Alrededor de 1996 el Dr. Forsman, de la Clínica Mayo en Estados Unidos, hizo una aseveración harto impactante: 

“Es poco sabido y menos reconocido que a pesar de que el laboratorio clínico representa un porcentaje pequeño de los costos operativos de un centro hospitalario, aporta más del 70% de la información que es necesaria para tomar decisiones clínicas, diagnósticas o terapéuticas en los pacientes”.

De igual manera, en otros reportes se aprecia que los servicios diagnósticos por laboratorio representan alrededor del 5% de los costos asociados a la atención de la salud, sin embargo tienen efecto directo en el 95% de los remanentes, al contribuir de manera significativa en la toma de decisiones críticas con efecto directo en los pacientes y su entorno.

Al ser conscientes de esta información, es entonces imperativo apostar a que todos los servicios de laboratorio clínico o relacionados operen bajo estándares de calidad, y para ello existe un par de herramientas interrelacionadas: el control y el aseguramiento de la calidad.

Si bien parecen términos intercambiables, difieren de manera sustantiva aunque son igual de importantes. 

El control de calidad se refiere entonces a los procesos de verificación de la calidad propia del trabajo realizado, revisando errores y corrigiéndolos cuando es necesario, sin embargo no apela a anticipar o prevenir problemas, sino que al ocurrir toma medidas de solución. 

Por lo anterior, es que se requiere de una herramienta que nos permita anticipar errores y evitar su emergencia y para ello se necesita la implementación de sistemas que apelen a reducir la probabilidad de ocurrencia de incidentes durante las jornadas habituales de trabajo, para que los procesos de control de calidad sean mínimos, es decir, que haya pocos errores y de bajo impacto.

En un centro diagnóstico asegurar y controlar la calidad es básico, y a través de procesos de análisis estadísticos, administrativos, gerenciales y operativos, implementación y uso de tecnología y aplicación de conocimientos científicos y habilidades técnicas, se intenta tener certeza para cada uno de los productos que se emiten a los usuarios, es decir, los resultados de laboratorio. 

Para poder estar “seguros” de que un resultado expresa lo más cercano a lo “real” (que es la condición dada de un paciente) se deben utilizar multitud de herramientas de verificación de esta probabilidad de acierto.

Justo lo anterior, acertar y ser preciso de manera continua, al referirnos a los resultados de estudios de laboratorio, es lo que mantiene la confianza de médicos y pacientes y optimiza el resto de procesos asistenciales. De igual manera, controlar la calidad diagnóstica hace más segura la atención a la salud y repercute también en la propia seguridad profesional de los trabajadores de este rubro de las ciencias médicas.

Sin embargo, es notorio en el ambiente público y privado que los centros de diagnóstico por laboratorio son menospreciados y tomados en poca consideración. Frecuentemente siendo llamados como “auxiliares” o “servicios de apoyo diagnóstico”, por lo que la inversión en tecnología, recursos humanos, capacitación y herramientas de aseguramiento y control de calidad no suelen ser la norma en multitud de centros hospitalarios.

En este espacio, bajo el amparo también de la profesión que desempeño (Patología Clínica y Medicina de Laboratorio), aprovecho para hacer la invitación a quienes son tomadores de decisiones, diseñadores e implementadores de políticas públicas y directivos hospitalarios, a no dejar desprotegidos a estos valiosos centros de generación de información clínica y apostar a invertir en ellos y también a asegurarse de que trabajen con calidad, siendo abiertos a escuchar la opinión de los expertos en el rubro y a ser conscientes de la idiosincrasia peculiar operativa que tienen los laboratorios clínicos o servicios de diagnóstico. Es tiempo.

(Médico Patólogo Clínico. Especialista en Medicina de Laboratorio y Medicina Transfusional, profesor universitario y promotor de la donación voluntaria de sangre)      

 

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