios, la muerte repentina es como si el Señor nos sorprendiera por detrás y al volver nos encontráramos en sus brazos.
“Lo que hacemos con la fe es buscar a Dios y en la medida que buscamos a Dios en nuestra vida, cuando Dios nos ve preparados nos llama y por lo que sabemos la muerte no es un hasta aquí, es un lugar a donde vamos”, dijo Furber.
El sacerdote pidió a su familia seguir el ejemplo de amor entre Don Alejandro y Dios, y entender que aunque por ahora su adiós era doloroso, el empresario y benefactor ya había preparado su camino en otro plano de vida.
“Hay que pensar en el ejemplo que nos ha dejado Don Alejandro, cada uno tendrá recuerdos de la vida junto con él, busquen esos recuerdos buenos, también de sus miserias, también sus enojos, sus enseñanzas, su cariño.
“Te acuerdas de esas cosas y ves ese ejemplo, cómo Dios enseña a través del papá, abuelo, del amigo, del empresario lo que a cada uno le haya tocado vivir con él”, pidió también el sacerdote.
Luego de la ceremonia, los asistentes se fundieron en abrazos con los hijos y familiares del empresario.