En días pasados emergieron los resultados de una investigación encargada por el Banco Interamericano de Desarrollo a la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins Bloomberg, en colaboración con siete instituciones de América Latina y el Caribe, para desarrollar un modelo económico a fin de estimar los gastos de salud en la región durante las próximas tres décadas. Participé en la presentación y de los hallazgos quiero comentarles en esta colaboración.
Los países de América Latina y el Caribe (ALC) enfrentarán aumentos significativos en los gastos de salud en el futuro. Son varios los factores responsables: el crecimiento y el envejecimiento de la población, la transición epidemiológica a las enfermedades no transmisibles (ENT) y el crecimiento económico y la tecnología, entre otros. El aumento de los gastos actuales en salud (GAS) es particularmente preocupante para los países de ALC dados los crecientes niveles de deuda, ingresos fiscales insuficientes y altos pagos de bolsillo.
El proyecto de investigación titulado “Gastos futuros en salud y patrones de tratamiento en América Latina y el Caribe”, tuvo como objetivos pronosticar los gastos actuales en salud hasta 2050 y comprender los efectos de modificar los factores de riesgo de ENT y controlar los costos de atención médica en el crecimiento de los GAS.
Se obtuvo una matriz de gasto corriente 2018 o 2019 en siete países índice (Argentina, Brasil, Colombia, Costa Rica, México, Perú y Trinidad y Tobago), desagregada por grupo de edad y capítulo de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-10).
Se reveló que en casi todos los países de América Latina y algunos del Caribe, hay al menos una duplicación del GAS per cápita entre 2019 y 2050. Se observan grandes aumentos en la República Dominicana (447 %), Panamá (373 %), Perú (344 %), y Trinidad y Tobago (257%). En general las proyecciones también indican que los gastos per cápita en salud seguirán creciendo más rápido que el PIB per cápita en la mayoría de los países de ALC.
Las ENT, incluidos los cánceres, las enfermedades del sistema genitourinario y del sistema circulatorio tienen un crecimiento preponderante del GAS. Por edad, el crecimiento del GAS será igual o menor al 2% hasta los 25 años de edad y luego aumenta más del 6% para los grupos de mayor edad.
Dado que los grupos de mayor edad impulsarán el GAS, se modeló también el impacto que podría causar en el GAS la reducción de los factores de riesgo (FR) de enfermedades no transmisibles como el tabaquismo, la hipertensión, la glucosa alta en la sangre y el uso de alcohol; así como establecer políticas de reducción de costos debido a la restricción del efecto del crecimiento económico y la tecnología en los gastos de salud mientras se alcanza la soñada cobertura universal.
En México, el GAS se incrementará 130% entre 2018 y 2050. Los factores que individualmente contribuyen a este incremento son los efectos del crecimiento de la población, el envejecimiento y la prevalencia de enfermedades específicas de la edad (70%).
La suma de la contribución del crecimiento económico a los gastos de salud; aumentos en los precios médicos, los efectos de la introducción de nuevas tecnologías, la intensidad del uso del servicio médico y cambios en el servicio de coberturas de salud contribuirán con el 30%.
Controlar los FR disminuye el GAS y los años de vida saludables perdidos (AVAD) por enfermedades como las cardiovasculares, el cáncer, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, la diabetes mellitus y la enfermedad renal crónica. En México si se disminuyen los factores de riesgo en 5%, 10% o 25% habrá una reducción de AVAD respectivamente: Tabaquismo 0.57%, 1.15% y 2.87%;hipertensión arterial 1.30%, 2.59% y 6.49%; glucosa alta en sangre 1.96%, 3.91% y 9.79%; alcoholismo 0.06%, 0.11% y 0.28%.
Por último, el gasto público en salud se reconoce como un ingrediente necesario para avanzar hacia la cobertura universal de salud, debiendo ser como mínimo el 5% del PIB, y gastarlo con eficiencia. México está en 2.6%, lejano del necesario, provocando con ello que la población vulnerada por la falta de medicamentos y acceso efectivo a la salud, gaste sus pocos recursos en atención médica como se evidenció en la ENIGH, donde primero los pobres fueron los más lesionados.
Concluyo como tareas imperativas incidir para duplicar el gasto público en salud y aplicar políticas públicas para disminuir los factores de riesgo, incluidas las alternativas de bajo riesgo para que los adultos dejen de fumar (vapeadores y cigarros electrónicos).