Sin bases sólidas para hablar sobre las preferencias de los lectores patrios hacia los diversos géneros literarios, aparecidos en las librerías, vaya mi atrevimiento hasta los linderos de la suposición para decir que el cuento goza de una muy numerosa apreciación. Su dimensión, su concentración temática y el juego sutil que llega a establecer con la novela, el ensayo e incluso la poesía, hace permanecer la penetrante duda de si a lo leído se le puede calificar efectivamente como sólo un cuento entre las vacilaciones de su encanto. Alguna vez, sobre líneas pasadas, me he confesado como hombre de dos mundos: sí, tuve un buen tiempo de la infancia y primera juventud siendo parte integral de ambientes pegados a una cultura agrícola, para después llegar a ser preponderantemente urbano. Estos últimos renglones me dan idea de que en lecturas de cuentos como: “La muerte tiene permiso” de Edmundo Valadés, “¡Diles que no me maten!” de Juan Rulfo y “La caja vacía” de Emilio Carballido, bien podrían ser primero captación de vivencias y luego, armados ya los autores de la técnica intelectual, transmisiones a lo escrito. Así los relatos, por lo general, llegarían a tener un sentido inverso a la comedia de Disney aparecida en el año de 2008 con el título de: “Cuentos que no son cuentos”, en donde existen cuentos que llegan más tarde a hacerse realidades… contrario, claro, al detalle de que los sucesos antecedan a la escritura de los cuentos.  

La literatura publicada, de alguna manera, tiene dos prioridades a cubrir: una, el poder llegar hasta el que lee y, otra, el despertar su interés. En nuestro heterogéneo país se dice que el analfabetismo ronda cerca de los cinco millones de personas y que, aproximadamente, un 20% de la población nacional vive en el ambiente de lo rural. Es de suponer que en ese basto sector no necesariamente se escribe, pero, lo sabemos bien, la prevalencia diaria e impactante de sus azares, sí llega a morar en la atmósfera perdurable de los recuerdos. 

Considerando pues que un cuento, sin más calificativos, puede llegar a ser una narración breve y digna de leerse o escucharse, vale la pena meditar que la importancia entre el tiempo de ocurrencia del evento y la de su relato deberán tener cuidado sobre la latencia de ambas memorias, para alcanzar de forma plena el éxito literario de la obra.  

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