No es inusual que los políticos en sus discursos pronuncien palabras que en verdad no revelan su verdadero pensamiento en relación a algún aspecto relacionado con la actividad que desempeñan, sea porque se equivocan en la expresión o porque de manera intencionada quieren ocultar su verdadero sentir y pensar en relación a algún tema. En ocasiones, sobre todo cuando se improvisa y quien las pronuncia está influenciado por la situación que vive en el momento, puede encontrarse que una palabra o frase pueda ser interpretada de manera distinta a lo que quien la pronuncia quiere realmente expresar.

Así, cuando después de haber sido “destapado” como candidato del PRI para las elecciones del próximo año a la presidencia de la República, José Antonio Meade Kuribreña, recibió el apoyo total de los sectores del partido anteriormente mencionado, CTM, CNC Y CNOP y ante las manifestaciones de júbilo de los integrantes de estos que acudieron a saludarlo, dijo en el discurso que pronunció en la CTM algo así como que “Quería empezar el camino humildemente pidiéndole a esa organización que lo hiciera suyo, que lo tuviera cerca y que le dejaran representarlos”. Esa petición me parece que no es la mejor forma de comenzar para posteriormente pedir el voto de quienes como él no pertenecen al partido con lo postula. Ello porque hay que recordar que el PRI tuvo que invitar a alguien no perteneciente a sus filas porque ante el desprestigio que tiene ese partido conforme al criterio de muchos mexicanos, no encontró aparentemente entre sus integrantes a alguien que pudiera ser una figura que salvara las principales objeciones que se le hacen. Buscó, pues, afuera una persona que pudiera considerarse como honrado y sin ninguna imputación de corrupción en su vida de funcionario e incluso en el ámbito familiar. Pero también que tuviera buen nombre como funcionario capaz y con cierta independencia, cosa que es de presumirse porque ha ocupado varias secretarías en gobiernos panistas y del propio PRI. Ahora, bien, Meade pide a la CTM que lo haga uno de los suyos. Eso se puede interpretar como que pide que lo apoyen como si fuera uno de los integrantes de ese sector; pero también podría pensarse que está dispuesto a acoger lo bueno, pero también los vicios que se dice tiene esa organización como parte del PRI, es decir ser un integrante más. Esa petición es ambigua y no revela en realidad lo que pretende, esto es, qué extensión puede dársele. Aclararla es, a mi juicio, importante para quienes votarían por el candidato priísta sin ser partidarios del partido que lo postulará dado a sus antecedentes. Quizá de ello tuvo conciencia posteriormente cuando en un encuentro con los comités directivos estatales del partido que pretende postularlo, ya no pide que lo hagan uno más de ellos, sino que lo ayuden y caminen a su lado. Creo que la primera petición fue realizada sin pensar cómo podría interpretarse eso por quienes no comulgan con el PRI ni con la forma como realizó el destape la clásica “cargada”, muy al estilo al que nos ha tenido acostumbrados ese partido. En esta ocasión se esperaba algo distinto por la participación de alguien distinto, pero no fue así. El “dedazo” se impuso.

A nivel local señalaría que aquí sí las palabras del Presidente Municipal de Irapuato, Ricardo Ortiz Gutiérrez, dichas en una declaración a un reportero de este diario, publicada el 21 noviembre pasado, revelan que el tema de la inseguridad en el municipio no es algo que le quite el sueño no obstante la importancia que reviste. En esa declaración hizo referencia el funcionario a un hecho ocurrido días antes en el que, aparentemente, por un enfrentamiento entre grupos de delincuentes, dos personas murieron en una balacera suscitada en una conocida avenida de nuestra ciudad. El alcalde dijo que “tarde o temprano se verán los frutos de la coordinación entre la Federación, Estado y Municipio”, señaló también “espero que algún día podamos erradicar toda esta violencia que se viene generando”. La manera de expresarse no parece que sea la más adecuada porque da la impresión de que no se tiene un plan que con su ejecución se pudiera terminar, en un plazo breve o quizá mediano, con la violencia desatada en nuestra ciudad. Implica un cierto despego al problema, pues eso de que tarde o temprano la coordinación a que hace referencia dará sus frutos no implica un verdadero compromiso con la ciudadanía, como tampoco lo hace aquello de que espera que algún día se pueda erradicar la violencia que se viene generando. Qué bueno hubiera sido que sus palabras hubieran reflejado un mayor interés y trasmitieran la decisión de buscar a corto plazo, empleando los medios a su alcance, y los proporcionados por la coordinación a que se refiere, la erradicación de la violencia y no simplemente tener una esperanza sin fechas ni planes expuestos a la ciudadanía. Ojalá esas palabras no contengan el verdadero sentir de la autoridad.

 

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