Era previsible que en algunos cuadros de la Policía, como la Federal, se diera cierta resistencia para incorporarse, así nada más por orden superior, a la Guardia Nacional.
Los únicos que no lo entendieron y menos adivinaron fueron los altos mandos gubernamentales por lo que, al aflorar la crisis, buscaron a quién culpar.
Curiosamente encontraron a Felipe Calderón, ex Presidente, como figura toral o sea la “mano negra” a la cual el Presidente López Obrador se refirió en una “mañanera”.
Aparte de lanzar dardos desde el poder fue manejada una truculencia que puede calificarse de entelequía, o sea que debiera estar en desuso.
En uno de los eventos masivos de protesta, en instalaciones y con involucrados de la Policía Federal, un sujeto tomó el micrófono intempestivamente, con cámaras enfocándolo, por supuesto y lanzó la propuesta de que Felipe Calderón los encabezara “sindicalmente”. El personero, hombre de uso desde luego, al instante desapareció. ¿Quién fue, cómo se llama, su identificación en la PF? Nadie lo supo de momento.
Es el arcaico maniobreo de la política, que en la llamada Cuarta Transformación, no ha sido superado.
Si se hubiera comenzado por entender lo que ocurría o sea ver el fenómeno protestatario en el fondo y no rehuir la realidad, como al final parece que se actuará, el fenómeno habría tenido otro enfoque.
Y lo curioso del suceso, que ha de contar en el anecdotario político de México es: ¿por qué Felipe Calderón es llevado al gran escenario, cuando es figura irrelevante ahora, que en verdad poco o nada cuenta referido al poder?
Gente de la 4T pretende inflarlo para ir contra él en una lucha grotesca y totalmente estéril.
Pregunto: ¿Se trata de vengarse del calderonismo porque le arrebató, haiga sido como haiga sido, la Presidencia a Andrés Manuel en antepasado ciclo electoral?
Perder el tiempo en ese reciclamiento de venganzas es absurdo, por el desgaste que significa para el País, en todos los sentidos y peor cuando en un análisis de fondo, desapasionado pero objetivo, los que examinan el ayer para AMLO debieran entender, sin tapujos, que si Calderón le puso una piedra en el camino al tabasqueño, eso le sirvió como catapulta para llegar a donde y como llegó. ¿O no?
A Calderón le ocurrió (como a Fox, lo que ya trataremos) que en el poder sólo se disminuyó. Su régimen tuvo más sombras que luces; primero con los personajes que se alió y el tratamiento absurdo hacia su partido (PAN), que manipuló con suma torpeza.
Sus seis años fueron tan nebulosos que hubo de entregar la estafeta casi humillado.
Luego se fue a dar clases al extranjero, en una universidad de prestigio, que lo aguantó -fue obvio- por el contrato, pero que ya no se lo renovaron.
Cuando pretendió seguir influyendo en el panismo, lo llevaron a la renuncia.
Con Margarita Zavala, candidata independiente a la Presidencia, apareció Felipillo como lastre.
Ahora con su empeño de formar el partido México Libre, no reúne más que los amigos que le quedan.
Felipe Calderón Hinojosa es, está claro, un personaje que va a pasos agigantados, al pasado político.
Por eso a cualquier analista de mediano pelo le llama la atención que desde el círculo cercano a López Obrador se empeñen en colocar al referido ex presidente para, al golpearlo, sacar partida de ello en la opinión pública.
Cuando se presenten los problemas con los habitantes nativos del sureste, los teóricos al servicio del actual poder buscarán no acuerdos, ni soluciones, sino a quién lanzarle la culpa de que la gente alce la voz y proteste.
Puede que el problema de Chiapas que el iluso Fox iba a resolver en “15 minutos”, pretendan complicarlo al culpar de las protestas, previsibles, hasta sin querer, a los indígenas que no quieren ver su tierra convertida en erial.
Este episodio, de la Policía Federal, evidenció que en los cuadros altos del oficialismo hacen falta estrategas sin prejuicios, modernos, con una visión realista de situación cambiante que se pretende imponer, por razones de la ley o sin ellas, pero que reclama sensatez para ser aplicada.
En tratándose de la Policía Federal primero se tomó el rábano por las hojas para luego al final darse cuenta que la “mano negra” que AMLO veía era un invento de la incapacidad para cuadrar el problema y comenzar por enfrentarlo y pretender resolverlo.
Esto nos demostró, una vez más, que cuando el suelo está parejo, es absurdo dar tantos brincos.