En estos días en el que el orgullo de ser mexicano se acrecienta, el deporte nacional, la charrería se suma con los elementos que le dan identidad a nuestro país.
Esta actividad que combina el gusto por las suertes charras, el amor por la naturaleza y la casi complicidad que se establece entre el hombre y el caballo, continúa cobrando adeptos pese a que pudiera pensarse lo contrario dada la gran influencia de costumbres extranjeras a las que estamos expuestos.
Gustavo Jiménez Muñoz Ledo es un ejemplo de que cuando una pasión se lleva en la sangre, ésta no se deja, aun cuando lleguen otras aficiones.
El médico cirujano plástico, a quien también conocemos por el altruismo que lo hace encabezar una fundación que rehabilita físicamente a mujeres que han sufrido una mastectomía, y lo hace de manera gratuita a través de su fundación Rebicam, es además un apasionado de la charrería, lo cual le viene de herencia.
“Mi padre Gustavo Jiménez Simbroth nos involucró en el mundo de los caballos, y a su vez él adquirió este gusto como herencia de su propio su padre”.
Originario de Apaseo el Grande, Guanajuato, creció combinando la charrería con su vida diaria.
“Puedo decir que aprendí a montar antes que caminar. Lo que más me gusta es que la charrería es un deporte de identidad y tradición, además que el contacto con los animales es maravilloso, haces una conexión incluso es terapéutico”.
Gustavo dominó, desde pequeño, distintas ‘suertes charras’ las cuales son las diferentes habilidades del jinete que se muestran con el animal o riendas. Sus favoritas son la cala de caballo y el coleadero.
“La charrería nace como parte de los procesos y labores que se practicaban en la antigüedad en el campo, como el manejo y cuidado del ganado en el estado de Hidalgo, el problema es que cada vez tiene menos practicantes o seguidores, se está perdiendo y es importante que nosotros como mexicanos difundamos este bello deporte”.
La labor de las mujeres dentro del deporte nacional también es importante. Los grupos de escaramuzas y sus suertes charras, visten cualquier festival, pero no es un deporte barato.
Para practicar la charrería se requiere poseer caballos entrenados, un sitio donde mantenerlos en condiciones dignas y caballerangos que los cuiden y los paseen para que rindan.