“Siempre fue muy entregada a sus seres queridos, hermanos, siempre tuvo papel de liderazgo, la autoridad moral en la familia desde que murieron sus papás”, dijo con cariño Amador Rodríguez Ramírez ante el fallecimiento de su mamá María Elena Ramírez Valenzuela el martes pasado.
María Elena nació el 27 de diciembre de 1950, fue hija del leonés Francisco Ramírez Maldonado y Elena Valenzuela Gómez, originaria de Celaya.

Tuvo nueve hermanos: Francisco (+) Manuel, Enrique, Luis Alberto, José, Alfredo, María de Lourdes, Beatriz y Edith; ella era la mayor de las mujeres.
Cuando tenía 18 años, siendo reina del Club Rotario en Celaya, conoció a Amador Rodríguez Leyaristi, quien entonces tenía 24 años.
Después de unos años de noviazgo, tomaron la decisión de contraer matrimonio en noviembre de 1970 en el templo del Carmen en Celaya y posteriormente se vinieron a vivir a León.
A los siete años de casada tuvo a Amador, su primer y único hijo que nació el 24 de marzo de 1977.
Amador y su esposa María Andrade le dieron la oportunidad de convertirse en abuela de dos lindas nenas Inés y María.
“Como mamá, abuela y suegra, siempre fue muy cariñosa y motivadora. Se sentía orgullosa cuando yo tenía un logro”.
María Elena fue fundadora, presidenta, consejera y voluntaria de Casa Apoyo a la Mujer A.C., que abrió sus puertas en 1996 y se constituyó en 1998.
La asociación se dedica a atender y acompañar a mujeres y hombres que viven alguna situación de violencia familiar con base a los derechos humanos, la igualdad entre los géneros y el desarrollo humano.
“Su pasión era estar en la Casa de la Mujer, estar apoyando, le dio mucha fuerza. A las mujeres maltratadas les dio talleres y acompañamiento, las ayudó a salir adelante”.
Además de ser una mujer con espíritu de servicio, también era emprendedora por lo que el 3 de mayo de 1992 inauguró el negocio de lámparas decorativas “Conceptos Iluminación”, que se ubica en el bulevar Campestre.
Se apaga una luz en Casa de Apoyo a la Mujer
Carmen López Rocha, directora de la asociación lamenta profundamente la pérdida de quien fuera la fundadora y al mismo tiempo reconoce el buen trabajo que realizó durante todos estos años en la Casa y el interés que mostró siempre por brindarle a la mujer una mejor calidad de vida.

“Estamos con mucho dolor, tristeza, con sentimientos encontrados. Por un lado ya descansó es una mujer que trasciende y por otro, deja un legado de trabajo arduo en favor de las mujeres”.
En la asociación era considerada como una luz, una persona en la que se podía confiar y siempre dispuesta a apoyar.
“Le decíamos nuestra guerrera de luz, era una mujer congruente, era como un imán porque siempre iluminaba a todos”.
“Nos hacen falta más mujeres como ella, la vamos a extrañar, pero vamos a seguir con lo sembró porque no fue una vida en vano, sino llena de frutos”, agregó.