La renuncia de la alcaldesa de León al PAN, Alejandra Gutiérrez, tiene muchos ángulos. Los expertos coinciden con ella en que el PAN va a la baja y que la aspirante tendría una buena oportunidad en las próximas elecciones. Tal vez sea que no conozcan de cerca a León, la intimidad de una población donde surgió la alternancia en el poder con el empuje de Vicente Fox y de la estructura de Acción Nacional.
Permítanme platicar una historia en carne propia. En 2018, cuando fue la elección presidencial, participamos en la casilla de la avenida Eugenio Garza Sada, cerca del Tec de Monterrey. La cuenta de votos para presidente fue de 470 para Ricardo Anaya, 33 para José Antonio Meade y 18 para Andrés Manuel López Obrador. Nunca revisé si había sido la casilla de mayor ventaja en el país a favor de Ricardo Anaya y en contra de Andrés Manuel López Obrador. Pudo ser.
Números aparte, en 2018 tuvimos un ejercicio democrático como el que no veremos en años. El INE era una institución no sólo independiente, sino también ejemplar. Quienes colaboramos voluntariamente con la autoridad electoral nos sentimos orgullosos de la jornada de casi 18 horas.
Si alguna parte del país es panista, es León; lo que no sabemos, por cierto, es si la fuerza de atracción hacia el blanquiazul es mayor que la repulsión hacia Morena o la izquierda. En la cultura de la comuna pesa mucho la historia del sinarquismo, de un conservadurismo convertido en una derecha política franca. Cuando el PRI ganó con Bárbara Botello, las fuerzas estaban equilibradas entre la atracción de la nueva opción, tras 23 años de gobiernos panistas, y un candidato que no prendió en el PAN. El concepto del “cambio tranquilo” fue un éxito para el PRI, que volvería a perder en 2015 tras tres años de profunda corrupción. Desde entonces no sabemos si el PRI existe en León y en Guanajuato. Botello emigró a Morena.
La pura intuición política nos dice que no basta con que el PAN esté deteriorado para que otro partido gane en León. Cuenta el candidato y la estrategia de campaña. Pero lo que aún cuenta más es la fuerza que existe contra la izquierda y, muy probablemente, contra Movimiento Ciudadano, donde buscó refugio Alejandra. Hace tiempo que no vemos encuestas serias o independientes que tomen el pulso de la opinión pública sobre el tema; habrá que realizarlas.
Estamos a 13 meses de la elección de alcaldes y diputados. La temperatura sube y, de aquí en adelante, habrá un combate político real dentro del Ayuntamiento. El futuro de Alejandra dependerá de qué tanto logre acuerdos con sus excompañeros de partido o de qué tanto sea el daño del divorcio político.
En el PAN, aunque haya fintas, el candidato será Alan Márquez, hoy diputado federal. Su partido no ha propuesto elecciones primarias, como debiera ser, así que la designación será por aclamación, como ha sido costumbre desde hace algunos años. Su reto será convencer a los votantes de que cuenta con capacidad y con proyecto. Lo malo es que su paso por la política no es muy conocido en León; además, necesita desmarcarse de la herencia de descuido y corrupción del sexenio pasado, la de su exjefe, Diego Sinhue Rodríguez. La fiebre política comienza en Guanajuato.